El tránsito sagrado hacia la casa

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Desde la grieta ecuestre de montes y caminos
la bondad de los grillos con sus piernas pisadas
el río en reposo y su espalda de fuego
sobre un jardín de peces las manos en penumbra.

El ojo solitario madura en el invierno,
la piel esconde en manchas el leño desolado
perfil que se sumerge en la cintura del día
ciñéndose al perfume de una música calma.

Ese peso liviano del viento dolido
que vuela mientras la noche tuesta su manta
y carga el temblor que cruje
y destrenza la espuma curvada.

Como un rumor de siglos amurallados de sombras
la fiebre irreversible que cuece y pulveriza;
así dichoso en el disperso viaje
en el tránsito sagrado hacia la casa

con su funda palpitante de lumbre
no me ha de abandonar su metálico rayo.

© Natalia Lara

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Tres poemas de Juan Calero Rodríguez

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Ejército de apátridas en aguas ignoradas

 

Cuando me inviten a brindar por la vida, todo quedará intacto.
Hay cosas donde la razón se acobarda
y extravía azares por cada lienzo de historia.
No me refiero al sitio donde yacen los amores
ni siquiera donde refugiarnos del olvido.
Sobre nosotros pasó toda su espesura
la evolución del entonces, la de la especie
perdiendo el orificio habitado
que recuerde el tamaño de los posibles.

Y no supimos trazar más urdimbre.
Duele tanto cruzar dedos y seguir otras suertes.
A veces el dolor no encaja en ciertas escenas
y busca otra sombra donde permanece despierto.
Desconfío de sus silencios y sus manos agrietadas
igual que de un enemigo. Los enemigos corren
bajan la cabeza que quizás no tuvieron.
Y el que persevera, ya lo sabemos
tiende sus trampas.

Donde ganamos la juerga
se apaga el embravecido silencio
de quién rema en las mismas aguas quietas.
Y releemos por capítulos los salmos abandonados
como viejos cuentos carentes de ideales.
Cerveza oscura que destierra nuestras velas:
mi sombrero aún esconde la energía viril,
el minuto de la calle a los antiguos dioses.
Los pliegues que parten la triste mirada
un tanto descolorida para ser verdad
por la sombra indiferente de la niebla.

Y vaciamos el pasado que no existe
clamando emboscadas por arenales.
Quedar luego junto al olvido
evitando el regreso,
donde no queda nada por hacer
y todo lo efímero termina
cuando brilla la esperanza.

 
(De ‘Testigo de otro reino’)

 

 

*

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Al reclamo del poeta

A André Cruchaga

Qué pilares arrimarán esas vigas desnudas para que cada despedida pierda sus pasos.
Rotas las uñas por escarbar en el hambre ni escucho el bullicio de los imposibles.
Apenas serán suficientes las esquinas del agua donde recaba el llanto noble del tiempo.
Expiremos surcos que evidencian este peregrinar.
Si pecamos en nombre de malditos poetas, acerquémonos a la fécula de los signos.
Que nadie reclame más pautas de sí mismo incapaz de reconocerse entre palabras.
Uno no sabe, tan solo cohabita la lluvia donde naufraga incrustando la espera.
Uno cree que el misterio se escuda por apéndices o la ponzoña del hielo.
En realidad apenas alumbra algún rescoldo entre estantes sin noches.
Nada más cierto que la zozobra de las palabras evadiendo esta suerte de entuerto.
No sólo hay puertas por desandar
también algún tatuaje que se precie al deseoso albedrío de acantilados
y de tarde en tarde zambulle sus cantos agoreros por donde extraviamos la memoria.

 

(De ‘Testigo de otro reino’)

 

 

*

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Entre el antes y el después

Fui el antes
la premura, la prisa por ir
apenas la mirada sin ser vista.
James Dean de esta historia.
El temor sin dudas
o la duda de la razón.

Fuiste
el apócope de la brizna
la pena del rocío.
Viejas calles que transito.
La azarosa chispa que sabes
o aquel soplo al amanecer.

Fuimos
un hilo del quizás
el lado de la nada.
Diezmos del noble esfuerzo.
La palabra perdón
o el punto del después.

(De ‘Pasajero sin oficio’)

 

 

 

 

14446156_10210532240004844_6684039531158609734_nNacido en Guanaja (Cuba). Vive desde hace muchos años en Canarias. Ha publicado poemarios en España y Estados Unidos: ‘Palabras del balsero’, ‘Pasajero sin oficio’, ‘Debajo de los portales del Niágara’, ‘Los puentes que dejamos al pasar’, ‘Testigo de otro reino’ y la antología ‘Poetas cubanos en Canarias’.  Aparece incluido en más de una veintena de antologías de papel en España, Estados Unidos, Argentina y Chile; así como en antologías digitales. Escribe en periódicos y revistas.(Fotografía y poemas se encuentran bajo Copyright © Juan Calero Rodríguez)

 

 

 

 

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Foto: Raúl Cañibano Ercilla

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De “Verbos Predadores”, por Jacqueline Goldberg

*

 

 

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—YO, QUE MALDIGO Y RECAIGO, que tuerzo el curso de

       una hormiga para verla enloquecer, doy fe de

       que hay palabras anegadas en niebla; banderas

       como magnolias boqueando en los márgenes

       de la común desdicha

— ¿Tu despropósito?

 

 

*

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—HACE MUCHO ESTOY DISPENSADO DE CUALQUIER

      ARREBATO

—Tu alma es hosca

—Soy más dócil y paciente que en la niñez; más

      codicioso de lo que seré cuando viejo. Sobre

      mi cabeza hay un rebaño de antorchas, pero ya

      no me atormentan

—No por eso huyas al tufo pardo de la muchedum-

      bre, no desestimes su rumoreo

 

 

*

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—LA FIESTA, SU ALGAZARA, TAN LEJOS DE MÍ

—Has sido invitado, como todos

—Prefiero este lado de la inexactitud

—Hay que dormir, a secas, aquí o allá, donde la tos

     se detenga, donde la vida quepa toda

*

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—CONSTATO EL DETERIORO. No hay lugar que retribu-

       ya la lágrima. Aquí quiere decir aquí. No

       umbral ni retorcida salida

—Por eso los nombres mal puestos, los alegatos con-

       tra la templanza, el párpado llovido. Por eso mi

       garganta curtida de hijos

 

 

*

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—REGRESAMOS CURTIDOS, DESMEMORIADOS. Nos trajo

         el deber, la holgura del desastre

—Quedarnos era fingir

—Volvimos indomables. Y dígase del mar y no de los

          arrecifes, no del islote, no de la piedad

—Volvimos de un caldo misericordioso que se traga

          a los héroes

—En todo paraíso hay siempre un impostor

 

 

 

 

 

 

jgfgoldberg(Maracaibo, 1966). Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela y, licenciada en Letras por la Universidad del Zulia. Su trabajo poético aparece incluido y reseñado en antologías publicadas en Rumania, España, Puerto Rico, Estados Unidos, Perú, Cuba, México y Venezuela.

 

 


Jacqueline Goldberg, Verbos Predadores, Editorial Equinoccio. Venezuela, 2007.

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Foto: Jindřich Štreit

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Un poema de Laura Ruiz Montes

 

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*

Idiomas

 

Durante años diciendo lo mismo ante la mesa áspera;

—quién pudiera comerse un filete…

En los comedores de las escuelas, en la casa

en la puerta de la calle y hasta en la cama.

En voz baja o casi a gritos:

—quién  pudiera comerse un filete…

 

Hoy que todavía serpentea la penuria

y en las tardes

—como gran lujo—

antes de sentarte a la mesa, estudia francés,

descubre, consternada,

todo el significado del filet.

 

filet de vinaigre:

goteando en el estómago ante la duda

y las ausencias cotidianas.

filet d’eau:

hilito, caminito de agua, salidero que no cesa

en la llave rota.

filet de lumière:

hebra de luz,

escasos minutos en que se iluminaba todo

tras el largo apagón

y podían verse los rostros

hermosamente pálidos.

filet de voix:

palabras en aullido bajo

en la asfixia del amor de noche

en casas de habitaciones compartidas.

En todo lo que no puede ser repetido a gritos.

 

Hoy que aún serpentea la penuria

y en las tardes

—como gran lujo—

antes de sentarse a la mesa, estudia francés,

descubre, consternada,

la magnitud de todos los excesos

que desde entonces flotaban en el aire.

 

 

 

55_laura_ruiz_montes Laura Ruiz Montes (Matanzas, 1966). Poeta y editora cubana.  Entre sus libros se encuentran: Queda escrito (Poesía. Ediciones Matanzas, 1988); La sombra de los otros (Poesía. Editorial Letras Cubanas colección Pinos Nuevos, 1994); Lo que fue la ciudad de mis sueños (Poesía. Bartleby Editores, Madrid, España, 2000); El camino sobre las aguas (Poesía. Ediciones Unión, 2004); A Ciegas (Teatro. Ediciones Matanzas, 2005); Hoy es domingo y mañana también (Novela para niños. Editorial Cauce, 2007); A qué país volver (Poesía. Editorial Letras Cubanas, 2007); Los frutos ácidos (Poesía. Ediciones Matanzas, 2008)

 

 


Laura Ruiz Montes, Otro retorno al país natal, Ediciones Matanzas. Premio de la Crítica, 2011.

 

 

 

 

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Foto: Annie Leibovitz

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El nopoema, especialmente hoy 29XI16

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*

Repto en el grito cenizo del silencio
me estrangula la ardida sombra
el complexo mayor del cuello lo arqueo
me inclino lateralmente y bebo siluetas.

Rescatada del tedio maloliente,
él besa mi hocico como lo hacía mi madre
se expande el tejido muscular dentro del ojo,
roto y elevo la cabeza apuntalando hacia la luz.

Execro la habitación obscuramente cotidiana
permanecemos atados a una palabra que llega de lejos
nos diluimos y remozamos el verbo hundido
—casi negro.

Deshojamos todas las voces que invisibles trascendían
para asir el mensaje que amenaza, el Nopoema
la inspiración que se funde en el camuflaje del viento
como un espectro equilibrista en los gemidos desérticos.

Y se oye la gota que redimida en una voz se alza,

P o e s í a.

© Natalia Lara

Venezuela

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Foto: Sally Maan

 

 

Dos poemas de Elías José Yánez Marín

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Quimera

 

Todos abominan a mi meona

muy bulliciosa es la reina

de este nuevo mundo

sincera, insondable y alargada.

 

¡Luzbel no te me acerques!

 

El clarear asesina las tinieblas

las tinieblas asesinan el clarear

es el juego más añejo.

Yo corro por una galería de mujeres

magníficas,

corro y no acampo pues voy fugitivo

de un aposento infeliz.

