La noche se eslinga en ojeras…

 

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*
 
 
La noche se eslinga en ojeras
penetra la desnudez del templo efímero.
Una espuma ecuménica del crepúsculo
besa alunada mi garganta.
 
 
 
 
 
 
© Natalia Lara
 
 
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Foto: Eikoh Hosoe

Un poema de Arturo Uslar Pietri

 

 

 

Patricio-M.-Lueiza-Portada

 

La cárcel

 

 

¿Quién hizo este espacio hueco,

esta fábrica enorme sin sentido,

en laberinto frío de pilastras y arcos,

esta agobiante soledad de piedra,

esta pesada mole de soledad y sombra

que pudiera estar fuera del mundo?

 

¿Cuántos esclavos, cuántos años y vidas,

cuánta roca, tan fría, tan ajena,

cuántas terribles formas poderosas,

inmensos arcos, bóvedas sin término

donde la luz lejana se insinúa?

Balcones, puentes, pasadizos, troneras,

que entran y salen de los gruesos muros,

de los que penden cordajes y cadenas,

argollas, trapos, hierros retorcidos.

Máquinas de dolor cubren el piso,

cepos, carlancas, ruedas de tortura,

tenazas, torno, garrucha y caballejo

y rejas y más rejas y otras rejas,

puestas exactas sobre puertas ciegas.

 

¿Para quiénes se hizo cárcel tan sobrehumana?

Locura de Babel, domo de Qubla Qan,

roído en ruina,

juego cruel de los cíclopes de un ojo,

maravilla de horror y desvarío.

No más grandes que púas y eslabones

sombras sin rostro perdidas se vislumbran,

vagas figuras quietas, asombradas,

diminutas y solas en el ámbito

de lienzos de muralla y puentos rotos,

¿a quién vigilan y acechan?,

¿quién está encadenado entre los muros y las rejas?,

¿qué alumbra sin mirada la lámpara profunda

cuya cuerda se pierde en las alturas?

¿De dónde sacó Piranesi esta invención,

este capricho de cárceles oscuras?

Coliseo y Panteón de las angustias,

más imponente y cierto

que los que el tiempo deshacía en Roma.

 

Todo era cárcel, lo supo de repente,

todo era una inmensa cárcel desmedida,

el hombre estaba preso, solo, en algún lugar

de una inmensa mazmorra,

todo era rejas, cadenas y tormentos,

nunca terminaba de sufrir la tortura,

potro, charniego, palo,

rueda quebrantahuesos, cepo y fuego,

para el castigo de una culpa incierta.

 

La estructura inmensa,

las bóvedas rotas y los arcos,

las cadenas, los puentes sin destino,

no tenían otro irrisorio objeto

que encerrar, supliciar y castigar

un ser humano,

un cautivo, un preso,

un tembloroso espectro de pavura,

dos piernas y dos brazos

quebrados en los hierros y los golpes,

pies entre grillos,

y una cabeza ya sin voz, ya sin vista,

a ciegas, solo,

en la cuestión y al ansia sin sentido.

 

No hay verdugo ni alcaide,

sólo presos,

sólo dolidos,  condenados todos,

en la mole ciclópea de tortura.

 

Eso vio Piranesi,

en el gran teatro del destino del hombre,

verdugo y carcelero de sí mismo,

todo cuanto alcanzaba era una cárcel

y en ella, en soledad, estaban todos.

 

 

 

 


Arturo Uslar Pietri, “El hombre que voy siendo“. Monte Ávila Editores, Caracas (1986)

image1Arturo Uslar Pietri (Caracas, 1906 – 2001). Narrador, ensayista, historiador, dramaturgo, articulista, y  político venezolano. Considerado como uno de los más grandes intelectuales del siglo XX venezolano. Tuvo una amplia obra que desarrolló en los ámbitos literario, histórico y político. Sus poemarios serían Manoa (1972), y El hombre que voy siendo (1986).  Entre su extensa y variada obra contamos con: Barrabas y otros relatos (1928), Las lanzas coloradas (1931), Red (1936), Las visiones del camino (1945), Sumario de economía venezolana para alivio de estudiantes (1945), El camino de El Dorado (1947), Letras y hombres de Venezuela (1948), De una a otra Venezuela (1949), Treinta hombres y sus sombras (1949), Las nubes (1951), Apuntes para retratos (1952), Obras selectas de Arturo Uslar Pietri (1953), Tierra venezolana (1953), Tiempo de contar (1954), El otoño en Europa (1954), Pizarrón (1955), Valores humanos (1955), Breve historia de la novela hispanoamericana (1955), Valores humanos (1956), Letras y hombres de Venezuela (1958), Valores humanos (1958), La fuga de Miranda (1958), Materiales para la construcción de Venezuela (1959), La ciudad de nadie. El otoño en Europa. Un turista en el cercano oriente (1960), Chúo Gil y las tejedoras. Drama en un preludio y siete tiempos (1960), Sumario de economía venezolana para alivio de estudiantes (1960), Estación de máscaras. El laberinto de fortuna (1964), La lluvia y otros cuentos (1967), Fantasmas de dos mundos (1979), entre otros.

 

 

 

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Foto: Patricio M. Lueiza

Guillermo SUCRE

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Guillermo Sucre: ilimitada extensión

 

 

 

 

(Tumeremo, Edo. Bolívar, 1933)

 

 

 

“Nadie tiene la palabra aunque hablen

o todos la tienen aunque callen”

 

 

El aporte del poeta, traductor y crítico literario, Guillermo Sucre, ha sido de gran valía como pensador de las Humanidades en Venezuela, ahondamiento visible muy elocuente en la creación poética y ensayística.

La calidad de su obra fue reconocida a tiempo, sin embargo, el prestigio más alto lo obtuvo con los textos ensayísticos sobre poesía hispanoamericana situados en La máscara, la transparencia, publicación realizada en el año 1975. Como poeta, pudiera decirse que ha permanecido subestimado.

Guillermo Sucre Figarella nació en Tumeremo, Estado Bolívar, el 14 de mayo de 1933. Su infancia y parte de su adolescencia la vive en Ciudad Bolívar, después de haber quedado huérfano de padre. Su iniciación en la literatura fue a través de los libros de su abuelo, Juan Manuel Sucre Ruiz, miembro de la Academia Nacional de la Historia. Se traslada a Caracas en el año 1945 para cumplir estudios de bachillerato. Se integra al grupo literario Cantaclaro. Colabora con la dirección del periódico Espiral. Durante un acto en el Centro Venezolano-Americano participa en una actividad política que lo lleva al presidio en la Cárcel Modelo donde permanece tres semanas. Después ingresa a la Universidad Central de Venezuela para estudiar la carrera Filosofía y Letras, estudios interrumpidos por la huelga universitaria. Con la pérdida de la autonomía de la universidad, decide participar en actividades de protesta. Es detenido en la cárcel de El Obispo, luego pasa a la Cárcel Modelo y más tarde se le exige el exilio, en 1952. Permanece por tres años en Chile; allí continúa los estudios que en su país natal inició, en el Instituto Pedagógico. Una vez que los culmina se traslada a París (1955-56), realizando un doctorado en Literatura Latinoamericana. En 1956 regresa a Venezuela como prisionero político, condición en la que permanece hasta 1958. En esos años escribe su primer poemario Mientras suceden los días, donde manifiesta su experiencia del exilio.

En 1958 funda el grupo literario Sardio que se disuelve en 1961, entre cuyos integrantes estaban escritores notables como Salvador Garmendia, Ramón Palomares, y Adriano González León. En ese año publica su primer libro de poemas. En 1959 regresa a Francia becado por la Universidad Central de Venezuela y el gobierno francés para estudiar Literatura Francesa. Regresa a Venezuela en 1962 y ejerce la docencia en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y en el Instituto Pedagógico de Caracas. Trabaja como redactor en la revista Zona Franca y dirige el Suplemento Literario del diario oficialista La República junto al chileno Martín Cerda y el venezolano Luis García Morales. Como trabajo de ascenso en la UCV en 1965 escribe un libro de ensayo sobre la poesía de Jorge Luis Borges: Borges el poeta, editado por la UNAM en 1967, también será publicada por la editorial venezolana Monte Ávila y traducida al francés en 1971. En 1967 dirige la revista Imagen; al año siguiente viaja a Estados Unidos con la finalidad de ejercer la docencia en la Universidad de Pittsburg donde da clases de literatura latinoamericana.

Durante esa época publica su segundo y principal libro de poemas: La mirada (1970). Entre 1972 y 1975 colabora en las revistas literarias de difusión continental Revista Iberoamericana, Eco y Plural, y en los libros de estudios colectivos: América Latina en su literatura (1972) y Aproximaciones a Octavio Paz (1974). Ese mismo año publica una obra sin precedentes en la ensayística venezolana, La máscara, la transparencia, que será premiada el año siguiente con el Premio Nacional de Literatura. En 1975 regresa a Venezuela y trabaja como director literario de la editorial Monte Ávila, publica el poemario En el verano cada palabra respira en el verano y, en 1977, Serpiente breve. Hacia finales de 1988 publica La vastedad; da clases en la Escuela de Letras, edita y prologa varios de los libros de escritores venezolanos como José Antonio Ramos Sucre y Mariano Picón Salas. En 1933 publica el que hasta ahora es su último poemario La segunda versión, y fruto de sus vastas lecturas de poesía latinoamericana que ya había demostrado dos décadas antes con su libro La máscara, la transparencia, su Antología de la poesía Hispanoamericana. Realizó labores como traductor, trasladando del inglés a los poetas William Carlos Williams y Wallace Stevens, y del francés a André Breton, Saint-John Perse y René Girard. Entre las distinciones logradas tenemos: Beca Guggenheim (1970), Premio Nacional de Literatura en el género Ensayo con la obra La máscara, la transparencia (1975), Premio Francisco de Venanzi por la Universidad Central de Venezuela por su gran trayectoria investigativa (1996), Doctorado Honoris Causa por la Universidad Central de Venezuela (2009).

El epígrafe de José Martí que acompaña a La nueva mirada, correspondiente al Capítulo I del “libro más abarcante y penetrante que se conoce sobre la poesía hispanoamericana del siglo XX”, —como lo señala Alfredo Chacón en sus Lecturas de poesía sobre La máscara, la transparencia— interpela:

“¿Quién no sabe que la lengua es jinete

del pensamiento, y no su caballo?”

Con ese preámbulo nuestro autor nos muestra lo que mantiene, probablemente, como ideal: lo idiomático es la trascendencia, lo sempiterno, sumado a la aquiescencia del destino. Así lo devela en su poesía, presente, aunque un poco desmembrada en este atabacado siglo.

El primer libro de poemas Mientras suceden los días (1961), compuesto por los textos escritos en el exilio entre los años 1955 y 1957, está dividido en tres partes: “Mientras suceden los días”, “De los viajes y el regreso” y “Donde el viento no ha podido vencer”.

La visión que identifica la soledad, el destierro, el exilio:

“Y nuevamente

soy el movimiento de los días,

el movimiento de los árboles,

el movimiento de las hojas de otoño

recién extinguido”.

El diálogo con las palabras, la búsqueda por hallarse en nuevas imágenes, cierta melancolía entregada en el lenguaje. En el poema III dice:

“Este rostro en cuyo tácito fulgor

los recientes martirios

se coronan de soledad,

de orgullo.

O aquél donde la nostalgia abate

águilas, devora soles y sólo

encuentra edades ya desaparecidas.

O el que se transfigura en su penuria

y se hace implacable

como la tierra

se hace ilimitada extensión.

O el más solitario , mi otra faz,

mi doble vertiente de luz y sombra,

ése en quien el honor modela

su propia máscara, su agria ternura.

Oscuros rostros. Hirientes, luminosos.

Huesos labrados o combatidos por el tiempo.

Relámpagos que surgen de sus noches

y rasgan la otra penumbra, la otra

desdicha del cielo.

Astros al fin perplejos en donde lucen

el horror y la grandeza

de estos días”.

La estética de Sucre ha sido comparada a la de escritores como Octavio Paz y, Jorge Luis Borges. Cómo comunica su decir poético, la negación de la historia por la poesía, entendiendo que el lenguaje no es sustituto de la realidad, ni del mundo. En el poema V tenemos:

“Me abandono a la gloria de ser.

Celebro esta soledad, este orgullo.

Distante y próximo de mí mismo,

doy al fuego lo más feroz,

lo más puro del odio que rezumo,

y ardo luego en sus llamas

como en mi sangre.

Asumo mis dudas, mis tormentas:

soy lo que la tierra conquista,

más que su muerte, su destino.

Amo lo implacable, lo que fluye.

Del hombre exalto el júbilo

de su instinto, el rayo vengativo

de su amor, sus vigilias.

Y no doy paz ni tregua,

sino espadas,

a la turbia idolatría del espíritu.

Paciente, todo en mí se contradice,

se redime,

y en mi alma se engendran,

se devoran y al fin comulgan

los mitos y la realidad de mi especie.

Y digo que nada sucede, que nada

se levanta o derriba,

se apaga o se ilumina

bajo la mirada del hombre,

sin que la amorosa ráfaga del sexo

se desencadene sobre el mundo”.