 

¡Luzbel no te me acerques!

 

A veces encuentro dulzuras

¡Me son muy pocas!

A veces soy despojado

¡Casi siempre!

Ustedes no me ven llorar

sólo la que es sincera, insondable

y alargada ¡sólo ella! Me ha visto

gimotear.

 

¡Luzbel no te me acerques!

Brazos que nos sujetan

miradas que nos engañan.

Pies bajo el atolladero.

Dolores que envejecen.

 

Yo vivo zambullido en sueños

espabilándome desdibujado

y execrable.

 

Yo amo zambullido en sueños

a mujeres magníficas.

 

¡Luzbel no te me acerques!

*

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Hermosa raza

 

Padre que impones tu voluntad

a tu hijo, que le niegas el agua

estando él sediento

que no le permites musitar

y lo amedrentas con tus gustos.

Que le degüellas el camino

hacia lo bello.

Que lo azotas y humillas ante

su hermano menor

y él no queriéndote obedecer

lo clasificas de garrapata.

Que lo detienes en su ascender

 y le hablas con muecas de pánico.

Padre dictador y profano

de la musa vigorosa

¡Húndete en la bardoma!

y que Satán rompa tus huesos

y en el infierno los venda.

 

Madre, esclava, que accedes

a que tu hijo sea maniobrado

que lo suturas de obsequios

aniñados,

y él no queriéndolos recibir

le haces creer que tú sufres.

 

Madre invidente de la belleza

¡Húndete en la bardoma!

y que Satán te lleve a su edén de rameras.

 

Hermosa raza de hijos atormentados

despojados del cariño elemental

que ambicionan la caída

de sus padres

y hermanos menores

¡Cumplan con su hado y el error

de nuestros primeros abuelos!

 

¡Que yo los amo!

 

 

 

 

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Foto: Ren Hang 

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Un poema de Margarita Laso

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páramo

I

negro entre lo negro
eres tú toro

de lejos
perfil entre el barranco y la vida
línea tiznada ante los grises
astas para el sometimiento y la alabanza

hay aguas que se trenzan y zurean en la altura
y la lágrima roja de un pájaro brujo
como el corazón de este anhelo
suspendido en las hebras de la paja
trino sigiloso
un aleteo
apenas
unas fibras que tiritan

el lago de neblina riscos y rocas oscuras
acuarela inhóspita el suelo de vapor
¿quién te avizora?
¿quién puede seguir tu huella?
aquí
con ojos como cinchas agarrados del monte
aquí
sabré si me aguardabas
si espadas en el arco nocturno tus ojos
todavía me distinguen

toro quemado
¿quién fuera el lucero de mercurio que te reconoce
en las tinieblas?

si te sigo sin remedio me verás
¿esperarás a que salga del agua?
¿esperarás para embestir?

II

negro como una botella de sangre
perdido en las húmedas quebradas
en el páramo permanece la mansa margarita
con las patas ahumadas te verá cruzar

¿me hallará la que madruga venada arisca?
ahí amaneceré
¿será nuestro para siempre el monte?
ahí sucederá
¿qué hará la aurora poniendo hielos en los pies
que solitarios te rastrean?
la cordillera cortaré para encararte

III

barroso
aquí se combate la helada con trago del ardiente
círculos de soga acechando a las águilas
aciales chasqueando el horizonte

si bebemos a pico de crepúsculo a galope
serán las astas de una noche de incendios
los zamarros que agitan las campanas
rosas blancas las palomas
al pie de una iglesia enmudecida

tal vez será esta textura rugir del rigor
muescas y ascuas de la bruma
tal vez este lazo de gasas
estas piernas desnudas
coloradas como el poncho que vuela
sobre un cóndor que te sigue

tal vez serán            toro anochecido
puente colgante entre el páramo
y el latido con que me muerde la muerte.

 

 

 

 

10422231_10154666322713677_2131994448163766460_n.jpgMargarita Laso. Nació en Quito en 1963. Escritora y cantante. Hizo estudios de sociología, literatura y música. Ha forjado su espacio artístico como intérprete de música popular, productora de espectáculos y grabaciones. Con Los lobos desarmados, ediciones Archipiélago inicia su colección de poesía.

 

 

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Foto: Juan Ortiz

 

 

Sólo oírme – A. Pizarnik. In Memoriam.

«Ved, esta claridad secreta
en la que se contempla todo lo que desea».
Jean de Ruysbroeck

 

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Delira la sangre y el aliento de carbón
[enronquecido
gotea la obscurecida luz del día,
su marca púrpura anida en los párpados.

Sofocan los arenales negros
ofrendados por las sombras
de un sol ambiguo
[que hiela mis manos.

Te lo he repetido tantas veces
[Alejandra
quimérico ocultar el miedo en el lenguaje*
cuando las espuelas vociferan

A C E C H A N D O

al muro que me redime.

Óxido rebosante en los costados,
ruedan mis dientes laberínticos
en la grieta prolongada del espejo.

Ansío el jardín blanco,
la noche en llamas puliendo mis sienes,
cerrar la fisura del ojo abierto en mi cabeza,
volver a develarle el rostro
al silencio.

 

© Natalia Lara

[*Cold in hand blues, Alejandra Pizarnik]

 

 

 

 

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Foto:  Shinya Arimoto

Daniel Wence (México)

 

 

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Explícale esto a un ruiseñor

 

 

que tu beso urraquencio

me besaba

todo lo presa que fui

que soy que de tus alas soy

que de tus alas negras

de tu beso de urraca sin canto

 

con toda tu buitralidad tú me llevaste al ojo

de tu anocheciendo

y yo tenía las plumas necias deshojadas

cuando la mirada tuya    presa yo corría

de tal en tal

tu mirada amaneradamente asesinábame

 

y amor yo dije porque te miré volando

aleteabas mis pupilas

con tu carroñidad

clavaste clavaste / tu pico en mí.

amor yo dije de tu piar ajeno

presa yo

estaba rendido

 

con esa tu rapiñidad hurtabas

de mí la miseria de vida

que ningún antes ave hube así.

me despojabas/ jaste

de a pocamente mucho

de todo lo que ya no tengo

rapaz nocturno

tu abrazo rapacidad

colgaba/ yo lo vi

de mi cuello el mismo

besado por tu poco pico devorándome alboradamente

amado mochuelo devorándome

 

y acepté tu rapazada

tu sincanto desincanto

y abríme de carne

y me extendíme al piso

a recibirte presamente en mi cuerpo carroño

enamoratado de tus golpes que me colocaste con esa aguilidad

tus picotadas ganchudas para desgarrarme

 

cuando tu falconiformidad me rapazaba el todo aliento

*

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Apología a sus flores

 

Vos eyaculabas flores que a veces en mi boca

Tulipanes blancos pétalos solían florecerse Vos eyaculabas un jardín por las mañanas y regábamos juntos su tranquilidad de hojas y tallos Vos tenías por alma un pétalo cristalizado y hacíamos juntos fotosíntesis a veces cuando siempre Vos eyaculabas orquídeas girasoles caléndulas Vos eras la caléndula fragancia matutina hueledenoche por todo mi cuerpo su raíz nacía eyaculabas polen que en mi piel encontraba su semen en mi dorsal espina para tus rosas y era el dolor de tu final una ceguera profunda fraganciada petálica colorida que Vos eyaculabas un racimo ramillete solo para mí/ recuerdo

*

929-0-f-1.jpgNació en Michoacán. Egresado de la Escuela de Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. En 2005, publicó la plaquette literaria Dicho está, en La Nopalera Ediciones. Ha colaborado en diversas revistas y periódicos. Ha publicado diversas antologías:  Anuario de poesía mexicana 2008, del Fondo de Cultura Económica,  y Estampas mexicanas, de Crunch Editores, México. Recientemente fue publicado su poemario Nada de incrustaciones por el Fondo Editorial Tierra Adentro.

Los dos textos han sido escogidos del libro Versos di-versos (Antología poética sexo-género diversa contemporánea e hispanoamericana), Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas – Venezuela (2011).

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Foto: Vlad Artazov

 

Un poema

 

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Sobre esta ventana
sin ojos, te llamo
gigantesco huraño
sumergido abruptamente
en el infierno de los sordos
Te llamo,
con la lengua árida
y este cuerpo animal
lleno de aletas
gris como el cromo
Ya pronto
cimbrará tu oído
un grito a secas
entonces, hablarás de apetitos,
de los peces y sus manos mutiladas
Musical en orilla
sabrás del muelle,
y de la arena que estrangula,
del espeso vidrio
que desarticuló las venas
 
inflamado                     deshaciéndote
 
cortado
 
 
como un cálamo
bajo el círculo de dedos feroces
seguirás el clamor
entre un río que zumba
sostenido por el siseo
de tu noche hojalata
Con mi boca impasible
a   n   u   l   a    d    a
incurriré en la intemperie
ya sin saber del temporal,
congregada en la humareda
sin ojos, ni ventana.

 

 

 

© 2016 Natalia Lara

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Foto:    www.zezn.me

Ednodio Quintero: Un caballo amarillo – Narrativa

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*

 

Si yo soñara que soy algo más que un caballo amarillo: despojado de resabios y relinchos, reducido a la infeliz condición de bípedo pensante, enfilaría mis pasos rumbo a la ciudad más cercana, aquella que se vislumbra allá en el extremo sur de la llanura, y en la cual afloran altas chimeneas oscuras manchando de hollín el cielo sin nubes de esta mañana de septiembre.

Me confundo entre la multitud sudorosa que sale del estadio. A empujones y codazos logro abordar un destartalado autobús repleto de escolares macilentos y ancianas desdentadas. A través de la ventanilla contemplo el desfile de árboles raquíticos que bordean la avenida. Un desconocido de rostro patibulario se me acerca sonriendo y me da una feroz patada en la espinilla. En silencio lo maldigo mientras me retuerzo como un gusano fulminado por un rayo de sol.

Desciendo en la esquina del mercado y me envuelve el olor a pescado podrido mezclado al vaho que asciende del fondo de las alcantarillas. Las moscas oscurecen el aire, y una rata asoma el hocico desde el bolsillo del saco de un mendigo ciego. Más allá, sentada en el umbral de una puerta rosada, una anciana prostituta se asolea las rodillas. Siento hambre, escarbo inútilmente en mi faltriquera, y me alejo poco a poco sin darme cuenta del sosegado ritmo de mis pasos.

Por un rato ando extraviado entre el humo de las fábricas, el ruido de los autos, el bullicio de los chicos que juegan al fútbol, las piernas rollizas de una mujer alta y rubia que arrastra un perro de pelaje oscuro. Y un viejo amigo que me saluda llorando. Otra vez escapo y creo refugiarme en la silenciosa intimidad de una iglesia. Me aturde la voz afeminada e irritante de un joven sacerdote, ojos azules y mejillas recién rasuradas, que agita un cristo con cara de perro regañado y vocifera en un idioma extraño, mezcla de latín, sánscrito y arekuna. Me escurro sigilosamente y vomito en la acera.

Casi sin interrupción me veo ahora sentado en un sofá, en la sala de unos parientes idiotas. Celebran mi visita con cuchicheos y sonrisas sesgadas. Me ofrecen café o té o limonada. Revolotean a mi alrededor como pájaros bobos. Recuerdan a la abuela asesinada durante una fiesta de carnaval de los años cincuenta y a la tía Margarita atacada de sarna perruna. Asqueado me despido, y con el golpe de la puerta comienzan, por turno, torpemente, a enterrarme en la espalda los puñales que ocultaban entre sus vestiduras.

Afuera la tarde es una flor anaranjada desgajándose lentamente. Las puntas de mis zapatos mellados señalan el camino de regreso. Me resisto a pensar. Mi cerebro es una cueva blanquecina, limpia y desolada, en la que, a intervalos muy breves, se desliza una sombra. Apenas una sombra y el obstinado revolcarse del viento entre los árboles. Tarareo una melodía triste y desafinada, y descendiendo por el callejón pateando una lata de cerveza.

Al llegar a mi casa me aguardan los gritos de mi mujer y el llanto de nuestros hijos. Mi mujer ha enflaquecido y los senos le cuelgan como una piltrafa. Los chicos tienen hambre. Patalean y me saltan encima y se me suben por todas partes como hormigas. Me derriban, aúllan y pisotean mi cuerpo fatigado. Entonces me despierto y libre ya de pesadillas me afinco en mis patas traseras, de un salto me levanto, relincho de contento, galopo y el viento sacude mis crines amarillas.

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Ednodio Quintero, Cuarenta cuentos, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas – Venezuela, 2007
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  Foto:   Gerrit Greve

 

Infinitud –

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“Mira si entre las manos algo permanece.
La piel es silencio que refleja la profundidad del tiempo.”
Elizabeth Schön

a Isbelia

He visto a la anciana hurgar mis retinas
detrás de ella algunos colores mezclados en la luz:
naranja, rojo, verde, amarillo, violeta, azul.
Se contrae la sombra ajada
en el mutismo de una silla de pájaro palpita olvidada
mas la paradoja de sus muslos temblorosos
doblegados por un tiempo de cruces.

Duele el sudor gastado del naufragio,
ver las manos no vencidas remendar vestiduras
bañadas de hojarascas inútiles para futuros caminos.

Mujer antigua de sollozos secretos y distantes.
Mujer oculta tras el muro devorado por los años.
Mujer de trigo desprendido en el recuerdo de la infancia.

Mujer café……..
………………….. Mujer cacao
Mujer maíz……….

¡Cuántos sembradíos guardan tus manos!
¡Qué línea esconde la paz tardía de tus días!

Desde aquí, dilucido las formas vagas, frágiles y desgastadas
ese dolor perlado escondido atravesando los huesos.

Mañana te sostendré, trémula y dormida,
Ariel tejerá nuestros cabellos
balancearemos la línea ignota de los muertos
SIN UNA LUZ.

 

© Natalia Lara

 

 

 

 

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Foto: Ly Hoang Long

Lejanía

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Nuestro destino no es espantoso por irreal, es espantoso porque es irreversible y de hierro.
 
Jorge Luis Borges
 
 
 
 
 
 
Mis rieles recogen el sonido del silencio
arrastro la noche salpicada
dulces cocuyos muertos
plegados al instante de esta piel.
 
Busco enterrar el polvo
del día nevado
preñar de ritos a esta luna
que me arropa en hilos sonoros.
 
Paseo la memoria
en los surcos blanquecinos,
reconstruyen mis recuerdos
la espiral.
 
De un salto alcanzo
peinar tu nombre
y las canas esparcen
el vértigo de la lejanía…
 
                                          Papá.

 

 

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© Natalia Lara

 

 

 

 

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Foto:  Mindaugas Gabrenas 

Alejandro Aura

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Naturaleza muerta con sopera

 

 

Sobre la mesa café

mantel de plástico

con flores verdes.

Panes dorados repartidos.

Entra la luz del sol

por una gran ventana.

En el centro,

un refresco familiar embotellado.

La mesa puesta

para tres

con loza blanca.

Los cubiertos espejeantes

en su sitio.

Vasos,

cristalinos.

Una taza, de la misma loza,

hecha añicos.

La sopera humeante,

apetitosa.

 

 

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Naturaleza muerta con cuerdas

 

 

Sobre la mesa café

una caja de clavos

de pulgada y media.

Una servilleta bordada

en punto de cruz

contiene pájaros

sobre ramas floridas.

Un martillo con mango de fierro

brilla por donde no está oxidado.

Lo envuelve todo

la luz fría y acerada.

En florero de aluminio

se presenta una hortensia.

Los colores metálicos

se pelean entre sí.

Una corneta dorada

se esconde

tras los demás objetos.

Las cuerdas amenazantes

se desenroscan

como serpientes encantadas.

 

 

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Naturaleza muerta con moscas

(miniatura)

 

 

Sobre la pequeñísima mesa café

un espejo.

Todo

serenamente oscuro.

Las moscas dobles

vuelan.

Negros puntos.

Negativo

de una noche

que mira sus estrellas

en el agua del mar.

 

 

 

 

alejandro-aura.jpg  Dramaturgo, narrador y poeta. Director y guionista de teatro, radio y televisión; conductor y autor de programas de televisión y colaborador de diversas revistas. Premio Único del Concurso Nacional de la Juventud, 1969, por el libro La calle de los coloquios, incluido en la antología Alejandro Aura, poesía. 1963-1993. Premio de Poesía en el Concurso Literario de la Juventud, 1971. Premio Latinoamericano de Cuento, 1972, por Los baños de Celeste. Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, 1973, por Volver a casa, poemario que se incluye en la compilación Antología. Premio de Poesía Aguascalientes 1968-2007, 40 años. Entre sus libros más conocidos tenemos Volver a casa y Alianza para vivir, Poeta en la mañana y Fuentes. Nació en la ciudad de México el 2 de marzo de 1944; murió en Madrid, España, el 30 de julio de 2008.

 


Alejandro Aura.  Poesía 1963-1993. Lecturas Mexicanas. México, 1998.

 

 

 

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Foto: Lluís Codina

Como alondra muda

 

am_woods_2.jpg
Bajo la niebla amorfa
la hora se degüella
es una niña ultrajada
a quien le tasajean el cuerpo
Incompleta y desdeñada
en el paisaje invertebrado y hambriento
frunce círculos:
es un tiempo que aridece
Columnas sin término
t e r r o s a s
Calles vibratorias
Enrollo las lenguas en los husos
miro dentro un espacio monocromo
cerrado de albas
que cae en el fuego
Preciso el amarillo obseso
su olor a trementina
una tela de cielo menos pálida
Mi casa sin el contorno ahumado
guarecerme bajo el manto
como alondra muda
derretir en el combate
estos ojos de tempestad
uncidos de barro
Alzarme
sobre otra roca.
 *
Natalia Lara © 2016

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Foto: Akos Major

Un poema

 

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Absorbente en la dispersión de la historia
es mudo el hilo blanco de la noche.
Sobre la imagen que deviene
el fenómeno obscurecido y fluctuante.
Entre la mezcla cabecea la ira,
una calva demacrada abrumada de estupores.
El azar sin distancia
retenido y equívoco.
Corre el llanto del rumiante
ante la incertidumbre sonora.
Apenas mira
v   e    r   t   i   c   a   l
Encima del lomo morado de apetito
las hormigas veleidosas exhiben los dientes.
El miedo se abre y vela en el día
una interrogación que crece.
Sin respuestas
a la fatiga que mana.
Todo está plegado.
Quizá sea el aullido de una playa
el que nos abrace.
Síntoma de haber embestido la ola giratoria
que nos arrastró a orilla.
Lamemos su paso intemporal,
hermético y pesado
como un sueño bíblico
que posa  las ruinas.
© 2016 Natalia Lara
(Venezuela)
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Foto: Pedro Luis Raota
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Poemas de Salustio González Rincones

*

Borracho

Bebe tu caña clara y ardiente

Oh! Bebedor de nariz colorada!

Jugo del trópico! Alegra tu mente

Con su mortal palidez destilada!

Alza la copa! Burla la gente

Tu desenfado en la cara pintada…

Foete de sangre! Vidrio candente

Te hará amigo de todo y de nada!

Huye la pena! Caña, tu hermosa

Besos te ofrece, te da una rosa

Y danza por ti en su retablo.

Dale más besos en la taberna

Y traspiés urde bajo tu pierna

Atajando los pollos del Diablo!

*

Sifilítica

¡Virgen de la roséola:  la siniestra corona

tú llevaste en las sienes! ¡Sufre de ti mi ausencia!

El mal francés te muerde con su muda presencia

y a tu cuerpo de estatua callado desmorona…

¡No quieres el arsénico y tu mal no perdona!

¡Dices que no lo tienes con torcida  inocencia,

y al hijo que tuviste lo azota la demencia,

lo corroe el espirilo  y su sangre atizona!

¿Por qué niegas curarte con tus tan tercos labios

y del elixir huyes que inventaron los sabios?

¡Tu esquivez no levanta una voz de perdón!

¡Diste a luz una víctima por ti herida en la cuna!

Madre quieres ser de otra. ¡No te basta con una!

¿Es que tienes ya sífilis dentro del corazón?

Estrambote:

Dijo el Santo Paracleto con su lengua de fuego:

El que no quiere ver es el mejor ciego…

*

A lo lejos, PALABRAS.

Quemaron con el odio

rojo del fuego

el Sauce.

Las ramas son carbones.

Hojas hábiles

corren

lúgubres por el Suelo.

El Sauce era tan viejo.

Ya ni nidos,

ni luceros,

ni aroma de vida bajo los aguaceros.

Su savia se había ido,

al Cielo

con los Ventarrones.

¿Su savia se había ido?

..en los vientos bufones…!

Sauce muerto.

Sauce

muerto. El blanco sauce

del Riachuelo tuerto

tiene la lóbrega acuarela del tronco muerto.

Ni estrellas. Ni Lunas.

Sólo Ranas algunas

en los Charcos que protegiste

con tu galante sombra triste;

Algunas

brunas.

Huiste

en humo. Como enorme incienso.

Intenso

Oro: Crepúsculo.

ORO minúsculo

del Lucero. ORO.

Cabras en coro.