Toda presencia se integra al silencio, la aceptación del destino que, aun siendo Sucre un exiliado, mantiene en la mirada el recuerdo, y se tiñe de compañía.

La pérdida temprana de sus padres, el sentimiento de la ausencia, la infancia útil en el tiempo, se observan en su literatura.

“Las palabras que no logro inventar

son las que me explican.

Sonido ahogado bajo las grandes lluvias

de mi infancia

y ese horror ese estupor

entre los follajes de la noche”.

La naturaleza es nutriente y, toman importancia las palabras cuando hacen contacto con el mundo:

“Ya no estamos en el verano

Pero somos el verano

Pudimos ser de otro modo

Nos tocó otro destino

Somos tierra encarnada

El sol trama nuestros sueños

El mar tu fragancia

La memoria se cierne en la arena

El agua te baña y floreces

Coral del deseo

El aire y tu cuerpo se dilatan

Copa de transparencia

El seco licor del lenguaje nos somete

La soledad el orgullo

Arco del cielo

sin horizonte

Tu cuerpo crea el espacio

Si un pájaro cruza

Un relámpago rasga tus ojos

El mar se ilumina y sus heridas

Blancas

se cierran en tu piel

Sal que devora y nos devora

Brillo que ciega y nos ciega

Nos tocó ese destino

Me tocó verme

En su destello

en tu mirada”.

En el verano cada palabra respira en el verano (1976), viene a ser el tercer libro de poemas de Sucre. Dividido en cuatro partes: “La felicidad”, “En el verano cada palabra respira en el verano”, “Entretextos”, y “Viendo pasar el Monongahela”. Este conjunto fluye con la conciencia y el protagonismo es esencialmente de las palabras. Prevalece el recurso de la simultaneidad, lo que evoca la ambivalencia mantenida en la poética de Roberto Juarroz. De este autor argentino Sucre señalaba que la palabra se ve desafiada en su poder de encarnación.

“Para empezar: no moriremos de poesía

nadie tiene la palabra aunque hablen

o todos la tienen aunque callen

poetas de su tiempo llegan a destiempo

me voy con los que parten y no regreso

anuncio a los que nada anuncian

el ojo del poeta se adueña del mundo

que reaparece

condenados a la realidad por la realidad

que inventamos

(realidad, realidad, no me abandones)”.

La perspectiva de la figura femenina también es referencia, presencia que se funde y aviva, su entrega que nutre “la amorosa ráfaga del sexo”. En un poema que dedica a su amante nos muestra:

A Julieta, en Cala Ratjada

“En mi obscurecido lenguaje penetra de pronto tu fulgor

estalla la estación.

Higuera alta dorada en el verano

de aquella isla.

Vientre que entonces reposabas como

la arena.

De una palabra a la otra arde luego mi paciencia. Viña lentamente macerada

por el deseo. Lámpara que un moscardón ciego hostiga.

Los vientos, la hojarasca, las memorias han pasado. Arpa que resuena

bajo mis manos, en tu cuerpo aún habitan los silencios. Otro idioma se

engendra con los sueños. En las ruinas de un amanecer su tenebroso

plumaje se ilumina.

Mar de jóvenes amantes: vigilia bajo el tiempo. De la penumbra de la

noche al fin brotabas, triunfante, desbordada sal, irisada para la

profundidad del día. Mirábamos sin espanto el nuevo sol. El pardillo

de alba que cantaba en tus ojos. Mirada águila. Mi única cumbre por conquistar.

Mi único cielo, bajo el cual mis palabras son relámpagos”.

Alguno de los nombres que expone la historia de la literatura venezolana, y las influencias para la época, sería justamente el de José Martí y su paso por Caracas. El peso de éste, como lo expresa Gonzalo Picón Febres en su libro sobre literatura del siglo XIX, básicamente sobre la oratoria, la retórica, y la elocuencia.

Para muchos críticos, los poetas venezolanos serían acusados de “imitar cualquier asunto extranjero”. A pesar de esos señalamientos, Sucre desde los años sesenta trabajó a partir de su intuición, combatió los americanismos, hispanismos y telurismos. Ya de nuevo en la escuela de Letras en la Universidad Central, conoce a dos profesores decisivos en su formación, el destacado filólogo Ángel Rosenblat y, el escritor y diplomático venezolano Mariano Picón Salas. La relación de Guillermo Sucre con ambos maestros fue de amistad, y en el plano intelectual.

Guillermo Sucre recupera su libertad con la caída del régimen de Pérez Jiménez, comienza entonces a intervenir en el campo cultural venezolano, y su apoyo continuó para el partido Acción Democrática.

Teniendo total conciencia de su rol como crítico, yendo de la superficie a la hondura, también muestra la otra cara, la del poeta que, de lo invisible se transporta hacia la superficie.

En La vastedad (1988) el conflicto entre realidad e ilusión:

“Escribo con palabras que tienen sombra pero no dan sombra

apenas empiezo esta página la va quemando el insomnio

no las palabras sino lo que consuman es lo que va ocupando la realidad

el lugar sin lugar

la agonía el juego la ilusión de estar en el mundo

la ilusión no es lo que hace la realidad sino la ráfaga encendida

simulacros donde ocurren las ceremonias

intercambios del fulgor del vacío del deseo

ya no hay sitio para la escritura porque ella es el sitio mismo

de lo que se borra

no descubrimos el mundo lo describimos en su terca elusión

ya no volveré al mar pero el mar vive en esa ausencia

que es el mar cuando la palabra lo dice

y se derrama sobre la página como una mano

ya no estaré en el bosque sino en la hoja que escribo

y entreveo su ramaje pasa el viento

ya no habrá más verano sino sol que devora a la memoria

y viene la gran noche de la arena que cubre los ojos

y sólo podemos leer lo que no estaba escrito.”

La presencia de la poesía de Sucre ha tenido vientos contrarios, pero sus símbolos universales, la conciencia de finitud, partir del poema al autor, y “ubicar el poema en el centro del mundo”, lo hacen definitivamente necesario, con su mirada que estremece, y que busca transformar lo ya dicho, aún sin existir lo imagina, incluso la felicidad:

(…) Así pues no puedo hablar de la felicidad pero

puedo callarme en ella

recorrer su silencio la vasta memoria de no

haberla tenido (…)

Frente a lo irracional, la racionalidad del poema, pero jamás indiferente a la condición humana. La facultad del lenguaje, la mano que lo escribe sin absolutos. La creación como núcleo, y el lenguaje como horizonte para nuestro talentoso, Guillermo Sucre.

 

 

 

 

 

 

Mayo 13 de 2017

 

 

 

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  • Guillermo Sucre, “La máscara, la transparencia”, Monte Ávila Editores C.A. Caracas, Venezuela (1975)
  • Alfredo Chacón, “Lecturas de poesía”, Oscar Todtmann Editores. Caracas, Venezuela (2005)

 

 

 

 

 

 

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Foto: Roberto Mata

 

Yo no naka wa

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(…)
Lugar común,
oficio de transitar tiempos convulsos.

El escozor de paloma
tasajeada a sus extremos.


Algo me libera y devuelve
la necesidad de ir cantando viento
tras el amargo navío.

Yo te conocí cuando eras estatua,
mármol primitivo dentro de mi sangre,
rumor azul en las montañas
de tu barba como túnica.

Escribí en tus labios y frente suaves,
dirigí mis manos hacia tu talle de trigo.

Tú hallaste una puerta oceánica
diste un último sorbo al salitre.

Impermanencia apacible
fuga de los condenados…

¿Quién me alumbrará
en la intemperie?

Yo no naka wa – Estoy aquí
Furu -ike – un viejo estanque
Chiru hana o – va hostigando.

©All rights reserved. Author Natalia Lara

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Foto: Lukas Vasilikos
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P L E N I L U N I O

 

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“Y hay en la mar aquel silencio
donde suena el reloj carnal,
donde las nubes de tu sangre
y de mi sangre se abrirán.”
Miguel Arteche

Soy la obsidiana abrazada
al quejido en plenilunio
mordisqueo el relámpago
que se perfila entre niebla.

Incendio mi cuello
con brisas remotas,
cae en la hendida
tu playa huérfana.

Repartes la materia
de otoñal aroma
mis venas van tejiendo
delgados perfumes.

Voy sobre tu espalda
rompiendo el hambre
en nado apocalíptico
renaces en la lumbre
de mi piel fecunda.

Disuelve la madrugada
su agonía
es un anillo azul
de eternidad.

© Natalia Lara

 

 

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Foto: Miguel A. Daus

Ida Gramcko: múltiple ramo

Ida Gramcko

(1924 – 1994)
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“Nada de lo bellamente vivido es pasado”

 

         Para dar testimonio de algo que refiere al pensamiento, sin caer en el juego de la estimación, es necesario recorrer con precisión no solo la obra literaria, sino también la experiencia de vida de una mujer con una gran energía creadora, precoz y autodidacta, como lo fue Ida Gramcko.

 

Cuentista, dramaturga, ensayista, poeta y periodista venezolana.

 

Licenciada en Filosofía por la Universidad Central de Venezuela, profesora de Literatura en la misma casa de estudios, y en el Instituto Pedagógico de Caracas; profesora de Filosofía en el Centro de Arte Gráfico. Inició su carrera periodística a la edad de los 19 años —sin ser bachiller— en Diario El Nacional, como reportera en periodismo policial y cronista. Allí hace carrera por 50 años, en la compañía del que sería su esposo, el también periodista José Domínguez Benavides. Colaboró en revistas y periódicos: Diario El Globo, Diario El Universal, Revista Élite. Fue un referente en temas culturales y científicos. Enviada por el presidente Rómulo Gallegos en el año 1948 como encargada de negocios de Venezuela en la Unión Soviética. Obtuvo distinciones importantes en narrativa, teatro y poesía.

 

Entre su obra encontramos: Umbral (1942), Cámara de cristal (1943), Contra el desnudo corazón del cielo (1944), La vara mágica (1948), Poemas (1952), Poesía y teatro (1955), María Lionza (1955), Juan sin miedo (1956), La dama y el oso (1959), Teatro (1961), Poemas de una psicótica (1964), Lo máximo murmura (1965), Sol y soledades (1966), Preciso y continuo (monografía sobre el pintor Mateo Manaure, 1967), Este canto rodado (1967), El jinete de la brisa (1967), Salmos (1968), 0 grados norte franco (1969), Magia y amor del pueblo (1970), Los estetas, los mendigos, los héroes (1970), Sonetos del origen (1972), Quehaceres, conocimientos, compañías (1973), Tonta de capirote (novela autobiográfica, 1972), Mitos simbólicos (1973), Pirulerías (1980), Mito y realidad (1980), Poética (ensayo sobre arte poética, el símbolo y la metáfora, 1983), Salto Ángel (1985), La mujer en la obra de Gallegos (1985), Historia y fabulación en «Mi delirio sobre el Chimborazo» (1987) y Treno (1993).

 

La luminosidad y la sombra —como lo expresa Gabriela Kizer en la biografía de Ida Gramcko publicada por El Nacional dentro de la Biblioteca Biográfica Venezolana— provocaron emociones y construyeron realidades en su poética. La grafía, los rasgos, sus vislumbramientos, la fuerza para plasmar mediante el lenguaje su pensamiento que se trasunta en la libertad. Toda la potestad dentro de una habitación, la savia en papeles contemplada. Sus ojos para recorrer el absoluto, visión humana jamás deslindada de la realidad, su realidad fantasiosa. Inspiración y goce para quien la descubría. Andrés Eloy Blanco le dedicó un poema intitulado Lamento y gozo del destino lírico, sabiéndola niña, capaz de expresar metáforas genuinas.

 

En Poemas de una psicótica dice:

“…pese a estar triste, pese a estar turbada

por el miedo a la duda, y si he sentido

lo total, padeciendo más callada,

si me alcé sobre el grito y su estallido

como entera confianza delicada,

si no he visto y en lo único he creído

y soy la fe más bienaventurada,

¿puedo esperar lo que yo anhelo? Pido

sabiendo que mi voz será escuchada,

como se escucha un manantial sin ruido”…

 

El ejercicio literario de una época que todavía mantenía rima, métrica y estrofas clásicas en las que fluía la autora con el poema. Lúcida en esencia , tempranamente sólida y reflexiva. En Poemas escribió:

“ Nadie escoge su olvido.

¿Para qué si la ausencia

recuerda lo que fue y el raudo nido

prosigue sin cesar en la apetencia?

¡Vuelve!, grita el amor, y lo que ha sido

es en su grito nueva transparencia.

Inmenso ser inmerso en el pedido

devuelta está tu voz, tu confidencia,

tu secreto, tu piel, tu repetido

fiel hontanar que nunca es la carencia

sino el cambio de sitio, el transferido

sitial a otro dulzor, a otra potencia”…

 

Las formas, el noble lenguaje en el substratum de nuevas perspectivas, la limpidez en su poesía femenina y musical.

 

“Cámara

de cristal

mi lágrima.

Y el mar

y alcoba pálida

mi sollozo.