Cabras en coro.

… muchas cabras.

A lo lejos palabras,

Voces que ignoro.

Sauce; saucines crecen.

Los vientos los estremecen.

Cuando anochecen

las arboledas,

se mojan en sombras.

Sombras

Sedas

que desaparecen en el camino

ebrio de vueltas, pálido como un asesino

El Río. El Sauce. El Lucero.

Frío

corre en su cauce

el Riachuelo tan vocinglero.

El Lucero,

El Sauce,  El Río.

Lo quemaron

con el Odio (Blanco nublado)

rojo del fuego.

Los sauces parece sollozaron

(Esplendían los carbones)

en genuflexiones.

Hábiles hojas corren.

¿Era un ruego?

Ignoro

de Crepúsculo todo el oro.

La Luna.

Parece hoja seca

Vieja,

oportuna esa campana. Sor, Hermana

Luna, Sor Hermana…

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.

JPG WEB DATOS DE SALUSTIO006Salustio González Rincones, evasivo y profundo. Emigró joven de un país donde se ahogaba. Vivió hasta su muerte en Europa. Antes de dejar Venezuela,  escribió en un año,  el de 1907, dos  poemarios y composiciones sueltas  que permanecieron inéditas, hasta el día en que Sanoja Hernández y Monte Ávila presentaran una selección de las mismas.  Los textos extraídos forman parte de esa Antología Poética, textos representativos del talento de Salustio, para la edición obsequio del año 1977, de Monte Ávila Editores.

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Foto: Henri Cartier-Bresson

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Antonio Machado

*

 

 

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LV

Hastío

Pasan las horas de hastío

por la estancia familiar,

el amplio cuarto sombrío

donde yo empecé a soñar.

Del reloj arrinconado,

que en la penumbra clarea,

el tic-tac acompasado

odiosamente golpea.

Dice la monotonía

del agua clara al caer:

un día es como otro día;

hoy es lo mismo que ayer.

Cae la tarde. El viento agita

el parque mustio y dorado…

¡Qué largamente ha llorado

toda la fronda marchita!

 

 

*

 

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XCIV

En medio de la plaza y sobre tosca piedra,

el agua brota y brota. En el cercano huerto

eleva, tras el muro ceñido por la hiedra,

alto ciprés la mancha de su ramaje yerto.

La tarde está cayendo frente a los caserones

de la ancha plaza, en sueños. Relucen las vidrieras

con ecos mortecinos de sol. En los balcones

hay formas que parecen confusas calaveras.

La calma es infinita en la desierta plaza,

donde pasea el alma su traza de alma en pena.

El agua brota y brota en la marmórea taza.

En todo el aire en sombra no más que el agua suena.

*

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XXI

Daba el reloj las doce… y eran doce

golpes de azada en tierra…

…¡Mi hora! —grité—… El silencio

me respondió: —No temas;

tú no verás caer la última gota

que en la clepsidra tiembla.

Dormirás muchas horas todavía

sobre la orilla vieja,

y encontrarás una mañana pura

amarrada tu barca a otra ribera.

machadoNació en Sevilla. En 1893 publicó sus primeros escritos en prosa. Vivió intensamente todo cuanto ocurrió a su alrededor; de esta experiencia nació su poesía. Sus primeros poemas aparecieron en 1901. Murió en Collioure, Francia, el 22 de febrero de 1939, tres días antes que su madre.

______

Antonio Machado. Antología poética. Prólogo de Justo Navarro. Alfaguara, S. A. 2005

*

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Foto: Sergi Bernal

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En ARTELITERAL Poemas Inéditos

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6

Hombre que te desvistes frente al barniz de mis ojos

materia textil estremecida de olor desgastado

plano como la sombra hendida del instante

Yo he buscado un mundo bajo las yemas de esta tarde.

Tú has cercado los dedos que soportan esto que soy:

pies que te engullen

e   n   m   u   d   e   c   i   d   o   s  

brasa tóxica.

Muerdo tu ser desgastado de agua,

kilolitros me arrastran hasta tu gladiolo

indigno para la veneración.

Antes, cruzaste mi bóveda, ávido

bajo el canto y la humareda;

antiguo paso amanecido que se extendía

y asomaba su voz y sudor de verano.

Fuiste    semilla    raíz    ramaje

insecto que asediaba mi corola

lluvia circular

abstraída       insanable.

Truena la cabellera combatiente

racimo de sal dormido en la altitud de tu cráneo.

Caigo en el pulso disonante y abyecto

sorbo el silencio de tu línea que desciende

abierta a la nueva atmósfera que te insulta.

Traspaso el coágulo de tu pródiga mente

amparada en los huesos de tu huella

como a una momia antigua te contemplo.

© 2015 Natalia Lara

(Venezuela)

http://www.arteliteral.com/index.php/poesia/782-natalia-lara

Cuatro relatos de Salvador Garmendia

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Primeras Letras

Para Rafael Brunicardi Ponce

Efectivamente 2 y 2 son 4.
2, es un caballero corrido por todos los vicios; el otro es su sombra contrita y muriente.
4, es su manera permisible de mirar al mundo con cara de verdugo.

*

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El aire transparente del domingo

Dedicado a Guillermo Meneses, a quien corresponde la

                                                                                                     paternidad de este relato.

El taxista vio a la anciana parada bajo un árbol al borde de la acera y pensó: «¿Me irá a detener esta vieja?».
En efecto, la anciana alargó un brazo y el taxi se detuvo a su lado. El hombre vio entrar la menuda figura, que en insólita determinación había elegido el asiento delantero, y se sintió tocado por una especie de ternura risueña, acaso para corresponder a aquel gesto tan poco frecuente en las señoras. «Ésta es una viejita simpática», rumoreó en sus adentros, casi en palabras, tanto que ella pareció escucharlo y lo miró a la cara, de esa manera penetrante y desencubridora que no deja de ocasionar alguna turbación; sonrió además, y al cubrirse su cara de infinitas arrugas que le infundieron una apariencia cómica (los ojitos desaparecieron por completo devorados por un exasperado grafismo) la realidad pareció desprenderse de ella en un instante, convirtiéndola en una niña en perfecto disfraz de abuela.
–Buenos días, abuela –dijo el hombre.
La vieja dio una dirección en una vocecita hueca y permaneció sentada al lado de la puerta, muy derecha, con las manitos secas reposando en mitad de los muslos.
Habían rodado un trecho por una avenida despejada, cuando el hombre empezó a hablar de cualquier cosa sin dejar de mirar a su modosa pasajera, que en realidad no parecía escucharlo y sonreía plácidamente, la mirada al frente, divertida como si del otro lado del vidrio asomaran caritas infantiles que le hicieran muecas.
Siendo como era día de fiesta y apenas las diez de la mañana se veía poca gente en la avenida, de modo que el taxista pudo distinguir claramente a un caballero de regular edad que se hallaba parado al borde de la acera, en la actitud del que aguarda para cruzar la calle. Vestía de negro, no con aire de luto propiamente, sino de anticuada corrección y sin duda difundía a su alrededor el aura de una persona limpia y saludable, amoldada rigurosamente al ámbito de una mañana de domingo.
Apenas pasaron frente a él, cuando la anciana se precipitó a la ventanilla y como electrizada por una emoción incontrolable, emitió unos griticos de muda, al tiempo que sacudía ambos brazos queriendo llamar la atención del caballero.
Por lo que pudo advertir el taxista en una visión instantánea recibida a sesenta kilómetros por hora, el caballero no pareció alterarse demasiado, sino que manteniendo el aplomo de una persona poco dada a las efusiones desmedidas, sonrió con reposada satisfacción y respondió a los aspavientos de la vieja moviendo en alto su brazo derecho, tal como si saludara el paso de un desfile.
El taxi se alejó por la silenciosa avenida y (acaso desde nuestro punto de vista únicamente) pareció entrar en una dimensión arbitraria del tiempo que no tardaría en disolver su imagen física, eliminando de pasada todo rasgo de aquella breve escena. Sin embargo, la vieja acabó por separarse de la ventanilla y se desplomó exhausta, agotadoramente feliz.
–Es bueno encontrase por ahí con parientes –el taxista quiso decir «amigos» y corrigió tras un breve tartamudeo– que uno no ve hace mucho tiempo. Ese señor, ¿es un hermano suyo?
–Es Ramón, mi marido. ¿Qué le parece a usted?
–Parece un señor muy decente.
–Lo mismo pienso yo.
El taxista meditó unos momentos.
–Pero usted está muy emocionada… Deben tener mucho tiempo sin verse.
–Claro – dijo la anciana, dibujando una sonrisa lejana–. Él tiene quince años de muerto.

*

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Signos irreverentes

–Observe con disimulo a ese señor que está a su derecha junto a aquella columna.
–Ya.
–¿Qué le parece?
–Pues… ni una cosa ni otra, diría yo. Es una persona.
–No. Mírelo bien, ahora que ha vuelto la cara hacia acá. ¿No le parece que lleva una eme mayúscula grabada en las facciones?
–Pues… diciéndolo de esa manera, yo diría que sí.
Los surcos de las mejillas son las dos barras laterales. La nariz es la cuña del medio.
–Palpable. Es usted muy observador. ¿Qué puede significar una cosa así? Si es que significa algo, digo yo.
–Depende. Todo depende, por ejemplo, del valor que usted le conceda a esa letra; que no podrá ser mucho, al final, puesto que se trata de una consonante.
Mire: yo le encuentro alguna aplicación en la vida práctica. La MMMMMM… así entonada, con los labios cerrados, en tono reflexivo o con aire de duda puede servir para suturar un vacío, por ejemplo.
–Vacíos puramente mentales, digo yo.
-Y yo.
–Espere. Los italianos duplican esa letra para decir mamma; y de esa manera, de una sola matriz, como quien dice, hacen nacer un género ricamente cantabile.
–Me parece que eso no existe en ninguna parte.
–Pues se canta todos los días, vea usted; aquí y en cualquier lugar del mundo. Es como un idioma universal.
Un esperanto ovárico. En donde quiera es la misma caquita transparente, que suena de una misma manera en el momento en que nacemos y a los ochenta años.
–Es hermoso si lo vemos así.
–Claro que sí.
–Ahora, esta eme que se hunde en la cara de nuestro amigo se me hace demasiado rígida; tal vez autoritaria.
–Debe ser la eme de mío.
– ¡Pues mire que sí, señor! Con razón ese caballero aspira el aire con una fruición enfermiza. Con seguridad que delira continuamente en torno a su primera persona.
–Del singular.
–Su vida debe ser larga pesadilla monógama.
-Pero se trata de una monogamia de una sola cara. La consorte de ese caballero es su propia espalda.
–Acerquémonos. Vamos a preguntarle por los suyos.
–Eso está bien. Nos va a quedar agradecido. Vamos.
–Espere. Ahora que estamos más cerca, me parece que la letra empieza a desaparecer.
–Es cierto.
–Observe. Ya no queda casi nada importante en esa cara… Unos rasgos bastante comunes, a mi modo de ver.
–La cercanía es un ácido demasiado activo.
–Y sus efectos velocísimos. Pero, ¿qué ocurre? ¿Adónde ha ido este señor? En esa columna ya no hay nadie.
–Luego, ¿había allí una columna?
–Pues… usted, ¿qué cree?
–…
–…