Mundo de celofán”…

 

Dentro de un ambiente que resultó ser un torbellino de misterio, bajo el cuido exclusivo de un padre temeroso y protector, transcurrió su infancia; la poeta junto a su hermana Elsa, lograron tejer una red beata únicamente posible con el don del arte.

 

“…Alegre libertad dice: me llamo…

(aquí su nombre). Fructifica

antagonista plácido y cercano

como una carne mágica y melliza”…

 

Ida Gramcko forma parte importante de aquel grupo de jóvenes que se dedicaron al estudio de la filosofía y de los instrumentos de expresión, cultivando en todo el trayecto de su vida la poesía como experiencia intransferible.

 

“… A veces tengo alas. Los cabellos furtivos

se fugan entre ratos de las furias del viento,

las manos, como arañas, van tejiendo en sus giros

una red infinita de locura y ensueño”…

 La alusión al paisaje, a la naturaleza, íntima, con la infancia marcada, donde entraban todos los silencios, siempre en espera.

“…Eras el jardín, sobre los ramos,

ensueño real que aprisionara un niño

en un cesto de mimbre que su mano

agitaba por sendas y macizos.

Hoy eres como rígido del campo,

un paisaje minúsculo en un nicho.

Ataúd de cristal vela tus párpados

-oro y azul- dormidos.

Los lirios están lejos, y los pájaros

mueven el ala pura en el espacio

como en un dedo pálido un anillo. 

Y tú estás sola, inmóvil, en un marco,

como el retrato de un velero antiguo.

Alas de sol. Antenas de amaranto.

Rosa caída en aluvión marchito”…

 

Ida dio lugar a los encuentros, a la amistad, a la diversidad del arte. En una de esas tertulias, ya en el año 1956, Guillermo Sucre conoce a nuestra poeta, y la describe como “una joven floreciente pero no exuberante ni mucho menos dada a los remilgos; más bien pensativa, retraída, un tanto arisca, aunque franca y espontánea al hablar. Sólo que era un ser que irradiaba lo que ahora puedo definir con dos términos que se influyen entre sí: tenía gracia y carácter. La gracia del don creador y el carácter para cumplirlo”.

 

En Contra el desnudo corazón del cielo (1944), constantemente emocional, en contacto consigo misma, padeciendo y sintiendo, expresa:

 

“Ver la verdad intacta,

conjugarla a mi vida como un verbo,

me cuesta el corazón, me cuesta el alma,

me cuesta voz y cuerpo.

Cambio un trozo de luz por una lágrima,

trozo, a su vez, de luz, tibio lucero,

y un nuevo rictus de mi frente pálida

por el profundo pensamiento.

Me va costando todo

llegar al dios eterno.

¡Ah, yo recuerdo mi primer sollozo!

¡Su agua de amor recuerdo!

Desde que supe con divino asombro

que no me era imposible ver el cielo

todo, para ese fin, lo sentí pronto,

todo estuvo dispuesto.

Y el viaje comenzó… De mi retorno

sólo sabrán los frutos y los huesos.

¡Labios, mejillas, ojos,

los ofrendo!

Tomad mi dulce rostro.

Tomad el rostro dulce de mi ensueño.

¿Queréis el tallo de mi torso

elevando la rosa de mi seno?

¡Abridme heridas, pozo

de sangre en el silencio,

para saciar mi sed! ¡Cavad el hoyo

del resplandor, adentro!

¡Oh, lagares de insomnio!

¡Surtidores azules del desvelo!

Sólo te salvas tú, tú que estás solo,

sin mí, desde hace tiempo,

desde que soy la Dolorosa y rondo

en torno al crucifijo de mi encuentro.”

 

Entre los recursos dispuestos por la autora, está la sustitución de la y por la i. En Poemas de una psicótica (1964) el texto poético “El ángel”, correspondiente a la psicosis que padeció, nos lo muestra:

 

“Un Ángel nunca tuvo aureola. Eso es tan irreal como pensar que, cuando se ama, el amor quema sin humedecer. Porque el amor es agua y fuego. Arde la hoguera adentro y de los ojos mana un tibio manantial. Una aureola, además, es mucho más palpable que un redondel de luz. Tanto así que si el Ángel poseyó alguna vez un círculo de oro en torno a su cabeza, se la dio a un niño para que jugara. I ahora el niño lanza ante los hombres un gran aro resplandeciente”…

 

Los estados de pánico, agotamiento, depresión y delirio, llevaron a la escritora a refugiarse en un centro clínico en el año 1959. En Sol y soledades (1966) lo estrepitoso como sentencia:

 

“Y así roídos por la incertidumbre

de toda tez, conscientes del encaje,

vamos, la media sombra, media lumbre,

bebidos por unánime linaje,

pardos por la corteza y por la herrumbre,

verdes por el reptil, por el ramaje,

blancos por pan, quemados por alumbre,

rojos por la cereza y el descuaje,

patéticos de fuerza y mansedumbre

hacia la consistencia del celaje.”

 

Es importante reconocer la extensa obra de una distinguida autora venezolana, su vuelo que conmociona por las circunstancias vividas, el lirismo notorio, dolor revelado, excepcional ser humano que requirió de cuidados y, manos comprensivas. En Quehaceres, conocimientos, compañías (1973), lo que sostiene y emerge:

 

“Un poeta callado es como un bosque que pide luces para su intrincado sendero. Un poeta callado no indica desamor. En donde hay bosque, siempre hay promesa de trino.

Un poeta callado es una sed. No lo lances al agua, en vertiginosa y poco inteligente zambullida. Aproxímale el vaso de agua. Canta cerca de él.

Un poeta callado es como un ave revoloteando en el boscaje.

No lo presiones con el canto. Eso sería enjaularlo. Pero tampoco le ofrezcas muchos árboles, ramas y frutos. Eso sería llevarlo a la deriva. No lo encarceles. Pero no lo vuelvas impreciso. Poda los ramajes. Hazle olvidar los árboles. Señálale, simplemente, el nido. Y el gorjeo vendrá.”

 

Bajo un largo y profundo tratamiento, aún después de retornar al hogar, fueron arraigándose en ella características infantiles. Volvía al salitre, al olor frío del mar, a la psicosis del puerto, las emociones tempranas lejos de aquella colonia alemana arraigada en el suelo de Puerto Cabello; latente en ella la huella rígida familiar, el temor enfundado del que no logró prescindir hasta hacerse flor de luz lanzada al cansancio / a su lívida epopeya una mañana de mayo de 1994.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Abril 25 de 2017

 

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_________

Kizer Gabriela, “Ida Gramcko”, Biblioteca Biográfica Venezolana. C.A. Editora El Nacional. Caracas, Venezuela (2010)

 

 

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Foto: Archivo familia Aristeguieta Gramcko

 

Fotos de la Primera Muestra del Diplomado de Poesía Venezolana Siglo XX en Honor a Elena Vera

 

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Elena Vera. Caraqueña, hija adoptiva de Guayana. Fue poeta, ensayista y articulista. Graduada en la especialidad de Castellano, Literatura y Latín. En la Universidad de Los Andes obtuvo la licenciatura en Letras. Logró su maestría en Literatura Venezolana e Hispanoamericana. Trabajó en la Cátedra de Literatura Venezolana del Instituto Pedagógico Universitario de Caracas.  Fue presidenta de la Asociación de Escritores de Venezuela. Entre su obra poética tenemos: El hermano hombre y el extraño (1959), El Celacanto (1980, Premio José Antonio Ramos Sucre), Acrimonia (1981, Premio Universidad de Carabobo), De amantes (1982), Sombraduras (1988), El Auroch (1992).  Ensayo: Coautora de Cuatro ensayos sobre Ramos Sucre (1980), Flor y canto. 25 años de poesía venezolana (1986), Inventario del espíritu: el aporte del Instituto Pedagógico de Caracas a la literatura venezolana y otras literaturas (1996). Colaboró con importantes revistas de su país, y escribió para el diario El Nacional. Falleció en 1997.

 

*

 

 

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Huimos de la muerte pálida rimada de hastío. Comenzamos por el final; aquí, público incluido, cantando “Alfonsina y el mar”…

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Se duplican las sonrisas…

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Eterno el canto…

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El Poeta: Francisco y los inicios…

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Resplandecientes…

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Esa hoja y su viaje que no olvido… Gracias, Don Cástor.

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Maega es magia…

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Reverencias a tu voz, Mary…

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Maestro, MAESTRO… José Quintero.

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Un señor: Velásquez, Velásquez, Velásquez…

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La poeta…

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Runner y, poeta…

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Descubrimiento grato…

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Sonreímos…

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Mucho antes de que ingresara el público…

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Poesía…

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Atentos…

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Quien escucha los silencios y los disfruta…

 

 

 

*

Especial agradecimiento al amigo José Lanz,  por acogernos en los espacios de la sala que dirige; a Fundaletra Bolívar por el apoyo concedido, a nuestros facilitadores los escritores venezolanos Francisco Arévalo y, Néstor Rojas. Al selecto grupo que hoy, rodeado por el fulgor encanecido de los días, no se limita y en su lugar toma la determinación de aprender, aprender. A todos

g  r  a  c  i  a  s.

 

 

 

 

 

 

 

 

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30 de marzo 2017

Puerto Ordaz, Venezuela

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D i s p e r s o

 

 

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D I S P E R S O

Déjame revivir el rostro de tus muertos,
déjame tocar con mis ojos,
herencia de la noche.
Juan M. González

La niebla de puntillas
oblicua, penetra mis ojos.
Una gota se desgarra
hunde la tierra amarilla.
Asumo la partitura
que el piano al fondo ejecuta.
Y pienso en ti
como un muerto vestido de mariposas
humedeciendo sus alas en el aceite flemático
[de las ramas.
Alzo mi pecho para regar tu bálsamo sobre
[mi brillo negro.
Tu vuelo migratorio dobló el camino
un crepúsculo desvestido petrificó el río,
ya nada queda…

– N A D A –

Mas que el aceite salpicado en el claustro de mis huesos
y aquella gota,

apartada de la tierra.

.

© Natalia Lara

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Foto: Nicolás Bruno

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Dos poemas de Alarico Gómez

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Es un ángel de pluma equivocada

 

 

Es un ángel de pluma equivocada

es una mariposa, es un gentío,

es un monte de luz nombrado río

y es el oscuro aceite de la nada.

 

Cabe en su corazón la madrugada

y las aves que rompen el rocío.

Bocas es de celeste poderío,

ceniza de la tierra abandonada.

 

Y la palabra de protesta cabe,

porque su mundo sabiamente  sabe

ir más allá de toda lejanía.

 

Entre el mito, la fábula y la ruta

es ángel, mariposa, prostituta.

Nace en el fuego. Es la Poesía.

 

 

 

Imagen. Año 1, No. 10. Caracas 21/28 agosto, 1971

(Poetas de Guayana)

 

 

*

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Balada de los mendigos

 

Ha llegado diciembre

y no maldigo.

Se muere una pared

y no maldigo.

Mi corazón, a veces, se siente abandonado,

como un libro después de los exámenes.

Pero yo no maldigo.

 

Busco y no encuentro;

pero no maldigo.

 

Entro en una sala de cine

y sin embargo no maldigo.

 

Sé que quieren dejarme, como al perro, los huesos.

Y todavía no maldigo.

 

Sé que no soy estoico

y no maldigo.

 

Y yo que he soñado la balada en b de burro

a la burra de Balaam,

y que por eso conozco la balumba, la boca, la botella,

y que por eso conozco la botánica, los besos, los altibajos

de la ingrata profesión, y que por eso conozco las

palabras realmente bellas —tu carro al viento;

los cachetes fríos; las mojadas mejillas del murmullo—

por eso no maldigo.

 

Sé de los que trafican con la palabra “llanto”

¡y no los maldigo!

 

No soy débil ni fuerte ni bueno ni malo.

Soy esto solamente:  la sombra de un mendigo,

un fiel representante de mi tiempo,

con su dolor de muelas y de nubes.

Y ante el desnudo bajo como un gran espectáculo

aplaudo a ratas llenas —perdón, ¡a manos llenas!

¡Soy sólo y solamente el ciudadano que compra amor en la farmacia!

Pero, no; ¡no maldigo!

 

Soy un todo en hormigas sobre un hueso,

más allá de la esquina y la charada;

pero nunca maldigo.

 

Saludos a los poetas —digo, algunos—

y, por no maldecir, guardo silencio:

no les hablo de mí, nada les cuento

de mi pintura cotidiana, obsesionante, desgarradora y pintura.

Ni les hablo de Cristo ante las puertas de una resurrección.

 

Porque yo sé de los caballos que se ponen más fríos que un candado.

Porque yo sé del picaporte

con un color de muerte hacia la ojiva.

Porque yo sé de capas superpuestas

en la corteza del ventarrón.

Y ni aun así maldigo.

 

Yo, el desolado, el solitario, el gordo,

dígome: —No has de maldecir. Es muy feo.

Te castigan en la escuela. ¿Recuerdas?

Las orejotas de burro, los palmetazos, la sala llena de risas.

Y por eso no maldigo.