*

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Tigre

Para David Alizo

Un tigre salta del papel y queda parado encima de mi mesa. Sus poderosos cuartos, juiciosamente articulados, están protegidos exteriormente por verdaderas capas de silencio; y esto le permite desplazarse de manera que cada movimiento que realiza parece que hiciera el vacío alrededor.
Sus zarpas no quebrantan la hierba. Su respiración uniforme es la de un niño.
Lo estoy viendo ahora parado en la alfombra, convertido en la réplica viviente de un tigre de peluche. Hasta su tamaño ha llegado a ser, más o menos, el de un gato corriente de almohadón; y así me mira desde abajo con ojos redondos y aburridos.
Pero otras veces lo veo saltar por la ventana, recuperando toda su magnitud elástica; y en esos momentos llega a atemorizarme, aunque sea sólo por unos segundos , ya que su imagen se transparenta y desaparece apenas toca con la luz exterior.
Siempre que se echa a dormir a mis pies, bajo la mesa donde leo o escribo, y mis pantuflas le tropiezan casualmente en el vientre transmitiéndome el movimiento de su respiración, no dejo de bajar la cabeza y echarle una mirada.
El gesto que se imprime en su cara, simulando el sueño, es de inocencia; aunque tal vez sonríe interiormente.
Disfruta a solas de su viejo mito; la idea tigre, más anciana que el hombre.

.

salvador-garmendiaEscritor, periodista, guionista de radio y televisión y diplomático venezolano. Considerado uno de los grandes narradores del siglo xx. En 1973 obtuvo el Premio Nacional de Literatura; en 1989, el Juan Rulfo (México) y en 1992, el Dos Océanos (Francia). En el año 2003 fue crada en Caracas la Fundación que lleva su nombre.

Foto: Vasco Szinetar

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Salvador Garmendia, El inquieto Anacobero y otros relatos, Monte Ávila Editores Latinoamericana. Venezuela, 2008.

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Foto: Brett Weston

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Charles Baudelaire. Traducción de Rodolfo Alonso

La tumba de Charles Baudelaire

El templo amortajado divulga por la boca
Sepulcral de cloaca babeando rubí y barro
Abominablemente algún ídolo Anubis
Todo el hocico en llamas como un feroz ladrido

O bien que el gas reciente tuerza la mecha bizca
La que enjuga sabemos los oprobios sufridos
Iluminando huraño un pubis inmortal
Cuyo vuelo según reverbera pernocta

Qué follaje secado en ciudades sin noche
Bendecirá votivo como ella al sentarse
Vanamente en el mármol de Baudelaire

Al velo que la ciñe ausente escalofríos
Esa su Sombra aún un tutelar veneno
A respirarlo siempre aunque de ellos muramos.

*

Le tombeau de Charles Baudelaire

Le temple enseveli divulgue par la bouche
Sépulcrale d’égout bavant boue et rubis
Abominablement quelque idole Anubis
Tout le museau flambé comme un aboi farouche

Ou que le gaz récent torde la mèche louche
Essuyeuse on le sait des opprobres subis
Il allume hagard un immortel pubis
Dont le vol selon le réverbère découche

Quel feuillage sèché dans les cités sans soir
Votif pourra bénir comme elle se rasseoir
Contre le marbre vainement de Baudelaire

Au voile qui la ceint absente avec frissons
Celle son Ombre même un poison tutélaire
Toujours a respirer si nous en périssons.

Stéphane Mallarmé

Baudelire

De profundis clamavi

Yo imploro tu piedad, Tú, la única que amo,
Desde el oscuro abismo que hundió a mi corazón.
Es un triste universo de horizonte plomizo
Donde en la noche nadan blasfemia y horror;

Un sol frío se cierne allí encima seis meses,
Y los otros seis meses noche cubre la tierra;
En país más desnudo que la tierra polar;
¡Ni animales, ni arroyos, ni verdores, ni bosques!

Pues no hay en este mundo horror que sobrepase
A la fría crueldad de ese astro de hielo
Y a esa noche inmensa semejante al Caos viejo;

Celos me da la suerte del más vil animal
Que puede sumergirse en un dormir estúpido,
¡Mientras, lenta madeja, el tiempo se devana!

De profundis clamavi

J’implore ta pitié, Toi, l’unique que j’aime,
Du fond du gouffre oscur où mon coeur est tombé.
C’est un univers morne à l’horizon plombé,
Où nagent dans la nuit l’horreur et le blasphème;

Un soleil sans chaleur plane au-dessus six mois,
Et les six autres mois la nuit couvre la terre;
C’est un pays plus nu que la terre polaire;
–Ni bêtes, ni ruisseaux, ni verdure, ni bois!

Or il n’est pas d’horreur au monde qui surpasse
La froide cruauté de ce soleil de glace
Et cette immense nuit semblable au viex Chaos;

Je jalouse le sort des plus vils animaux
Qui peuvent se plonger dans un sommeil stupide,
Tant l’écheveau du temps lentement se dévide!

*

La destrucción

Sin cesar a mi lado el Demonio se agita;
Nada a mi alrededor como un aire imparable;
Yo lo trago y lo siento que abrasa mi pulmón
Y de un deseo lo colma eterno y culpable.

Toma a veces, sabiendo mi gran amor del Arte,
La forma de la más seductora mujer,
Y bajo especiosos pretextos de soplón,
Acostumbra mi labio a los filtros infames.

¡Él me conduce así, lejos de Dios que mira,
Jadeante y roto de cansancio, al centro
De los llanos del Tedio, profundos y desiertos,

Y en mis ojos arroja, plenos de confusión.
Vestimentas manchadas, heridas entreabiertas,
Y el sangrante aparejo de la Destrucción!

La destruction

Sans cesse à mes côtés s’agite le Démon;
II nage autour de moi comme un air impalpable;
Je l’avale et le sens qui brûle mon poumon
Et l’emplit d’un désir éternel et coupable.

Parfois il prend, sachant mon grand amour de l’Art,
La forme de la plus séduisante des femmes,
Et, sous de spécieux prétextes de cafard,
Accoutume ma lèvre à des philtres infâmes.

II me conduit ainsi, loin du regard de Dieu,
Halelant et brisé de fatigue, au milieu
Des plaines de l’Ennui, profondes et désertes,

Et jette dans mes yeux pleins de confusion
Des vêtements souillés, des blessures ouvertes,
Et l’appareil sanglant de la Destruction!

*

Los Ciegos

¡Míralos, alma mía; son realmente horrorosos!
Parecen maniquíes; vagamente ridículos;
Terribles, singulares igual que los sonámbulos;
Clavan quién sabe dónde sus ojos tenebrosos.

Ojos de los que ha huido ya la chispa divina,
Que, como si a lo lejos vieran, alzados siguen
Al cielo; no lo vemos hacia el piso jamás
Bajar como soñando su cabeza abrumada.

Así atraviesan ellos el negro ilimitado,
Hermano del silencio eterno. ¡Oh ciudad!
Mientras que alrededor tú cantas, ríes y bramas,

Amante del placer hasta la atrocidad,
¡Mira! ¡También me arrastro! Y, aún más bruto que ellos,
Digo: ¿Allá en el cielo, qué buscan tantos ciegos?

Les Aveugles

Contemple-les, mon âme ; ils sont vraiment affreux!
Pareils aux mannequins ; vaguement ridicules;
Terribles, singuliers comme les somnambules;
Dardant on ne sait où leurs globes ténébreux.

Leurs yeux, d’où la divine étincelle est partie,
Comme s’ils regardaient au loin, restent levés
Au ciel; on ne les voit jamais vers les pavés
Pencher rêveusement leur tête appesantie.

Ils traversent ainsi le noir illimité,
Ce frêre du silence éternel. O cité!
Pendant qu’autour de nous tu chantes, ris et beugles,

Éprise du plaisir jusqu’à l’atrocité,
Vois! je me traîne aussi! mais, plus qu’eux hébeté,
Je dis: Que cherchent-ils au Ciel, tous ces aveugles?

*

El vino de los amantes

¡Hoy es espléndido el espacio!
¡Sin freno, espuela o bridas,
Partamos a caballo del vino
Hacia un divino cielo mágico!

¡Como dos ángeles torturados
Por un fuego implacable
En el cristal azul de la mañana
Vayamos tras el espejismo!

¡Tiernamente mecidos por el ala
Del torbellino inteligente,
En un delirio paralelo,

Nadando, hermana, lado a lado,
Huiremos sin treguas ni reposo
Al paraíso de mis sueños!

Le vin des amants

Aujourd’hui l’espace est splendide!
Sans mors, sans éperons, sans bride,
Partons à cheval sur le vin
Pour un ciel féerique et divin!

Comme deux anges que torture
Une implacable calenture,
Dans le bleu cristal du matin
Suivons le mirage lointain!

Mollement balancés sur l’aile
Du tourbillon intelligent,
Dans un délire parallèle,

Ma soeur, côte à côte nageant,
Nous fuirons sans repos ni trêves
Vers le paradis de mes rêves!

*

El puerto

Un puerto es una sede encantadora para un alma fatigada de las luchas por la vida. La amplitud del cielo, arquitectura móvil de las nubes, las coloraciones cambiantes del mar, el centelleo de los faros, son un prisma maravillosamente apropiado para entretener los ojos sin cansarlos nunca. Las formas esbeltas de los navíos, de complicado aparejo, a los que la marejada imprime oscilaciones armoniosas, sirven para mantener en el alma el gusto por el ritmo y por la belleza. Además, sobre todo, hay una suerte de placer misterioso y aristocrático para quien ya no tiene ni curiosidad ni ambición, en contemplar, tendido en el mirador o acodado sobre el muelle, todos esos movimientos de los que parten y los que vuelven, de los que todavía tienen la fuerza de querer, el deseo de viajar o enriquecerse.

Le port

Un port est un séjour charmant pour une âme fatiguée des luttes de la vie. L’ampleur du ciel, l’architecture mobile des nuages, les colorations changeantes de la mer, le scintillement des phares, sont un prisme merveilleusement propre à amuser les yeux sans jamais les lasser. Les formes élancées des navires, au gréement compliqué, auxquels la houle imprime des oscillations harmonieuses, servent à entretenir dans l’âme le goût du rhythme et de la beauté. Et puis, surtout, il y a une sorte de plaisir mystérieux et aristocratique pour celui qui n’a plus ni curiosité ni ambition, à contempler, couché dans le belvédère ou accoudé sur le môle, tous ces mouvements de ceux qui partent et de ceux qui reviennent, de ceux qui ont encore la force de vouloir, le désir de voyager ou de s’enrichir.

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Antología esencial Charles Baudelaire, traducción de Rodolfo Alonso, Fundación Editorial el perro y la rana. Venezuela, 2009

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Foto: Cenotafio a Charles Baudelaire -Cimetière du Montparnasse

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Del solitario Dámaso Ogaz : El huevo estéril

1.1

El huevo estéril*

Crecida en la época de la inseminación artificial, de las células fotoeléctricas, la publicidad luminosa, el radar, las antenas de televisión, ella ostentaba modales en consonancia con los gustos de su tiempo. Era delgada, pequeña, irritable, amante de la economía, la ciencia-ficción y tenía la inveterada costumbre de soñar.
Era bastante conmovedora con su ojo color de acero bruñido, con su alma girando sobre un eje, incapaz de salvación o perdición.
Se ignoraba qué manos invisibles marcaban su rumbo, sus pensamientos inseguros entre el trajín parisiense. Sólo conocía esa caja cerrada donde vivía, esa buhardilla estrecha, enjuta: largo cajón lleno de tradición desde cuya cúspide se veía la Tour Eiffel –el viejo ardid de las tarjetas de turismo–.
Tenía un marido altamente culto y espiritual, encuadernado en cuero flexible y gran lector de los best-sellers. Su marido, que la amaba en forma especial y nada peligrosa, trabajaba en horarios nocturnos. Cuando en la madrugada veía asomar su cabeza calva, aquella cabeza que ella hubiese deseado se pareciera a la de Landrú, plegaba la piel de su cara y poníase a incubar su único huevo, cumpliendo su deber legal. No obstante era también esa tenaz voluntad de darle un hijo legítimo, seguro, reconocible la que había creado este púdico ritual. Su infidelidad marital era una historia con cierta dosis de ambigüedad. Comenzó hace un tiempo, con la llegada de aquel vendedor de oráculos, de abundantes carnes, que la sorprendió cuando estrechaba amorosamente el precioso huevo contra sus senos… Éste fue el primero que le predijo la esterilidad del huevo tras una demostración práctica. Después una sucesión de rostros, manos, piernas, gestos y frases diferentes sobre el huevo. Pero era siempre el mismo chapuzón entre las sábanas y los trajes de aquel trabajador nocturno, con una confusión de leves gritos, gestos convulsionados y silencio. Para ella esta sucesión de amantes no era más que un juego, una broma, un deporte ligero, empero, se obstinaban en gritarle que ese adminículo negro que solía adornarle las piernas en lo más alto, lejos estaba ahora de permanecer en su lugar. Ella, entonces, se quedaba perpleja sin saber qué dirección tomar y qué palabras decir para no dejarse atrapar por los implacables engranajes de sus vecinas. Dudaba un tiempo, mas apenas podía fijar los pensamientos. Cualquier observación de este tipo hacía trabajar su organismo y la sangre se le empozaba en el sexo.
Después de algún tiempo cedía no al furor que las reglas del juego exigen sino al deber conyugal: el viejo sueño de darle un hijo legítimo, idéntico. Y sigue empollando su único huevo. ¡Oh dulce locura!
Llegaron los años de madurez y el huevo estéril, putrefacto, yace todavía entre sus piernas inmóvil.
– ¡Cochino mundo! – dijo, mientras movía el ojo ciego en dirección a lo alto.


  • Rayado sobre El Techo, n° 2. Ediciones El Techo de la Ballena, Caracas, mayo de 1963.

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Foto: Piotr Rosinski

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Cinco poemas de Theodore Roethke. Traducción: Alberto Girri

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La Decisión
I

¿QUÉ hace temblar el ojo sino lo invisible?
Escapar de Dios es la carrera más larga.
De joven era perseguido por un pájaro
–La avefría es lenta para abandonar su canto–
No conseguía arrancarme de la mente aquel sonido,
El soñoliento rumor de hojas en un viento ligero.

II

¡ALZARSE o caer, la disciplina es una!
¡La línea del horizonte se agudiza!
¿Cuál es el camino?, le grito al pavoroso negro,
Las brasas a mi espalda, la inestable sombra.
¿Cuál es el camino?, pregunto, y me dispongo a andar
Como un hombre que enfrenta la llegada de la nieve.

The Decision

I

WHAT shakes the eye but the invisible?
Running from God’s the longest race of all.
A bird kept haunting me when I was young–
The phoebe’s slow retreating from its song,
Not could I put that sound out of my mind,
The sleepy sound of leaves in a light wind.

II

RISING or falling’s all one discipline!
The line of my horizon’s growing thin!
Which is the way? I cry to the dread black,
The shifting shade, the cinders at my back.
Which is the way? I ask, and turn to go,
As a man turns to face on-coming snow.

*

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El hipopótamo

¿QUÉ le falta, la Cabeza o la Cola?
¡Creo que es su Adelante lo que retrocede!
Vive de Zanahorias, Puerros y Heno;
Para bostezar necesita un Día Entero…

A veces pienso que viviré así.

The Hippo

A Head or Tail -which does he lack?
I think his Forward’s coming back!
He lives on Carrots, Leeks and Hay;
He starts to yawn –it takes All Day-

Some time I think I’ll live that way.

*

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Vaciadero de flores

CAÑAS brillantes como escorias,
Tallos como babosas,
Enteras camadas de flores arrojadas en montón,
Claveles, verbenas, cosmos,
Abono, malezas, hojas muertas,
Raíces desventradas,
Con venas descoloridas
Entrelazadas como finos cabellos,
Cada masa con la forma de un tiesto,
Todo fláccido
Salvo un tulipán en la cumbre,
Una cabeza jactanciosa
Sobre lo agonizante, lo recién muerto.

Flower Dump

CANNAS shiny as slag,
Slug-soft stems,
Whole beds of bloom pitched on a pile,
Carnations, verbenas, cosmos,
Molds, weeds, dead leaves,
Turned-over roots
With leached veins
Twined like fine hair,
Each clump in the shape of a pot;
Everything limp
But one tulip on top,
One swaggering head
Over the dying, the newly dead.

*

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Una vez más lo circular

¿QUÉ es más grande, Guijarro o Laguna?
¿Qué podemos conocer? Lo Desconocido.
Mi yo verdadero corre hacia una Colina
¡Más! ¡Oh Más! visible.

Glorifico mi vida, ahora,
Con el Pájaro, la Hoja que perdura,
Con el Pez, el Caracol que busca,
Y el Ojo que todo transforma;
Y danzo con William Blake
Por amor, por amor de Amor solamente;

Y cada cosa retorna a Uno,
Mientras danzamos, danzamos, danzamos.

Once More, The Round

WHAT’S greater, Pebble or Pond?
What can be known? The Unknown.
My true self runs toward a Hill
More! O More! visible.

Now I adore my life
With the Bird, the abiding Leaf,
With the Fish, the questing Snail,
And the Eye altering all;
And I dance with William Blake
For love, for Love’s sake;

And everything comes to One,
As we dance on, dance on, dance on.

*

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El diamante

El pensamiento no puede triturarse.
La gran maza se abate en vano.
La verdad no se desmembra nunca;
Su armazón permanece.

Los dientes de entrelazados engranajes
Giran lentamente en la noche,
Pero la verdadera sustancia resiste
Al peso del martillo.

La presión no puede romper
Un centro tan congelado;
La herramienta no arranca ni una astilla,
El núcleo queda sellado.

The adamant

THOUGHT does not crush to stone.
The great sledge drops in vain.
Truth never is undone;
Its shafts remain.

The teeth of knitted gears
Turn slowly through the night,
But the true substance bears
The hammer’s weight.
Compression cannot break
A center so congealed;
The tool can chip no flake:
The core lies sealed.

.

1999-3-16_thTheodore Roethke (1908-1963). Poeta estadounidense de tono predominantemente autobiográfico. Autor de libros como Casa abierta (1941), El hijo perdido y otros poemas (1948) y El despertar (Premio Pulitzer de 1953). Existo, dice el cordero (1961) incluye poemas para niños. Sus últimas poesías se publicaron póstumamente en El campo lejano (1964).

Los textos escogidos forman parte de Poemas, Huerga y Fierro editores (2000) traducidos por Alberto Girri.

Fotografía de Randlett Mary.

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Fotos: Trent Parke

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Los Días

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se reconstruyen las voces
en las gargantas ciegas
inútil olvidar la sangre a cántaros
el sol desvanecido
y su mirada glacial
se introduce en las córneas
desgastando los días
lanzados al pozo.

© 2012 Natalia Lara

(Venezuela)


Niños de la guerra
por David Seymour
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Poema XIV

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De usted nace la marca de la náusea

cuando expone el alma insidiosa

de una ciudad a oscuras.

Usted que se sabe semimuerto

solo desde el primero de los títulos

frente al muro inexacto de los mares

sin ninguno de los equivalentes

de Berzelius bajo su sombra.

A usted lo persigue el surco antiguo

custodio del aro distribuido en su cintura

donde habitan los movimientos soterrados

de un tiempo insano

(los que reaviva con el barro volcánico

de la derrota).

Usted es hoy el hueso roído del águila,

astilla en el panal apedreado,

d  e  s  p  e  r  d  i  g  a  d  o

va en la búsqueda del espejo cóncavo

donde develar las ruinas de un siglo atabacado.

Usted, en la ternura ociosa del claustro

se va adormeciendo, y en lo índigo

del amor que escasea

su jerarquía es humo y mansedumbre:

Vive para la sordidez

entre el saldo negativo del deseo.

A usted, pájaro hemorrágico

los años le empujan el plumaje,

raramente se hunde en la alfombra

la redondez de una lágrima.

Sin precisión para dejar su mordedura en el otro

Usted, Poeta, “ese animal triste”.

© 2014 Natalia Lara

Venezuela

Dos Poemas de Armando Rojas Guardia

*

Armando Rojas Guardia. No recuerdo con exactitud cuándo llegué a descubrirlo, pero sí lo que me causó adentrarme a su obra esencialmente poética, de simpleza estilística; los símbolos que me permitieron construir un imaginario, la conmoción al descubrirme en alguno de sus versos, buscando entonces emularlo con algún poema.