 

Mas, como sé que ustedes son mis buenos amigos,

al invitarlos a seguir, conmigo, los ríos de diciembre,

y a asistir al entierro de esa buena señora

—la antes dicha pared—

con la misma paciencia que iremos al cine

y con que haremos cosas que desagradan,

vengo yo a suplicarles que me perdonen por el remate de este documento

donde, en lugar de poner mi firma o algo más conmovedor,

pegaré un grito como un sello,

siquiera alguna vez:

¡Maldita sea!

 

 

Obras Completas, 1963.

 

 

.

 

untitledbAlarico Gómez. Poeta, periodista y biógrafo venezolano. Cuentista y escritor teatral. Nació en Barrancas en 1922. El seudónimo de Martín Pulgar lo utilizó en sus colaboraciones para la revista infantil Tricolor. En Ciudad Bolívar funda y dirige El Orinoco. Edita además El Mercurio, junto a Antonio José Puppio. Funda la revista Minerva y el órgano periodístico de ideas: Democracia. Escribió: Los dominios visuales (1956), La torre del homenaje. Júbilo del regreso (1946), Poemas para inmigrantes y turistas (1950); entre las biografías escolares de la Fundación Eugenio Mendoza tenemos Fernando Peñalver gran ciudadano. La fuentecita encantada (1968) teatro y cuento. El Ateneo de Valencia publica en Cuadernos Cabriales de poesía, Unidad hacia la rosa (1950). La Biblioteca de Temas y Autores Monaguenses, con prólogo de José Ramón Medina, publica en 1963 parte de la fecunda obra inédita del autor. Su quehacer poético también destaca en Tres poetas bolivarenses, por Manuel Alfredo Rodríguez. Fue también Alarico Gómez un fino poeta humorista en el diario El País de Caracas. Murió en el año 1995.

 

 

 


Velia Bosch, Gente del Orinoco 36 Poetas Guayaneses, Gobernación del Estado Bolívar. Dirección de Cultura Año Bicentenario del Nacimiento de Simón Bolívar 1973 – 1983.  Caracas, Venezuela.

 

 

 

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Foto: Denis Olivier

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Un poema de Hanni Ossott.

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Mis manos

 

 

Mis manos

mis manos sobre mi cuerpo

el anillo, los anillos

las arrugas, las líneas

la tensión en el asir

el secreto, los secretos

la palabra no proferida

 

 

Él, allí

como abrazo

como amor en tensión

y allí la casa

en la mano

 

a la mano

 

 

las marcas, las huellas,

mi pluma vegetal

mis venas

los sarcasmos, los lunares

los ríos de impiedad

 

 

Mi mano

surcada de ríos

sangrienta

voluptuosa

henchida

plena de montes y entrañas

de blancos y rojos

líneas y hendiduras

 

 

Mi mano, mis manos.

 

 

(1987)

 

 

hanniHanni Ossott. Caracas, 14 de febrero de 1946. Poeta, ensayista, docente y traductora. Obra poética lúcida y reflexiva. No razona, intuye. “La poesía como experiencia de vida, como pasión, como una forma de iluminar.” Influencias literarias: Rainer Maria Rilke, D. H. Lawrence, Emily Dickinson, a los que además tradujo. Tendencia al prosaísmo. Entre sus publicaciones tenemos: Hasta que llegue el día y huyan las sombras, El reino donde la noche se abre, Plegarias y penumbras, Cielo, tu arco grande, Casa de agua y de sombras y El circo roto. Obtuvo los Premios Nacionales de Poesía José Antonio Ramos Sucre y Lazo Martí. Fue galardonada con el Premio Nacional de Poesía otorgado por el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC), año 1988. Falleció el 31 de diciembre de 2002. (Foto: Vasco Szinetar)

 

 

 

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Foto: Dora Maar

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El tránsito sagrado hacia la casa

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Desde la grieta ecuestre de montes y caminos
la bondad de los grillos con sus piernas pisadas
el río en reposo y su espalda de fuego
sobre un jardín de peces las manos en penumbra.

El ojo solitario madura en el invierno,
la piel esconde en manchas el leño desolado
perfil que se sumerge en la cintura del día
ciñéndose al perfume de una música calma.

Ese peso liviano del viento dolido
que vuela mientras la noche tuesta su manta
y carga el temblor que cruje
y destrenza la espuma curvada.

Como un rumor de siglos amurallados de sombras
la fiebre irreversible que cuece y pulveriza;
así dichoso en el disperso viaje
en el tránsito sagrado hacia la casa

con su funda palpitante de lumbre
no me ha de abandonar su metálico rayo.

© Natalia Lara

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

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Foto:
www.orinocodelta.com
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De “Verbos Predadores”, por Jacqueline Goldberg

*

 

 

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—YO, QUE MALDIGO Y RECAIGO, que tuerzo el curso de

       una hormiga para verla enloquecer, doy fe de

       que hay palabras anegadas en niebla; banderas

       como magnolias boqueando en los márgenes

       de la común desdicha

— ¿Tu despropósito?

 

 

*

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—HACE MUCHO ESTOY DISPENSADO DE CUALQUIER

      ARREBATO

—Tu alma es hosca

—Soy más dócil y paciente que en la niñez; más

      codicioso de lo que seré cuando viejo. Sobre

      mi cabeza hay un rebaño de antorchas, pero ya

      no me atormentan

—No por eso huyas al tufo pardo de la muchedum-

      bre, no desestimes su rumoreo

 

 

*

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—LA FIESTA, SU ALGAZARA, TAN LEJOS DE MÍ

—Has sido invitado, como todos

—Prefiero este lado de la inexactitud

—Hay que dormir, a secas, aquí o allá, donde la tos

     se detenga, donde la vida quepa toda

*

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—CONSTATO EL DETERIORO. No hay lugar que retribu-

       ya la lágrima. Aquí quiere decir aquí. No

       umbral ni retorcida salida

—Por eso los nombres mal puestos, los alegatos con-

       tra la templanza, el párpado llovido. Por eso mi

       garganta curtida de hijos

 

 

*

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—REGRESAMOS CURTIDOS, DESMEMORIADOS. Nos trajo

         el deber, la holgura del desastre

—Quedarnos era fingir

—Volvimos indomables. Y dígase del mar y no de los

          arrecifes, no del islote, no de la piedad

—Volvimos de un caldo misericordioso que se traga

          a los héroes

—En todo paraíso hay siempre un impostor

 

 

 

 

 

 

jgfgoldberg(Maracaibo, 1966). Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela y, licenciada en Letras por la Universidad del Zulia. Su trabajo poético aparece incluido y reseñado en antologías publicadas en Rumania, España, Puerto Rico, Estados Unidos, Perú, Cuba, México y Venezuela.

 

 


Jacqueline Goldberg, Verbos Predadores, Editorial Equinoccio. Venezuela, 2007.

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Foto: Jindřich Štreit

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El nopoema, especialmente hoy 29XI16

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*

Repto en el grito cenizo del silencio
me estrangula la ardida sombra
el complexo mayor del cuello lo arqueo
me inclino lateralmente y bebo siluetas.

Rescatada del tedio maloliente,
él besa mi hocico como lo hacía mi madre
se expande el tejido muscular dentro del ojo,
roto y elevo la cabeza apuntalando hacia la luz.

Execro la habitación obscuramente cotidiana
permanecemos atados a una palabra que llega de lejos
nos diluimos y remozamos el verbo hundido
—casi negro.

Deshojamos todas las voces que invisibles trascendían
para asir el mensaje que amenaza, el Nopoema
la inspiración que se funde en el camuflaje del viento
como un espectro equilibrista en los gemidos desérticos.

Y se oye la gota que redimida en una voz se alza,

P o e s í a.

© Natalia Lara

Venezuela

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Foto: Sally Maan

 

 

Dos poemas de Elías José Yánez Marín

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Quimera

 

Todos abominan a mi meona

muy bulliciosa es la reina

de este nuevo mundo

sincera, insondable y alargada.

 

¡Luzbel no te me acerques!

 

El clarear asesina las tinieblas

las tinieblas asesinan el clarear

es el juego más añejo.

Yo corro por una galería de mujeres

magníficas,

corro y no acampo pues voy fugitivo

de un aposento infeliz.

 

¡Luzbel no te me acerques!

 

A veces encuentro dulzuras

¡Me son muy pocas!

A veces soy despojado

¡Casi siempre!

Ustedes no me ven llorar

sólo la que es sincera, insondable

y alargada ¡sólo ella! Me ha visto

gimotear.

 

¡Luzbel no te me acerques!

Brazos que nos sujetan

miradas que nos engañan.

Pies bajo el atolladero.

Dolores que envejecen.

 

Yo vivo zambullido en sueños

espabilándome desdibujado

y execrable.

 

Yo amo zambullido en sueños

a mujeres magníficas.

 

¡Luzbel no te me acerques!

*

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Hermosa raza

 

Padre que impones tu voluntad

a tu hijo, que le niegas el agua

estando él sediento

que no le permites musitar

y lo amedrentas con tus gustos.

Que le degüellas el camino

hacia lo bello.

Que lo azotas y humillas ante

su hermano menor

y él no queriéndote obedecer

lo clasificas de garrapata.

Que lo detienes en su ascender

 y le hablas con muecas de pánico.

Padre dictador y profano

de la musa vigorosa

¡Húndete en la bardoma!

y que Satán rompa tus huesos

y en el infierno los venda.

 

Madre, esclava, que accedes

a que tu hijo sea maniobrado

que lo suturas de obsequios

aniñados,

y él no queriéndolos recibir

le haces creer que tú sufres.

 

Madre invidente de la belleza

¡Húndete en la bardoma!

y que Satán te lleve a su edén de rameras.

 

Hermosa raza de hijos atormentados

despojados del cariño elemental

que ambicionan la caída

de sus padres

y hermanos menores

¡Cumplan con su hado y el error

de nuestros primeros abuelos!

 

¡Que yo los amo!

 

 

 

 

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Foto: Ren Hang 

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Un poema de Margarita Laso

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páramo

I

negro entre lo negro
eres tú toro

de lejos
perfil entre el barranco y la vida
línea tiznada ante los grises
astas para el sometimiento y la alabanza

hay aguas que se trenzan y zurean en la altura
y la lágrima roja de un pájaro brujo
como el corazón de este anhelo
suspendido en las hebras de la paja
trino sigiloso
un aleteo
apenas
unas fibras que tiritan

el lago de neblina riscos y rocas oscuras
acuarela inhóspita el suelo de vapor
¿quién te avizora?
¿quién puede seguir tu huella?
aquí
con ojos como cinchas agarrados del monte
aquí
sabré si me aguardabas
si espadas en el arco nocturno tus ojos
todavía me distinguen

toro quemado
¿quién fuera el lucero de mercurio que te reconoce
en las tinieblas?

si te sigo sin remedio me verás
¿esperarás a que salga del agua?
¿esperarás para embestir?

II

negro como una botella de sangre
perdido en las húmedas quebradas
en el páramo permanece la mansa margarita
con las patas ahumadas te verá cruzar

¿me hallará la que madruga venada arisca?
ahí amaneceré
¿será nuestro para siempre el monte?
ahí sucederá
¿qué hará la aurora poniendo hielos en los pies
que solitarios te rastrean?
la cordillera cortaré para encararte

III

barroso
aquí se combate la helada con trago del ardiente
círculos de soga acechando a las águilas
aciales chasqueando el horizonte

si bebemos a pico de crepúsculo a galope
serán las astas de una noche de incendios
los zamarros que agitan las campanas
rosas blancas las palomas
al pie de una iglesia enmudecida

tal vez será esta textura rugir del rigor
muescas y ascuas de la bruma
tal vez este lazo de gasas
estas piernas desnudas
coloradas como el poncho que vuela
sobre un cóndor que te sigue

tal vez serán            toro anochecido
puente colgante entre el páramo
y el latido con que me muerde la muerte.

 

 

 

 

10422231_10154666322713677_2131994448163766460_n.jpgMargarita Laso. Nació en Quito en 1963. Escritora y cantante. Hizo estudios de sociología, literatura y música. Ha forjado su espacio artístico como intérprete de música popular, productora de espectáculos y grabaciones. Con Los lobos desarmados, ediciones Archipiélago inicia su colección de poesía.

 

 

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Foto: Juan Ortiz

 

 

Sólo oírme – A. Pizarnik. In Memoriam.

«Ved, esta claridad secreta
en la que se contempla todo lo que desea».
Jean de Ruysbroeck

 

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Delira la sangre y el aliento de carbón
[enronquecido
gotea la obscurecida luz del día,
su marca púrpura anida en los párpados.

Sofocan los arenales negros
ofrendados por las sombras
de un sol ambiguo
[que hiela mis manos.

Te lo he repetido tantas veces
[Alejandra
quimérico ocultar el miedo en el lenguaje*
cuando las espuelas vociferan

A C E C H A N D O

al muro que me redime.

Óxido rebosante en los costados,
ruedan mis dientes laberínticos
en la grieta prolongada del espejo.

Ansío el jardín blanco,
la noche en llamas puliendo mis sienes,
cerrar la fisura del ojo abierto en mi cabeza,
volver a develarle el rostro
al silencio.