Escritor fundamental de la lírica venezolana, nacido en el año 1949, fundador del grupo Tráfico, último grupo literario de la Venezuela del siglo xx.

Los textos a continuación descritos forman parte de su Antología Completa, Ediciones El otro el mismo.

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***

De Poemas de quebrada de la virgen

19
No buscados, hoy amanecen el pan sin el soporte de la mesa, el agua regia sin el vaso, el árbol sin las letras que lo escriben o pronuncian, el pájaro puntual en la ciudad dormida.

La lluvia pisa la grama y resucita vírgenes perfumes. La cal nueva fulge en la pared del campanario donde el domingo me convoca.

Ese trozo de musgo en el asfalto me recuerda que el Mundo, subversivo, derrota a la Historia finalmente. Y con él, vence este día, cabal e impronunciado, rendimiento en su fasto la basura acumulada ayer sobre la acera.

Hay asueto en la entraña del silencio y hasta las motocicletas braman hoy en el vacío festivo, como un circo de animales prehistóricos jugando en la infancia silvestre del oído.

La calle de siempre es otra calle: una estampa escrita por detrás en la caligrafía primera de la luz. No hay mariposas, pero en cambio los ojos de aquel perro, bajo el porche, agradecen, acuosos, el sol tibio.

Me miran ignorando su dulzura en la extática plegaria del instinto.

¿Cómo cristalizó el mito de esta hora en el ateísmo líquido del tiempo? Alguien dibuja el día por nosotros. Alguien me ama hoy, secretamente.

(A Alberto Barrera)

25

Así como a veces desearíamos que Karl Marx y Arthur Rimbaud se hubiesen conocido en una mesa de algún Café de Londres, mientras en el agua sorda del Támesis -ahíta de grumos aceitosos que flotan entre botellas y colillas y ropa gris de gente ahogada- espera el Barco Ebrio, ya sin anclas, a que el fantasma que recorra Europa suba también, para zarpar (Karl, vestido con blue jeans marineros se despide de Engels en el muelle y Tahúr hace lo propio con Verlaine -los sueños insolentes hasta ahora enfundados en la gorra que usó él mismo en la Comuna);

así como, a estas alturas, quisiéramos que Hegel, apeado del estrado de su cátedra, hubiese visitado a Hölderlin un día en su manicomio oculto de la torre para escuchar cómo el demente -sin reconocerlo tal vez en su delirio- le habla de un viejo amigo de Tubinga con quien, en mitad de una fiesta adolescente, bailó una mañana, junto a un árbol por ellos mismos levantado (“Libertad”, lo llamarían) tan fieros y felices como niños orinándose, con el impudor de los puerros, frente al rey (en la siesta monocorde del verano, recordando novias suavísimas de Heidelberg, los dos compañeros se confiesan: la razón deben pedirle a la locura su danza irreductible, la inocencia con que el loco Hiperión, desde su torre, enseña al profesor de la luz blanca, la rosa de los vientos del Espíritu, no termina en el Estado de los Césares, se burla de las Prusias de los Káiseres);

así querría yo hoy que a William Blake lo hubiesen dejado predicar un solo día sobre el púlpito labrado de una iglesia -la catedral de Westminster, por ejemplo- en presencia de arzobispos y presbíteros y de una multitud de feligreses harta, como todas, de sermones. Imagino el viento sagrado resonando, por primera vez, junto a los mármoles, mientras los cuerpos, desnudados por fin como a la hora del agua o del amor, se erizan con el paso del Dios vivo y tiemblan ante el olor de Cristo el Tigre devorando las ingles de las almas, ahora tan intactas, tan ebrias y tan vírgenes como la de aquel niño canoso viendo ángeles a la hora en que arde Venus sobre Lambeth y hasta las prostitutas de Soho profetizan.

ROJAS-GUARDIA

Armando Rojas Guardia.  Nació en Caracas, en 1949. Entre 1967 y 1973 fue marcado por la experiencia religiosa como estudiante jesuita y como miembro de la comunidad de Solentiname (Nicaragua), dirigida por Ernesto Cardenal. Obtuvo el Premio Conac de Poesía, en 1986 y en 1996, y el premio de ensayo de la Bienal “Mariano Picón Salas” 1997. Cursó estudios de filosofía en Caracas, Bogotá y Friburgo (Suiza) y ha ocupado diversas posiciones como editor, investigador y profesor.

**** Foto extraída del sitio http://www.hableconmigo.com/2009/10/20/eva-pulido-marquez-reveron-noble-mas-alla-del-corazon/

«Finalmente el festín»

mujer

*

a Armando Rojas Guardia

He sentido caer los párpados entre los granos de polvo al descubrir una sinfonía a destiempo.

He conversado con la sombra del desamparo – me he posado en sus ruinas.

He mamado el hilo tempestivo de un cello sin cordal triturada su caja hueca en el pandemonio.

He tensado la cuerda que columpió a la muerte con fármacos anticolinérgicos a la hora del postparto.

He saboreado letal sal diseminada junto a las bocas de los míos y aún recorre mi lengua la terneza de los naranjos – su riachuelo florido de un blanco ángel.

He quebrado la paz tenue en el silbido agudo del padre donde reposan mis vértigos.

He truncado la ávida memoria con lo “Áspero” de Arráiz – espeso y rebelde se ha instalado en mis muslos.

Finalmente el festín sobre un lago espectral.

Junto mis manos famélicas y lavo la devastada piel de la calvicie de los días

porque hirsuta y exhausta he sido feliz.

©All rights reserved. Author Natalia Lara 2014

__________________ Foto: René Groebli __________________

La calle

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LA CALLE intoxicada de malos agüeros

los nuevos déspotas con el corazón mullido

 

 

He contenido la palabra para no fundar arrebatos

he forcejeado también con la noche desahuciada

y su menoscabado colchón de maledicencia roja

mientras mi pelvis claudica sin la erupción de los  aplausos.

 

Sola de mí con la libre jerarquía

de alzar apetitos sobre la arenosa espalda,

deshacer el ruido ahíto de sombreados mártires

con olor a almizcle.

 

Uno las herrumbres respectivas de antiguos insomnios

mi instinto se apega al nombre exacto clavado en la ingle

un labio semiabierto lo columpia hasta el hartazgo para sacudir migajas

y  seccionar la resaca tenebrosa que produce el desfiladero.

 

Sola de mí, pulo los ojos nómadas que cuelgan del acantilado

y  una lengua vidente sabe que me acerco

con este morbo intermitente que asquea     

para calzarme a él sin el aire de la fuga

 

limpiarnos mutuamente los rubores de las frentes

tocar las domesticadas bocas y descubrirnos más.

©Natalia Lara

(Obra perteneciente a la revista ensamblada “La tapa del frasco” a cargo del escritor carabobeño Carlos Yusti, 2014)

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Foto: Eikoh Hosoe

Tránsitos

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La soledad, la lluvia, los caminos…

César Vallejo

 

Un arremolinar de mariposas amasadas por su aliento

relámpago arrugado en los cristales

espíritu quebrado en el surco cenizo

agolpado en los maizales de fuego.

Siembra de amarguras resbalando las botas

dolor humoso en  los ojos de polvo

clandestino avanza la tierra amarillenta,

disuelve la elipsis sus pasos en sitios excluidos.

Él no pregunta adónde lo llevan.

Se derrite el sueño en aguas quemadas

tal vez por vetustas mieles escurridas

–         tiempos inmemoriales de luces mansas-

r   e    m    e    m    b    r     a    n     z     a

Inequívoco sol cegando hoy la roca.

El pobre hombre traslación

y el sabor agrio del humus  en sus manos

osando revivir el aroma perdido.

En una vía desfallecida la ausencia a cuestas

su nombre dormido en el pico del albatros.

Una espuma de mar agónica devorará su pecho.

© Natalia Lara

 

 

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Sergio Larraín Photography

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Poema “Estrechez”

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“La carne contra la carne produce un perfume…”

Anaïs Nin

                                                                                                               

 

¡Oh, rojo cáliz que te incrustas

en la ranura, donde se hundía la noche!

La porosidad de la madrugada perenne

y su grito de paz frágil;

los pigmentos de azur luminoso

alrededor de las venas.

Hay un instante que derrama sus aguas blancas

cubriendo las pisadas ardidas de la tierra.

Las vísceras del recuerdo –más vivo que muerto-

d      e     s      c      i     e     n      d      e

como huracán invisible de la carne.

El pútrido perfume intercepta los repliegues

hinchando interno acueducto

hasta desfallecer en vientre náufrago.

Monstruosamente el hombre que alucina

i     n      c      i      n     e      r      a

la vulva roída y redentora de su madre

baña de vino ceniciento el último coito clandestino

hasta salpicarme.

(Suena un gong y un lirio me atraviesa)*

(*) Sonia Manzano

©  Natalia Lara

Imagen

Photo by Burki

Letralia 290 | Letras | Tres poemas | Natalia Lara

La manceba

Pendant que les fonds publics s’écoulent en fêtes de fraternité,
il sonne une cloche de feu rose dans les nuages.

Arthur Rimbaud

La materia del ovillado día traza su dolor de agua
tiende la lluvia sus collares de perlas sulfúricas y nítricas.

Marchito está el recodo de los árboles en flor,
el aire prolonga los polvos y ramajes de orín.

Cae agitada la voz densa de luz sobre las estepas
la doncellez del pájaro delgado se une a los brazos
[del limo triste.

Un hombre de fuego cruza dos estaciones sollozando
después de ofrendar la sangre primitiva de su pueblo,
de exponer la savia abrasada en latitudes lejanas,
de exprimir el fruto turbulento y de desidia.

¡Oh! torrente despeñado en el desmayo de las horas
trueno arrebatado agitando al horrísono nuestras calles
[de antílopes.

Mefisto Rey sobre amarrando las córneas del rebaño
horadando las arterias del suelo atrofiado de silencios que latigan.

Mi corazón en desgastado rumor se desgrana

donde la ley es manceba.

Los legisladores necesitan ciertamente una escuela de moral.

Simón Bolívar

Letralia 290 | Letras | Tres poemas | Natalia Lara.

Los desafueros copulan…

«Mas somos lo que hemos hecho.

Sufrimos, los años pasan,

dejamos caer el peso

pero no nuestra necesidad

de cargar con algo». 

Derek Walcott

 

Los desafueros copulan

como machos y hembras

gimiendo sobre el lodazal

en un terreno empinado

que inmola la libertad

y siembra en el precipicio

al pueblo incólume.

Licuaron clemencia

deshilvanaron la paz

anegados de rojo fiereza

decidieron hincar hasta el nombre.

(De cordillera a cordillera

los vivérridos comieron

de nuestra morfología).

Y así trizas

dispensadas

por sus toscos

habitantes.