 

© Natalia Lara

[*Cold in hand blues, Alejandra Pizarnik]

 

 

 

 

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Foto:  Shinya Arimoto

Daniel Wence (México)

 

 

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Explícale esto a un ruiseñor

 

 

que tu beso urraquencio

me besaba

todo lo presa que fui

que soy que de tus alas soy

que de tus alas negras

de tu beso de urraca sin canto

 

con toda tu buitralidad tú me llevaste al ojo

de tu anocheciendo

y yo tenía las plumas necias deshojadas

cuando la mirada tuya    presa yo corría

de tal en tal

tu mirada amaneradamente asesinábame

 

y amor yo dije porque te miré volando

aleteabas mis pupilas

con tu carroñidad

clavaste clavaste / tu pico en mí.

amor yo dije de tu piar ajeno

presa yo

estaba rendido

 

con esa tu rapiñidad hurtabas

de mí la miseria de vida

que ningún antes ave hube así.

me despojabas/ jaste

de a pocamente mucho

de todo lo que ya no tengo

rapaz nocturno

tu abrazo rapacidad

colgaba/ yo lo vi

de mi cuello el mismo

besado por tu poco pico devorándome alboradamente

amado mochuelo devorándome

 

y acepté tu rapazada

tu sincanto desincanto

y abríme de carne

y me extendíme al piso

a recibirte presamente en mi cuerpo carroño

enamoratado de tus golpes que me colocaste con esa aguilidad

tus picotadas ganchudas para desgarrarme

 

cuando tu falconiformidad me rapazaba el todo aliento

*

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Apología a sus flores

 

Vos eyaculabas flores que a veces en mi boca

Tulipanes blancos pétalos solían florecerse Vos eyaculabas un jardín por las mañanas y regábamos juntos su tranquilidad de hojas y tallos Vos tenías por alma un pétalo cristalizado y hacíamos juntos fotosíntesis a veces cuando siempre Vos eyaculabas orquídeas girasoles caléndulas Vos eras la caléndula fragancia matutina hueledenoche por todo mi cuerpo su raíz nacía eyaculabas polen que en mi piel encontraba su semen en mi dorsal espina para tus rosas y era el dolor de tu final una ceguera profunda fraganciada petálica colorida que Vos eyaculabas un racimo ramillete solo para mí/ recuerdo

*

929-0-f-1.jpgNació en Michoacán. Egresado de la Escuela de Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. En 2005, publicó la plaquette literaria Dicho está, en La Nopalera Ediciones. Ha colaborado en diversas revistas y periódicos. Ha publicado diversas antologías:  Anuario de poesía mexicana 2008, del Fondo de Cultura Económica,  y Estampas mexicanas, de Crunch Editores, México. Recientemente fue publicado su poemario Nada de incrustaciones por el Fondo Editorial Tierra Adentro.

Los dos textos han sido escogidos del libro Versos di-versos (Antología poética sexo-género diversa contemporánea e hispanoamericana), Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas – Venezuela (2011).

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Foto: Vlad Artazov

 

Un poema

 

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Sobre esta ventana
sin ojos, te llamo
gigantesco huraño
sumergido abruptamente
en el infierno de los sordos
Te llamo,
con la lengua árida
y este cuerpo animal
lleno de aletas
gris como el cromo
Ya pronto
cimbrará tu oído
un grito a secas
entonces, hablarás de apetitos,
de los peces y sus manos mutiladas
Musical en orilla
sabrás del muelle,
y de la arena que estrangula,
del espeso vidrio
que desarticuló las venas
 
inflamado                     deshaciéndote
 
cortado
 
 
como un cálamo
bajo el círculo de dedos feroces
seguirás el clamor
entre un río que zumba
sostenido por el siseo
de tu noche hojalata
Con mi boca impasible
a   n   u   l   a    d    a
incurriré en la intemperie
ya sin saber del temporal,
congregada en la humareda
sin ojos, ni ventana.

 

 

 

© 2016 Natalia Lara

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Foto:    www.zezn.me

Ednodio Quintero: Un caballo amarillo – Narrativa

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*

 

Si yo soñara que soy algo más que un caballo amarillo: despojado de resabios y relinchos, reducido a la infeliz condición de bípedo pensante, enfilaría mis pasos rumbo a la ciudad más cercana, aquella que se vislumbra allá en el extremo sur de la llanura, y en la cual afloran altas chimeneas oscuras manchando de hollín el cielo sin nubes de esta mañana de septiembre.

Me confundo entre la multitud sudorosa que sale del estadio. A empujones y codazos logro abordar un destartalado autobús repleto de escolares macilentos y ancianas desdentadas. A través de la ventanilla contemplo el desfile de árboles raquíticos que bordean la avenida. Un desconocido de rostro patibulario se me acerca sonriendo y me da una feroz patada en la espinilla. En silencio lo maldigo mientras me retuerzo como un gusano fulminado por un rayo de sol.

Desciendo en la esquina del mercado y me envuelve el olor a pescado podrido mezclado al vaho que asciende del fondo de las alcantarillas. Las moscas oscurecen el aire, y una rata asoma el hocico desde el bolsillo del saco de un mendigo ciego. Más allá, sentada en el umbral de una puerta rosada, una anciana prostituta se asolea las rodillas. Siento hambre, escarbo inútilmente en mi faltriquera, y me alejo poco a poco sin darme cuenta del sosegado ritmo de mis pasos.

Por un rato ando extraviado entre el humo de las fábricas, el ruido de los autos, el bullicio de los chicos que juegan al fútbol, las piernas rollizas de una mujer alta y rubia que arrastra un perro de pelaje oscuro. Y un viejo amigo que me saluda llorando. Otra vez escapo y creo refugiarme en la silenciosa intimidad de una iglesia. Me aturde la voz afeminada e irritante de un joven sacerdote, ojos azules y mejillas recién rasuradas, que agita un cristo con cara de perro regañado y vocifera en un idioma extraño, mezcla de latín, sánscrito y arekuna. Me escurro sigilosamente y vomito en la acera.

Casi sin interrupción me veo ahora sentado en un sofá, en la sala de unos parientes idiotas. Celebran mi visita con cuchicheos y sonrisas sesgadas. Me ofrecen café o té o limonada. Revolotean a mi alrededor como pájaros bobos. Recuerdan a la abuela asesinada durante una fiesta de carnaval de los años cincuenta y a la tía Margarita atacada de sarna perruna. Asqueado me despido, y con el golpe de la puerta comienzan, por turno, torpemente, a enterrarme en la espalda los puñales que ocultaban entre sus vestiduras.

Afuera la tarde es una flor anaranjada desgajándose lentamente. Las puntas de mis zapatos mellados señalan el camino de regreso. Me resisto a pensar. Mi cerebro es una cueva blanquecina, limpia y desolada, en la que, a intervalos muy breves, se desliza una sombra. Apenas una sombra y el obstinado revolcarse del viento entre los árboles. Tarareo una melodía triste y desafinada, y descendiendo por el callejón pateando una lata de cerveza.

Al llegar a mi casa me aguardan los gritos de mi mujer y el llanto de nuestros hijos. Mi mujer ha enflaquecido y los senos le cuelgan como una piltrafa. Los chicos tienen hambre. Patalean y me saltan encima y se me suben por todas partes como hormigas. Me derriban, aúllan y pisotean mi cuerpo fatigado. Entonces me despierto y libre ya de pesadillas me afinco en mis patas traseras, de un salto me levanto, relincho de contento, galopo y el viento sacude mis crines amarillas.

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Ednodio Quintero, Cuarenta cuentos, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas – Venezuela, 2007
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  Foto:   Gerrit Greve

 

Infinitud –

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“Mira si entre las manos algo permanece.
La piel es silencio que refleja la profundidad del tiempo.”
Elizabeth Schön

a Isbelia

He visto a la anciana hurgar mis retinas
detrás de ella algunos colores mezclados en la luz:
naranja, rojo, verde, amarillo, violeta, azul.
Se contrae la sombra ajada
en el mutismo de una silla de pájaro palpita olvidada
mas la paradoja de sus muslos temblorosos
doblegados por un tiempo de cruces.

Duele el sudor gastado del naufragio,
ver las manos no vencidas remendar vestiduras
bañadas de hojarascas inútiles para futuros caminos.

Mujer antigua de sollozos secretos y distantes.
Mujer oculta tras el muro devorado por los años.
Mujer de trigo desprendido en el recuerdo de la infancia.

Mujer café……..
………………….. Mujer cacao
Mujer maíz……….

¡Cuántos sembradíos guardan tus manos!
¡Qué línea esconde la paz tardía de tus días!

Desde aquí, dilucido las formas vagas, frágiles y desgastadas
ese dolor perlado escondido atravesando los huesos.

Mañana te sostendré, trémula y dormida,
Ariel tejerá nuestros cabellos
balancearemos la línea ignota de los muertos
SIN UNA LUZ.

 

© Natalia Lara

 

 

 

 

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Foto: Ly Hoang Long

Lejanía

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Nuestro destino no es espantoso por irreal, es espantoso porque es irreversible y de hierro.
 
Jorge Luis Borges
 
 
 
 
 
 
Mis rieles recogen el sonido del silencio
arrastro la noche salpicada
dulces cocuyos muertos
plegados al instante de esta piel.
 
Busco enterrar el polvo
del día nevado
preñar de ritos a esta luna
que me arropa en hilos sonoros.
 
Paseo la memoria
en los surcos blanquecinos,
reconstruyen mis recuerdos
la espiral.
 
De un salto alcanzo
peinar tu nombre
y las canas esparcen
el vértigo de la lejanía…
 
                                          Papá.

 

 

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© Natalia Lara

 

 

 

 

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Foto:  Mindaugas Gabrenas 

Alejandro Aura

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Naturaleza muerta con sopera

 

 

Sobre la mesa café

mantel de plástico

con flores verdes.

Panes dorados repartidos.

Entra la luz del sol

por una gran ventana.

En el centro,

un refresco familiar embotellado.

La mesa puesta

para tres

con loza blanca.

Los cubiertos espejeantes

en su sitio.

Vasos,

cristalinos.

Una taza, de la misma loza,

hecha añicos.

La sopera humeante,

apetitosa.

 

 

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Naturaleza muerta con cuerdas

 

 

Sobre la mesa café

una caja de clavos

de pulgada y media.

Una servilleta bordada

en punto de cruz

contiene pájaros

sobre ramas floridas.

Un martillo con mango de fierro

brilla por donde no está oxidado.

Lo envuelve todo

la luz fría y acerada.

En florero de aluminio

se presenta una hortensia.

Los colores metálicos

se pelean entre sí.

Una corneta dorada

se esconde

tras los demás objetos.

Las cuerdas amenazantes

se desenroscan

como serpientes encantadas.

 

 

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Naturaleza muerta con moscas

(miniatura)

 

 

Sobre la pequeñísima mesa café

un espejo.

Todo

serenamente oscuro.

Las moscas dobles

vuelan.

Negros puntos.

Negativo

de una noche

que mira sus estrellas

en el agua del mar.

 

 

 

 

alejandro-aura.jpg  Dramaturgo, narrador y poeta. Director y guionista de teatro, radio y televisión; conductor y autor de programas de televisión y colaborador de diversas revistas. Premio Único del Concurso Nacional de la Juventud, 1969, por el libro La calle de los coloquios, incluido en la antología Alejandro Aura, poesía. 1963-1993. Premio de Poesía en el Concurso Literario de la Juventud, 1971. Premio Latinoamericano de Cuento, 1972, por Los baños de Celeste. Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, 1973, por Volver a casa, poemario que se incluye en la compilación Antología. Premio de Poesía Aguascalientes 1968-2007, 40 años. Entre sus libros más conocidos tenemos Volver a casa y Alianza para vivir, Poeta en la mañana y Fuentes. Nació en la ciudad de México el 2 de marzo de 1944; murió en Madrid, España, el 30 de julio de 2008.

 


Alejandro Aura.  Poesía 1963-1993. Lecturas Mexicanas. México, 1998.

 

 

 

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Foto: Lluís Codina

Como alondra muda

 

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Bajo la niebla amorfa
la hora se degüella
es una niña ultrajada
a quien le tasajean el cuerpo
Incompleta y desdeñada
en el paisaje invertebrado y hambriento
frunce círculos:
es un tiempo que aridece
Columnas sin término
t e r r o s a s
Calles vibratorias
Enrollo las lenguas en los husos
miro dentro un espacio monocromo
cerrado de albas
que cae en el fuego
Preciso el amarillo obseso
su olor a trementina
una tela de cielo menos pálida
Mi casa sin el contorno ahumado
guarecerme bajo el manto
como alondra muda
derretir en el combate
estos ojos de tempestad
uncidos de barro
Alzarme
sobre otra roca.
 *
Natalia Lara © 2016

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Foto: Akos Major

Un poema

 

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Absorbente en la dispersión de la historia
es mudo el hilo blanco de la noche.
Sobre la imagen que deviene
el fenómeno obscurecido y fluctuante.
Entre la mezcla cabecea la ira,
una calva demacrada abrumada de estupores.
El azar sin distancia
retenido y equívoco.
Corre el llanto del rumiante
ante la incertidumbre sonora.
Apenas mira
v   e    r   t   i   c   a   l
Encima del lomo morado de apetito
las hormigas veleidosas exhiben los dientes.
El miedo se abre y vela en el día
una interrogación que crece.
Sin respuestas
a la fatiga que mana.
Todo está plegado.
Quizá sea el aullido de una playa
el que nos abrace.
Síntoma de haber embestido la ola giratoria
que nos arrastró a orilla.
Lamemos su paso intemporal,
hermético y pesado
como un sueño bíblico
que posa  las ruinas.
© 2016 Natalia Lara
(Venezuela)
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Foto: Pedro Luis Raota
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Poemas de Salustio González Rincones

*

Borracho

Bebe tu caña clara y ardiente

Oh! Bebedor de nariz colorada!

Jugo del trópico! Alegra tu mente

Con su mortal palidez destilada!

Alza la copa! Burla la gente

Tu desenfado en la cara pintada…

Foete de sangre! Vidrio candente

Te hará amigo de todo y de nada!

Huye la pena! Caña, tu hermosa

Besos te ofrece, te da una rosa

Y danza por ti en su retablo.

Dale más besos en la taberna

Y traspiés urde bajo tu pierna

Atajando los pollos del Diablo!

*

Sifilítica

¡Virgen de la roséola:  la siniestra corona

tú llevaste en las sienes! ¡Sufre de ti mi ausencia!

El mal francés te muerde con su muda presencia

y a tu cuerpo de estatua callado desmorona…

¡No quieres el arsénico y tu mal no perdona!

¡Dices que no lo tienes con torcida  inocencia,

y al hijo que tuviste lo azota la demencia,

lo corroe el espirilo  y su sangre atizona!

¿Por qué niegas curarte con tus tan tercos labios

y del elixir huyes que inventaron los sabios?

¡Tu esquivez no levanta una voz de perdón!

¡Diste a luz una víctima por ti herida en la cuna!

Madre quieres ser de otra. ¡No te basta con una!

¿Es que tienes ya sífilis dentro del corazón?

Estrambote:

Dijo el Santo Paracleto con su lengua de fuego:

El que no quiere ver es el mejor ciego…

*

A lo lejos, PALABRAS.

Quemaron con el odio

rojo del fuego

el Sauce.

Las ramas son carbones.

Hojas hábiles

corren

lúgubres por el Suelo.

El Sauce era tan viejo.

Ya ni nidos,

ni luceros,

ni aroma de vida bajo los aguaceros.

Su savia se había ido,

al Cielo

con los Ventarrones.

¿Su savia se había ido?

..en los vientos bufones…!

Sauce muerto.

Sauce

muerto. El blanco sauce

del Riachuelo tuerto

tiene la lóbrega acuarela del tronco muerto.

Ni estrellas. Ni Lunas.

Sólo Ranas algunas

en los Charcos que protegiste

con tu galante sombra triste;

Algunas

brunas.

Huiste

en humo. Como enorme incienso.

Intenso

Oro: Crepúsculo.

ORO minúsculo

del Lucero. ORO.

Cabras en coro.

Cabras en coro.

… muchas cabras.

A lo lejos palabras,

Voces que ignoro.

Sauce; saucines crecen.

Los vientos los estremecen.

Cuando anochecen

las arboledas,

se mojan en sombras.

Sombras

Sedas

que desaparecen en el camino

ebrio de vueltas, pálido como un asesino

El Río. El Sauce. El Lucero.

Frío

corre en su cauce

el Riachuelo tan vocinglero.

El Lucero,

El Sauce,  El Río.

Lo quemaron

con el Odio (Blanco nublado)

rojo del fuego.

Los sauces parece sollozaron

(Esplendían los carbones)

en genuflexiones.

Hábiles hojas corren.

¿Era un ruego?

Ignoro

de Crepúsculo todo el oro.

La Luna.

Parece hoja seca

Vieja,

oportuna esa campana. Sor, Hermana

Luna, Sor Hermana…

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.

JPG WEB DATOS DE SALUSTIO006Salustio González Rincones, evasivo y profundo. Emigró joven de un país donde se ahogaba. Vivió hasta su muerte en Europa. Antes de dejar Venezuela,  escribió en un año,  el de 1907, dos  poemarios y composiciones sueltas  que permanecieron inéditas, hasta el día en que Sanoja Hernández y Monte Ávila presentaran una selección de las mismas.  Los textos extraídos forman parte de esa Antología Poética, textos representativos del talento de Salustio, para la edición obsequio del año 1977, de Monte Ávila Editores.

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Foto: Henri Cartier-Bresson

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Antonio Machado

*

 

 

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LV

Hastío

Pasan las horas de hastío

por la estancia familiar,

el amplio cuarto sombrío

donde yo empecé a soñar.

Del reloj arrinconado,

que en la penumbra clarea,

el tic-tac acompasado

odiosamente golpea.

Dice la monotonía

del agua clara al caer:

un día es como otro día;

hoy es lo mismo que ayer.

Cae la tarde. El viento agita

el parque mustio y dorado…

¡Qué largamente ha llorado

toda la fronda marchita!

 

 

*

 

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XCIV

En medio de la plaza y sobre tosca piedra,

el agua brota y brota. En el cercano huerto

eleva, tras el muro ceñido por la hiedra,

alto ciprés la mancha de su ramaje yerto.

La tarde está cayendo frente a los caserones

de la ancha plaza, en sueños. Relucen las vidrieras

con ecos mortecinos de sol. En los balcones

hay formas que parecen confusas calaveras.

La calma es infinita en la desierta plaza,

donde pasea el alma su traza de alma en pena.

El agua brota y brota en la marmórea taza.

En todo el aire en sombra no más que el agua suena.

*

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XXI

Daba el reloj las doce… y eran doce

golpes de azada en tierra…

…¡Mi hora! —grité—… El silencio

me respondió: —No temas;

tú no verás caer la última gota

que en la clepsidra tiembla.

Dormirás muchas horas todavía

sobre la orilla vieja,

y encontrarás una mañana pura

amarrada tu barca a otra ribera.

machadoNació en Sevilla. En 1893 publicó sus primeros escritos en prosa. Vivió intensamente todo cuanto ocurrió a su alrededor; de esta experiencia nació su poesía. Sus primeros poemas aparecieron en 1901. Murió en Collioure, Francia, el 22 de febrero de 1939, tres días antes que su madre.

______

Antonio Machado. Antología poética. Prólogo de Justo Navarro. Alfaguara, S. A. 2005

*

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Foto: Sergi Bernal

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Un poema de Miyó Vestrini

103

Valiente ciudadano

A María Inmaculada Barrios

Morid con el pensamiento
cada mañana y ya no
temeréis morir.
(Tratado Hagakuse)

Dame, señor,
una muerte que enfurezca.
Una muerte tan ofensiva
como a los que ofendí.
Una muerte que soporte la lluvia
de Santiago de Compostela,
y de paso,
mate a los que me ofendieron.

Dame, señor,
esa muerte de la intemperie
que sorprende y tranquiliza.
Haz que esté largando mocos y lágrimas,
suplicando piedad
y deseando muerte ajena.

Haz, señor,
que aquel hombre con piel inédita
reconozca en mí al animal de los olivares.
Que su cuerpo pese sobre el mío
y haga dulce
la entrada al fuego.

Te prometo haberlo visto todo.
La misma culpa con la que nací,
el mismo furor.
Haz, señor,
que esté escuchando a Vinicio de Moraes
y a María Betania
y prometiendo que mañana,
lunes,
me inscribiré en un curso para aprender brasileño.

Que venga la muerte
cuando descubras en mí
alguna oculta intención de poder
y cuando sepas,
por tus informantes,
de mis maniobras para pasar la historia.
Cuando te digan, señor,
que he agotado todos los recursos de la fatiga
sin pedir clemencia,
entonces, señor,
dame duro.
Haz que este golpe que tengo en la frente
por abrir puertas a cabezazos
se ponga
rojo,
latiente,
doloroso.

Supongamos, señor,
que eres el bing-bang.
Que ningún territorio escapa a tu vigilancia.
Que los hots-dogs son tema de tu predilección.
Que tu deseo de mí es parte obscena
de tu personalidad.
Entonces, señor,
examina mi estómago abultado
por los espaguetis de Portofino
por las favadas del Guernica
por los pasteles de coliflor de mi madre
por los largos tragos de cerveza y ron.

Espía, señor, los rostros de mi espejo en el espejo,
yo, la pusilánime astuciosa
la del dedo en el aire
abanicando a la aburrida concurrencia.

Podrías venir al cine, señor.
Veríamos Brazil,
La vaquilla,
Un día de campo,
El cartero y Gatsby.
Me escucharías
sacudida por la risa
y el temor.

Permíteme, señor,
contemplarme cómo soy:
el rifle en la mano
la granada en la boca
destripando a la gente que amo.

Acuéstate conmigo en la madrugada, señor,
cuando mi respiración es un golpe de piedras
en la corriente del río.

Y verás como nada,
ni siquiera la leche de tus cantares,
puede darme una muerte que me enfurezca.

 

 

Monte Ávila Editores, 1994

 

miyo Miyó Vestrini. Nació en Francia en 1938 como Marie-Jose Fauvelles. Emigró siendo niña a Venezuela. Se dedicó al periodismo cultural, y en los años sesenta formó parte del grupo Apocalipsis de Maracaibo, el Techo de la Ballena y la República del Este, entre otros. Dirigió la página de arte del diario El Nacional y también la revista Criticarte. Mereció en dos oportunidades el Premio de Periodismo (1967 y 1979). Libros de Poesía: Las historias de Giovanna (1971), El próximo invierno (1975), Pocas virtudes (1986) Valiente ciudadano, (póstumo,1994). Todos los poemas, 1994).

 

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Foto: Kishin Shinoyama

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En ARTELITERAL Poemas Inéditos

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6

Hombre que te desvistes frente al barniz de mis ojos

materia textil estremecida de olor desgastado

plano como la sombra hendida del instante

Yo he buscado un mundo bajo las yemas de esta tarde.

Tú has cercado los dedos que soportan esto que soy:

pies que te engullen

e   n   m   u   d   e   c   i   d   o   s  

brasa tóxica.

Muerdo tu ser desgastado de agua,

kilolitros me arrastran hasta tu gladiolo

indigno para la veneración.

Antes, cruzaste mi bóveda, ávido

bajo el canto y la humareda;

antiguo paso amanecido que se extendía

y asomaba su voz y sudor de verano.

Fuiste    semilla    raíz    ramaje

insecto que asediaba mi corola

lluvia circular

abstraída       insanable.

Truena la cabellera combatiente

racimo de sal dormido en la altitud de tu cráneo.

Caigo en el pulso disonante y abyecto

sorbo el silencio de tu línea que desciende

abierta a la nueva atmósfera que te insulta.

Traspaso el coágulo de tu pródiga mente

amparada en los huesos de tu huella

como a una momia antigua te contemplo.

© 2015 Natalia Lara

(Venezuela)

http://www.arteliteral.com/index.php/poesia/782-natalia-lara

Cuatro relatos de Salvador Garmendia

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Primeras Letras

Para Rafael Brunicardi Ponce

Efectivamente 2 y 2 son 4.
2, es un caballero corrido por todos los vicios; el otro es su sombra contrita y muriente.
4, es su manera permisible de mirar al mundo con cara de verdugo.

*

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El aire transparente del domingo

Dedicado a Guillermo Meneses, a quien corresponde la

                                                                                                     paternidad de este relato.

El taxista vio a la anciana parada bajo un árbol al borde de la acera y pensó: «¿Me irá a detener esta vieja?».
En efecto, la anciana alargó un brazo y el taxi se detuvo a su lado. El hombre vio entrar la menuda figura, que en insólita determinación había elegido el asiento delantero, y se sintió tocado por una especie de ternura risueña, acaso para corresponder a aquel gesto tan poco frecuente en las señoras. «Ésta es una viejita simpática», rumoreó en sus adentros, casi en palabras, tanto que ella pareció escucharlo y lo miró a la cara, de esa manera penetrante y desencubridora que no deja de ocasionar alguna turbación; sonrió además, y al cubrirse su cara de infinitas arrugas que le infundieron una apariencia cómica (los ojitos desaparecieron por completo devorados por un exasperado grafismo) la realidad pareció desprenderse de ella en un instante, convirtiéndola en una niña en perfecto disfraz de abuela.
–Buenos días, abuela –dijo el hombre.
La vieja dio una dirección en una vocecita hueca y permaneció sentada al lado de la puerta, muy derecha, con las manitos secas reposando en mitad de los muslos.
Habían rodado un trecho por una avenida despejada, cuando el hombre empezó a hablar de cualquier cosa sin dejar de mirar a su modosa pasajera, que en realidad no parecía escucharlo y sonreía plácidamente, la mirada al frente, divertida como si del otro lado del vidrio asomaran caritas infantiles que le hicieran muecas.
Siendo como era día de fiesta y apenas las diez de la mañana se veía poca gente en la avenida, de modo que el taxista pudo distinguir claramente a un caballero de regular edad que se hallaba parado al borde de la acera, en la actitud del que aguarda para cruzar la calle. Vestía de negro, no con aire de luto propiamente, sino de anticuada corrección y sin duda difundía a su alrededor el aura de una persona limpia y saludable, amoldada rigurosamente al ámbito de una mañana de domingo.
Apenas pasaron frente a él, cuando la anciana se precipitó a la ventanilla y como electrizada por una emoción incontrolable, emitió unos griticos de muda, al tiempo que sacudía ambos brazos queriendo llamar la atención del caballero.
Por lo que pudo advertir el taxista en una visión instantánea recibida a sesenta kilómetros por hora, el caballero no pareció alterarse demasiado, sino que manteniendo el aplomo de una persona poco dada a las efusiones desmedidas, sonrió con reposada satisfacción y respondió a los aspavientos de la vieja moviendo en alto su brazo derecho, tal como si saludara el paso de un desfile.
El taxi se alejó por la silenciosa avenida y (acaso desde nuestro punto de vista únicamente) pareció entrar en una dimensión arbitraria del tiempo que no tardaría en disolver su imagen física, eliminando de pasada todo rasgo de aquella breve escena. Sin embargo, la vieja acabó por separarse de la ventanilla y se desplomó exhausta, agotadoramente feliz.
–Es bueno encontrase por ahí con parientes –el taxista quiso decir «amigos» y corrigió tras un breve tartamudeo– que uno no ve hace mucho tiempo. Ese señor, ¿es un hermano suyo?
–Es Ramón, mi marido. ¿Qué le parece a usted?
–Parece un señor muy decente.
–Lo mismo pienso yo.
El taxista meditó unos momentos.
–Pero usted está muy emocionada… Deben tener mucho tiempo sin verse.
–Claro – dijo la anciana, dibujando una sonrisa lejana–. Él tiene quince años de muerto.