(Hemos de naufragar

con las limosnas

mientras crujan los faroles

con una gota de lumbre).

 

 

 (Febrero 15 Año 2014)

 

© Natalia Lara

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Imagen

Fotografía 14II2014 Caracas

«Fruit Punch» y otros poemas. Por Fernando González (Uruguay)

«Fruit Punch», de Fernando González (Uruguay) Fruit Punch

no me pregunten de dónde viene este jugo

porque no me lo puedo ni imaginar

sé que no se acaba

que podría ser resumido hasta quién sabe

que esencia de cáscara de eucaliptos en verano

por esta procesión de ampollas abolicionistas

pero ofrezco tres dedos con anillo

para cargar la imposibilidad de sus síntesis

no me pregunten de dónde viene el jugo

está claro que no es una reflexión de sol invertido

en las cañadas de estas pampas ni skyline

de ciudades con sabor de leyenda

sé que no se acaba

que podría ser difamado/negado/adorado/

pero jamás embalsado para generar energía-bestia

ni cicatrizado por un coro de libélulas tan inciertas

ni agitado por un alud de latas de pintura

que a mí me dejaron con este altercado mafioso

en los dientes sé que nada lo perturba y

daría mi colección de contornos bienintencionados

y sería tierra en tu maceta para verlo multiplicarse

para ver por la ventana donde todo se vuelve humo.

***

Bob Willoughby

Ya veré de tus ojos esquilarte…

ya veré de tus ojos esquilarte con sueños azules
y será tras despojos
donde se cocerá a puntadas de días
-que no te pertenecen-
este relato sobre la paranoia y
los huesos en el extranjero, sobre la venida
de monstruos que ni te imaginas
dentro de cajas de federal express.
nieve sobre nieve sucia
palacios de hielo
la princesa por 22 días,
con los dedos de los pies
más hermosos del mundial de dedos de pies femeninos,
a punto de saltar;
averiado se me queda el pensamiento,
lastimado por la grasa amarilla del sol.

***

Monty Clift

Despedida

una luz está donde está
y no se puede tirar para hundirla,
estará en lo alto de la boca,
se alojará en el bajo intestino
desviara la atención
para no herir al bullicio
de esta fascinación increíble
por el aire acondicionado;
esta luz es la energía del monje
en contradicción,
de un tango en erección,
de un brío en segundas nupcias,
es la división que atornilla el total
del ensamble del parque de diversiones
esta luz, es tanta luz, que no da luz
es el émbolo que inflama la paz
de los traidores hasta que vuelvan las nieves
a dibujar nuevos diseños de micro flores
del paraíso
entonces todo se pondrá tan en orden
y la luz se apagará consciente de su
anacronismo
como un anciano abandona la aldea
para ser comido de tigres.

***

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LO-FI

“no tengo que decir
soy el hombre muerto”

Parmenides Rodríguez.

decibel acilindrado por el canal auditivo
yendo y viniendo con constancia
de río
se sigue el gran ruido gris
fabulando
nuevas
enmiendas

destornillando a la plaga
los remolinos gruesos
hunden el triperío del hombre-res.

 

***

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Como un extraño felino…

Como un extraño felino
te deslizas suave, aceitado en la noche
hasta trepar tu mirada,
tocando las cuerdas de lingas de acero del puente
un felino no de comic book, no de historia de fantasía heroica
Uno que se sumerge en la pelusa subterránea de la noche
se desvive por acontecer y modificar el destino de la chatarra de memorias
de su expiación del vacío
Seguirás falopeándote para mantener intacto tu albedrío
para endulzar la ansiedad
seguirás inflamándote para inflar un globo donde tomen aire tus pulmones hartados de nicotina
cuando las bacterias se coman la carne de las paredes del ensueño
y ya no queden más holydays para escrutar la paz
y llenarnos la cabeza de tannat o cabernet sauvignon de damajuana
serás el mismo que se cure los cortes con mantecas generadas
en impresoras 3D
a fuerza de no haber hallado mejores vacas.

a-FG-anigstan

***

4

A una mujer joven de vestido azul que camina

con timidez por una vereda de piedra

mientras yo tomo mi desayuno en la cafetería

Brillaba , era una piedra y se sentía
liberando energía de calor
sintió ser el argumento de los cielos en la tierra
una especie única que acomodaba el día,
sintió que sus llagas eran bocas
por donde le estaba entrando y se le devolvía
la justicia, el equilibrio limpio de una mañana
justo antes de quebrarse y dejar caer bolsas
de suero oral sobre las orgullosas memorias de las abuelas,

pero los rayos son unidireccionales
y una criatura intensa romperá más tarde
el tubo que la contiene y el haz de energía
se partirá justo en el eslabón más débil de sus lágrimas
y será una piedra que empieza a pulirse otra vez
en el lustrado pequeño zapato de la azafata

y yo desde el coffeeshop la veo alejarse
como un ave suave justo antes de volar ese vestido azul
a los techos de los rascacielos de más allá,
en vano mis ojos solo cuencas se llenan
de intrusos taxis amarillos y el ridículo mal gusto
de una limousine blanca
perdiendo lo que pudo ser y ya no será de esta moda;
bajo la cabeza y veo mi cara al revés en reflejo
de la curva interior de la cuchara de café
y leo en los posos de la taza encuentros futuros.

*

_______________

(1) Google Images

(2-6) Bob Willoughby

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«L’amour»

«L'amour»

hay un flujo que gira como pájaro
sostenido en la célula hace espirales
los movimientos en tiras son leguas de fuego
y alcanzan la sombra del triángulo
el espíritu ríe en los límites
del cincel que frota la pelvis ardida
en el vientre plano gorgotean los polvos
crispan la piel extensa y sus bifurcaciones

el amor es un hilo sordo.

© Natalia Lara
(Venezuela)


Photographer Sanghyeok Bang


Renáceme en la piel de un país nuevo

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«Se abren piernas,

la lengua taladra el palacio de la muerte,

dos se hacen uno».

Bernardo Chandía Fica

 

 

La descomposición de la hora en macilento aliento,

                 la cólera de los otros por traslúcidas miserias,

                      bajo el dogma miasmático un bocado de cicatrices…

Se me ocurre amarte

instaurarme en imantado vientre,

jugar a los dados promisorios,

hacernos el bien

sin el toque de lunáticos caudillos.

Oscilar las manecillas

de esta poligamia mental,

emancipar las quejumbrosas fronteras

y con la fricción vaginal

pavimentar flageladas avenidas.

¡Ah! Disuélvete, amor, perturbado

cuécete en los costados apiñados

que devotos elevarán tu espíritu lascivo.

Disípame la angustiosa mudez que se desgrana,

el séquito lodoso bailoteado de vergüenza

y las manos sangrantes hinchadas, homicidas…

La modorra del rebaño liberal ardido en sordidez

y mi alma irrepetible beberá los resquicios de tu alma

dejándote huérfano de iracundas heridas.

(Saborearé en la cosquilla del pináculo

el néctar de nuestro extravío)

Fecúndame la libertad del relámpago,

y renáceme amor

no me resigno…

 

 

© Natalia Lara

 

(Poema perteneciente a la Revista Ensamblada La Tapa del Frasco, a cargo del escritor carabobeño Carlos Yusti)

 

 

 

 

 

 

 

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Foto: Guan Zeju

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José Ramón Medina: abogado, escritor, poeta y político venezolano.

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Texto sobre el tiempo

 

Decimos: no hay paz, no hay descanso

para estas pobres manos,

para estos pies con prisa,

para este pecho solo.

Y tú escuchas y callas.

Y tú callas, solemne, en tu grandeza.

 

Decimos: estas horas suenan a tiempo muerto,

las hojas del verano recuerdan la tristeza,

y no hay un césped nuevo

para echarnos a andar sin marchitar la carne,

sin dolernos los años sobre el cuerpo

desde tantas inútiles cadenas que nos cercan.

Y tú escuchas y callas. Y el silencio es tu reino.

 

Decimos: estos hombres son débiles, Señor,

se doblan como el junco, irremediablemente,

nuestras fuerzas decaen frente a muros intactos

y no podemos más sobre la tierra

porque un follaje umbrío nos retiene.

Y tú escuchas y callas. Y la armonía rodea tu hermosura.

 

Oh, Señor, desde tu límpida noche

mira esta noche triste en que invocamos tu nombre,

mira esta pobre carne en que moramos;

no hay sangre donde puedas posar tu pie libremente,

ni prado donde no exista el principio de la marchitez,

ni espejo donde puedas mirarte como en un pozo cristalino.

 

Líbranos, Señor, de esta cárcel tejida con tantas redes,

con tantos huesos inútiles, con tantas sangres ciegas,

porque el leño se quema en medio de la soledad

y sólo cenizas recogemos en la desolación del día.

 

Y tú escuchas y callas. Y el viento solo,

el viento de la tarde, mueve las hojas caídas,

amarillentas, del verano…

 

 

*

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Paisaje

 

De esta humedad crecida, en el fondo,

un ojo rencoroso nos mira turbiamente,

desgarrando los pliegues de la yerba y el agua,

unidas en la muerte de la tarde, en el ronco

espacio ardido de las antiguas cigarras.

 

No atrevo mi historia de varón exacto

entre los graves responsos de esta catedral silenciosa;

bajo los árboles, con su  oculto misterio, con su temblor

de ave oscura, royendo la invisible serenidad,

alguien nos llama con una voz profunda,  irrescatable.

 

(Hemos venido de la ciudad.

Somos cinco hombres. Íbamos

al mar. Nos quedamos en esta playa.

Nuestros corazones

ya habían empezado a morir.

Eran la sombra

de muchas fechas, de muchos

rostros fieles, de alguna

triste circunstancia de amor, acaso

de aquellos viejos ritos olvidados.

Y sin embargo…)

Desconozco esa ebriedad inútil de la arena,

esa seca corteza de la tierra porosa

que agarra nuestras huellas, que las hunde

en memorias de cactus, de roídos espejos

brillando en la profunda ceguedad de una pupila.

El verano, la dura garganta del verano,

sobre el corazón desierto, como la tierra, canta.)

 

Hay una mano inerte al comienzo de la sombra.

Y una boca, tristemente, besa las viejas calaveras grises.

wh_pv_szinetarvasco_obra_pr_151215_28Poeta, jurista, periodista, ensayista, profesor universitario y diplomático venezolano. Absolutamente fiel a la poesía. Perteneció al grupo Contrapunto. Autor de una extensa obra.   (Foto: Vasco Szinetar)


José Ramón Medina, Alquimia de los Espejos, Monte Ávila Editores Latinoamericana. Venezuela, 1997.

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Foto: Miyako Ishiuchi

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