*

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Signos irreverentes

–Observe con disimulo a ese señor que está a su derecha junto a aquella columna.
–Ya.
–¿Qué le parece?
–Pues… ni una cosa ni otra, diría yo. Es una persona.
–No. Mírelo bien, ahora que ha vuelto la cara hacia acá. ¿No le parece que lleva una eme mayúscula grabada en las facciones?
–Pues… diciéndolo de esa manera, yo diría que sí.
Los surcos de las mejillas son las dos barras laterales. La nariz es la cuña del medio.
–Palpable. Es usted muy observador. ¿Qué puede significar una cosa así? Si es que significa algo, digo yo.
–Depende. Todo depende, por ejemplo, del valor que usted le conceda a esa letra; que no podrá ser mucho, al final, puesto que se trata de una consonante.
Mire: yo le encuentro alguna aplicación en la vida práctica. La MMMMMM… así entonada, con los labios cerrados, en tono reflexivo o con aire de duda puede servir para suturar un vacío, por ejemplo.
–Vacíos puramente mentales, digo yo.
-Y yo.
–Espere. Los italianos duplican esa letra para decir mamma; y de esa manera, de una sola matriz, como quien dice, hacen nacer un género ricamente cantabile.
–Me parece que eso no existe en ninguna parte.
–Pues se canta todos los días, vea usted; aquí y en cualquier lugar del mundo. Es como un idioma universal.
Un esperanto ovárico. En donde quiera es la misma caquita transparente, que suena de una misma manera en el momento en que nacemos y a los ochenta años.
–Es hermoso si lo vemos así.
–Claro que sí.
–Ahora, esta eme que se hunde en la cara de nuestro amigo se me hace demasiado rígida; tal vez autoritaria.
–Debe ser la eme de mío.
– ¡Pues mire que sí, señor! Con razón ese caballero aspira el aire con una fruición enfermiza. Con seguridad que delira continuamente en torno a su primera persona.
–Del singular.
–Su vida debe ser larga pesadilla monógama.
-Pero se trata de una monogamia de una sola cara. La consorte de ese caballero es su propia espalda.
–Acerquémonos. Vamos a preguntarle por los suyos.
–Eso está bien. Nos va a quedar agradecido. Vamos.
–Espere. Ahora que estamos más cerca, me parece que la letra empieza a desaparecer.
–Es cierto.
–Observe. Ya no queda casi nada importante en esa cara… Unos rasgos bastante comunes, a mi modo de ver.
–La cercanía es un ácido demasiado activo.
–Y sus efectos velocísimos. Pero, ¿qué ocurre? ¿Adónde ha ido este señor? En esa columna ya no hay nadie.
–Luego, ¿había allí una columna?
–Pues… usted, ¿qué cree?
–…
–…

*

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Tigre

Para David Alizo

Un tigre salta del papel y queda parado encima de mi mesa. Sus poderosos cuartos, juiciosamente articulados, están protegidos exteriormente por verdaderas capas de silencio; y esto le permite desplazarse de manera que cada movimiento que realiza parece que hiciera el vacío alrededor.
Sus zarpas no quebrantan la hierba. Su respiración uniforme es la de un niño.
Lo estoy viendo ahora parado en la alfombra, convertido en la réplica viviente de un tigre de peluche. Hasta su tamaño ha llegado a ser, más o menos, el de un gato corriente de almohadón; y así me mira desde abajo con ojos redondos y aburridos.
Pero otras veces lo veo saltar por la ventana, recuperando toda su magnitud elástica; y en esos momentos llega a atemorizarme, aunque sea sólo por unos segundos , ya que su imagen se transparenta y desaparece apenas toca con la luz exterior.
Siempre que se echa a dormir a mis pies, bajo la mesa donde leo o escribo, y mis pantuflas le tropiezan casualmente en el vientre transmitiéndome el movimiento de su respiración, no dejo de bajar la cabeza y echarle una mirada.
El gesto que se imprime en su cara, simulando el sueño, es de inocencia; aunque tal vez sonríe interiormente.
Disfruta a solas de su viejo mito; la idea tigre, más anciana que el hombre.

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salvador-garmendiaEscritor, periodista, guionista de radio y televisión y diplomático venezolano. Considerado uno de los grandes narradores del siglo xx. En 1973 obtuvo el Premio Nacional de Literatura; en 1989, el Juan Rulfo (México) y en 1992, el Dos Océanos (Francia). En el año 2003 fue crada en Caracas la Fundación que lleva su nombre.

Foto: Vasco Szinetar

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Salvador Garmendia, El inquieto Anacobero y otros relatos, Monte Ávila Editores Latinoamericana. Venezuela, 2008.

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Foto: Brett Weston

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Charles Baudelaire. Traducción de Rodolfo Alonso

La tumba de Charles Baudelaire

El templo amortajado divulga por la boca
Sepulcral de cloaca babeando rubí y barro
Abominablemente algún ídolo Anubis
Todo el hocico en llamas como un feroz ladrido

O bien que el gas reciente tuerza la mecha bizca
La que enjuga sabemos los oprobios sufridos
Iluminando huraño un pubis inmortal
Cuyo vuelo según reverbera pernocta

Qué follaje secado en ciudades sin noche
Bendecirá votivo como ella al sentarse
Vanamente en el mármol de Baudelaire

Al velo que la ciñe ausente escalofríos
Esa su Sombra aún un tutelar veneno
A respirarlo siempre aunque de ellos muramos.

*

Le tombeau de Charles Baudelaire

Le temple enseveli divulgue par la bouche
Sépulcrale d’égout bavant boue et rubis
Abominablement quelque idole Anubis
Tout le museau flambé comme un aboi farouche

Ou que le gaz récent torde la mèche louche
Essuyeuse on le sait des opprobres subis
Il allume hagard un immortel pubis
Dont le vol selon le réverbère découche

Quel feuillage sèché dans les cités sans soir
Votif pourra bénir comme elle se rasseoir
Contre le marbre vainement de Baudelaire

Au voile qui la ceint absente avec frissons
Celle son Ombre même un poison tutélaire
Toujours a respirer si nous en périssons.

Stéphane Mallarmé

Baudelire

De profundis clamavi

Yo imploro tu piedad, Tú, la única que amo,
Desde el oscuro abismo que hundió a mi corazón.
Es un triste universo de horizonte plomizo
Donde en la noche nadan blasfemia y horror;

Un sol frío se cierne allí encima seis meses,
Y los otros seis meses noche cubre la tierra;
En país más desnudo que la tierra polar;
¡Ni animales, ni arroyos, ni verdores, ni bosques!

Pues no hay en este mundo horror que sobrepase
A la fría crueldad de ese astro de hielo
Y a esa noche inmensa semejante al Caos viejo;

Celos me da la suerte del más vil animal
Que puede sumergirse en un dormir estúpido,
¡Mientras, lenta madeja, el tiempo se devana!

De profundis clamavi

J’implore ta pitié, Toi, l’unique que j’aime,
Du fond du gouffre oscur où mon coeur est tombé.
C’est un univers morne à l’horizon plombé,
Où nagent dans la nuit l’horreur et le blasphème;

Un soleil sans chaleur plane au-dessus six mois,
Et les six autres mois la nuit couvre la terre;
C’est un pays plus nu que la terre polaire;
–Ni bêtes, ni ruisseaux, ni verdure, ni bois!

Or il n’est pas d’horreur au monde qui surpasse
La froide cruauté de ce soleil de glace
Et cette immense nuit semblable au viex Chaos;

Je jalouse le sort des plus vils animaux
Qui peuvent se plonger dans un sommeil stupide,
Tant l’écheveau du temps lentement se dévide!

*

La destrucción

Sin cesar a mi lado el Demonio se agita;
Nada a mi alrededor como un aire imparable;
Yo lo trago y lo siento que abrasa mi pulmón
Y de un deseo lo colma eterno y culpable.

Toma a veces, sabiendo mi gran amor del Arte,
La forma de la más seductora mujer,
Y bajo especiosos pretextos de soplón,
Acostumbra mi labio a los filtros infames.

¡Él me conduce así, lejos de Dios que mira,
Jadeante y roto de cansancio, al centro
De los llanos del Tedio, profundos y desiertos,

Y en mis ojos arroja, plenos de confusión.
Vestimentas manchadas, heridas entreabiertas,
Y el sangrante aparejo de la Destrucción!

La destruction

Sans cesse à mes côtés s’agite le Démon;
II nage autour de moi comme un air impalpable;
Je l’avale et le sens qui brûle mon poumon
Et l’emplit d’un désir éternel et coupable.

Parfois il prend, sachant mon grand amour de l’Art,
La forme de la plus séduisante des femmes,
Et, sous de spécieux prétextes de cafard,
Accoutume ma lèvre à des philtres infâmes.

II me conduit ainsi, loin du regard de Dieu,
Halelant et brisé de fatigue, au milieu
Des plaines de l’Ennui, profondes et désertes,

Et jette dans mes yeux pleins de confusion
Des vêtements souillés, des blessures ouvertes,
Et l’appareil sanglant de la Destruction!

*

Los Ciegos

¡Míralos, alma mía; son realmente horrorosos!
Parecen maniquíes; vagamente ridículos;
Terribles, singulares igual que los sonámbulos;
Clavan quién sabe dónde sus ojos tenebrosos.

Ojos de los que ha huido ya la chispa divina,
Que, como si a lo lejos vieran, alzados siguen
Al cielo; no lo vemos hacia el piso jamás
Bajar como soñando su cabeza abrumada.

Así atraviesan ellos el negro ilimitado,
Hermano del silencio eterno. ¡Oh ciudad!
Mientras que alrededor tú cantas, ríes y bramas,

Amante del placer hasta la atrocidad,
¡Mira! ¡También me arrastro! Y, aún más bruto que ellos,
Digo: ¿Allá en el cielo, qué buscan tantos ciegos?

Les Aveugles

Contemple-les, mon âme ; ils sont vraiment affreux!
Pareils aux mannequins ; vaguement ridicules;
Terribles, singuliers comme les somnambules;
Dardant on ne sait où leurs globes ténébreux.

Leurs yeux, d’où la divine étincelle est partie,
Comme s’ils regardaient au loin, restent levés
Au ciel; on ne les voit jamais vers les pavés
Pencher rêveusement leur tête appesantie.

Ils traversent ainsi le noir illimité,
Ce frêre du silence éternel. O cité!
Pendant qu’autour de nous tu chantes, ris et beugles,

Éprise du plaisir jusqu’à l’atrocité,
Vois! je me traîne aussi! mais, plus qu’eux hébeté,
Je dis: Que cherchent-ils au Ciel, tous ces aveugles?

*

El vino de los amantes

¡Hoy es espléndido el espacio!
¡Sin freno, espuela o bridas,
Partamos a caballo del vino
Hacia un divino cielo mágico!

¡Como dos ángeles torturados
Por un fuego implacable
En el cristal azul de la mañana
Vayamos tras el espejismo!

¡Tiernamente mecidos por el ala
Del torbellino inteligente,
En un delirio paralelo,

Nadando, hermana, lado a lado,
Huiremos sin treguas ni reposo
Al paraíso de mis sueños!

Le vin des amants

Aujourd’hui l’espace est splendide!
Sans mors, sans éperons, sans bride,
Partons à cheval sur le vin
Pour un ciel féerique et divin!

Comme deux anges que torture
Une implacable calenture,
Dans le bleu cristal du matin
Suivons le mirage lointain!

Mollement balancés sur l’aile
Du tourbillon intelligent,
Dans un délire parallèle,

Ma soeur, côte à côte nageant,
Nous fuirons sans repos ni trêves
Vers le paradis de mes rêves!

*

El puerto

Un puerto es una sede encantadora para un alma fatigada de las luchas por la vida. La amplitud del cielo, arquitectura móvil de las nubes, las coloraciones cambiantes del mar, el centelleo de los faros, son un prisma maravillosamente apropiado para entretener los ojos sin cansarlos nunca. Las formas esbeltas de los navíos, de complicado aparejo, a los que la marejada imprime oscilaciones armoniosas, sirven para mantener en el alma el gusto por el ritmo y por la belleza. Además, sobre todo, hay una suerte de placer misterioso y aristocrático para quien ya no tiene ni curiosidad ni ambición, en contemplar, tendido en el mirador o acodado sobre el muelle, todos esos movimientos de los que parten y los que vuelven, de los que todavía tienen la fuerza de querer, el deseo de viajar o enriquecerse.

Le port

Un port est un séjour charmant pour une âme fatiguée des luttes de la vie. L’ampleur du ciel, l’architecture mobile des nuages, les colorations changeantes de la mer, le scintillement des phares, sont un prisme merveilleusement propre à amuser les yeux sans jamais les lasser. Les formes élancées des navires, au gréement compliqué, auxquels la houle imprime des oscillations harmonieuses, servent à entretenir dans l’âme le goût du rhythme et de la beauté. Et puis, surtout, il y a une sorte de plaisir mystérieux et aristocratique pour celui qui n’a plus ni curiosité ni ambition, à contempler, couché dans le belvédère ou accoudé sur le môle, tous ces mouvements de ceux qui partent et de ceux qui reviennent, de ceux qui ont encore la force de vouloir, le désir de voyager ou de s’enrichir.

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Antología esencial Charles Baudelaire, traducción de Rodolfo Alonso, Fundación Editorial el perro y la rana. Venezuela, 2009

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Foto: Cenotafio a Charles Baudelaire -Cimetière du Montparnasse

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Del solitario Dámaso Ogaz : El huevo estéril

1.1

El huevo estéril*

Crecida en la época de la inseminación artificial, de las células fotoeléctricas, la publicidad luminosa, el radar, las antenas de televisión, ella ostentaba modales en consonancia con los gustos de su tiempo. Era delgada, pequeña, irritable, amante de la economía, la ciencia-ficción y tenía la inveterada costumbre de soñar.
Era bastante conmovedora con su ojo color de acero bruñido, con su alma girando sobre un eje, incapaz de salvación o perdición.
Se ignoraba qué manos invisibles marcaban su rumbo, sus pensamientos inseguros entre el trajín parisiense. Sólo conocía esa caja cerrada donde vivía, esa buhardilla estrecha, enjuta: largo cajón lleno de tradición desde cuya cúspide se veía la Tour Eiffel –el viejo ardid de las tarjetas de turismo–.
Tenía un marido altamente culto y espiritual, encuadernado en cuero flexible y gran lector de los best-sellers. Su marido, que la amaba en forma especial y nada peligrosa, trabajaba en horarios nocturnos. Cuando en la madrugada veía asomar su cabeza calva, aquella cabeza que ella hubiese deseado se pareciera a la de Landrú, plegaba la piel de su cara y poníase a incubar su único huevo, cumpliendo su deber legal. No obstante era también esa tenaz voluntad de darle un hijo legítimo, seguro, reconocible la que había creado este púdico ritual. Su infidelidad marital era una historia con cierta dosis de ambigüedad. Comenzó hace un tiempo, con la llegada de aquel vendedor de oráculos, de abundantes carnes, que la sorprendió cuando estrechaba amorosamente el precioso huevo contra sus senos… Éste fue el primero que le predijo la esterilidad del huevo tras una demostración práctica. Después una sucesión de rostros, manos, piernas, gestos y frases diferentes sobre el huevo. Pero era siempre el mismo chapuzón entre las sábanas y los trajes de aquel trabajador nocturno, con una confusión de leves gritos, gestos convulsionados y silencio. Para ella esta sucesión de amantes no era más que un juego, una broma, un deporte ligero, empero, se obstinaban en gritarle que ese adminículo negro que solía adornarle las piernas en lo más alto, lejos estaba ahora de permanecer en su lugar. Ella, entonces, se quedaba perpleja sin saber qué dirección tomar y qué palabras decir para no dejarse atrapar por los implacables engranajes de sus vecinas. Dudaba un tiempo, mas apenas podía fijar los pensamientos. Cualquier observación de este tipo hacía trabajar su organismo y la sangre se le empozaba en el sexo.
Después de algún tiempo cedía no al furor que las reglas del juego exigen sino al deber conyugal: el viejo sueño de darle un hijo legítimo, idéntico. Y sigue empollando su único huevo. ¡Oh dulce locura!
Llegaron los años de madurez y el huevo estéril, putrefacto, yace todavía entre sus piernas inmóvil.
– ¡Cochino mundo! – dijo, mientras movía el ojo ciego en dirección a lo alto.


  • Rayado sobre El Techo, n° 2. Ediciones El Techo de la Ballena, Caracas, mayo de 1963.

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Foto: Piotr Rosinski

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Cinco poemas de Theodore Roethke. Traducción: Alberto Girri

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La Decisión
I

¿QUÉ hace temblar el ojo sino lo invisible?
Escapar de Dios es la carrera más larga.
De joven era perseguido por un pájaro
–La avefría es lenta para abandonar su canto–
No conseguía arrancarme de la mente aquel sonido,
El soñoliento rumor de hojas en un viento ligero.

II

¡ALZARSE o caer, la disciplina es una!
¡La línea del horizonte se agudiza!
¿Cuál es el camino?, le grito al pavoroso negro,
Las brasas a mi espalda, la inestable sombra.
¿Cuál es el camino?, pregunto, y me dispongo a andar
Como un hombre que enfrenta la llegada de la nieve.

The Decision

I

WHAT shakes the eye but the invisible?
Running from God’s the longest race of all.
A bird kept haunting me when I was young–
The phoebe’s slow retreating from its song,
Not could I put that sound out of my mind,
The sleepy sound of leaves in a light wind.

II

RISING or falling’s all one discipline!
The line of my horizon’s growing thin!
Which is the way? I cry to the dread black,
The shifting shade, the cinders at my back.
Which is the way? I ask, and turn to go,
As a man turns to face on-coming snow.

*

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El hipopótamo

¿QUÉ le falta, la Cabeza o la Cola?
¡Creo que es su Adelante lo que retrocede!
Vive de Zanahorias, Puerros y Heno;
Para bostezar necesita un Día Entero…

A veces pienso que viviré así.

The Hippo

A Head or Tail -which does he lack?
I think his Forward’s coming back!
He lives on Carrots, Leeks and Hay;
He starts to yawn –it takes All Day-

Some time I think I’ll live that way.

*

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Vaciadero de flores

CAÑAS brillantes como escorias,
Tallos como babosas,
Enteras camadas de flores arrojadas en montón,
Claveles, verbenas, cosmos,
Abono, malezas, hojas muertas,
Raíces desventradas,
Con venas descoloridas
Entrelazadas como finos cabellos,
Cada masa con la forma de un tiesto,
Todo fláccido
Salvo un tulipán en la cumbre,
Una cabeza jactanciosa
Sobre lo agonizante, lo recién muerto.

Flower Dump

CANNAS shiny as slag,
Slug-soft stems,
Whole beds of bloom pitched on a pile,
Carnations, verbenas, cosmos,
Molds, weeds, dead leaves,
Turned-over roots
With leached veins
Twined like fine hair,
Each clump in the shape of a pot;
Everything limp
But one tulip on top,
One swaggering head
Over the dying, the newly dead.

*

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Una vez más lo circular

¿QUÉ es más grande, Guijarro o Laguna?
¿Qué podemos conocer? Lo Desconocido.
Mi yo verdadero corre hacia una Colina
¡Más! ¡Oh Más! visible.

Glorifico mi vida, ahora,
Con el Pájaro, la Hoja que perdura,
Con el Pez, el Caracol que busca,
Y el Ojo que todo transforma;
Y danzo con William Blake
Por amor, por amor de Amor solamente;

Y cada cosa retorna a Uno,
Mientras danzamos, danzamos, danzamos.

Once More, The Round

WHAT’S greater, Pebble or Pond?
What can be known? The Unknown.
My true self runs toward a Hill
More! O More! visible.

Now I adore my life
With the Bird, the abiding Leaf,
With the Fish, the questing Snail,
And the Eye altering all;
And I dance with William Blake
For love, for Love’s sake;

And everything comes to One,
As we dance on, dance on, dance on.

*

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El diamante

El pensamiento no puede triturarse.
La gran maza se abate en vano.
La verdad no se desmembra nunca;
Su armazón permanece.

Los dientes de entrelazados engranajes
Giran lentamente en la noche,
Pero la verdadera sustancia resiste
Al peso del martillo.

La presión no puede romper
Un centro tan congelado;
La herramienta no arranca ni una astilla,
El núcleo queda sellado.

The adamant

THOUGHT does not crush to stone.
The great sledge drops in vain.
Truth never is undone;
Its shafts remain.

The teeth of knitted gears
Turn slowly through the night,
But the true substance bears
The hammer’s weight.
Compression cannot break
A center so congealed;
The tool can chip no flake:
The core lies sealed.

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1999-3-16_thTheodore Roethke (1908-1963). Poeta estadounidense de tono predominantemente autobiográfico. Autor de libros como Casa abierta (1941), El hijo perdido y otros poemas (1948) y El despertar (Premio Pulitzer de 1953). Existo, dice el cordero (1961) incluye poemas para niños. Sus últimas poesías se publicaron póstumamente en El campo lejano (1964).

Los textos escogidos forman parte de Poemas, Huerga y Fierro editores (2000) traducidos por Alberto Girri.

Fotografía de Randlett Mary.

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Fotos: Trent Parke

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Entre dos aguas: Orinoco y Caroní.

“Para el hombre que espera es la Luna.
Es Sol para la canoa que remonta el río.
Y para los hombres todos de la selva es el agua”.

(Fragmento de una canción piaroa)

1 aa warao 010

°

Entre las venas… el río

No pedí habitar el Sur
esta planicie de olor a guayaba
sus techos de albahaca molida
y calles angostas de mastranto.

No pedí habitar el Sur
sin embargo mis ramificaciones
enroscan una quimera de soles
y en las horas del delirio, suelo hundirme
entre alguna mata de mango.

Mi falda dulce perfumada
tropieza con barcazas de colores…
¡Destierra mi sed el río
que de plegarias rocía
las piedras entumecidas
de algún baladí perdido!

No pedí habitar el Sur
ni saborear los mereyes
(el caujil o acayouba)
ni extraviarme en los almendros
ni en los himnos derramados.

En la cúpula azabache
un crujir de viento encrespa
el respirar de cocuyo
que va agitando la sangre.

No pedí habitar el Sur
pero el Caroní me alcanza

besa, recorre.

°

Niñas warao“Las noches en los puertos cuando la soledad y el deseo
nos acompañaban por los muelles.”
Juan Liscano

En el declive de las olas

Yo viajaba de noche entre raíces menudas
despojaba al océano de bestias fluviales
y entre la línea difusa de mar y cielo
mi cuerpo bañado sus alas suspendía.

Yo besaba crepúsculos con mis pestañas
en el temblor del beso se vertía el follaje
en una nube verde perfumada de sales
conduje mi carruaje hasta su barca.

Era el cielo liviano como un niño dormido
como el rumor dorado de los albatros
como las manos de un pez que sumergido
rozaba las venas extendidas del oleaje.

Yo tendí las membranas hasta su frente
despojaba sus túnicas hieráticas plisadas
y en la majestuosidad desnuda de mi espalda
redimía el pecado de fuego en alfileres de agua.

Su rostro se regaba sobre la dermis
apenas perceptible se hilvanaban
enramadas fragantes de arena finísimas
sembrándonos las pieles despobladas.

Después el lodo blanco del silencio,
un silencio de espuma perpetuaba
la ensoñación que en nuestras lenguas se dormía

el repique de mi vientre en su boca de piragua.

°

Orinoco Unión de Orinoco y Caroní 21364736

Como flecha de barro sin rostro…

como flecha de barro sin rostro
oscilo en el aire

zigzagueo las rendijas agrias y amarillas
destiladas por la noche

cavo sus mejillas enormes
de elefante

en una de sus zanjas intento
insertar las pesadillas

levanto los labios
n e g r í s i m o s

punzados de palabras gruesas
deseosos de llorarlas

atrevida se impone la lluvia
trasmuta el suelo

es un lago verdinegro
de llanto neblinoso

en medio
una ciudad se alza

improviso piruetas ahumadas
sobre el lodazal

alcanzo la falda tenue del río
él levanta sus lapislázulis alas

me pego a su inmensidad dulce
de estrellas

el río me atrae
con su bruma que titila silenciosa

como me atrae el mortífero sarín
o las femeninas flores del higuerillo

escucho la rareza fulgurante
de su pecho erguido

lamo el fondo
que no sabe a sol

beso la orilla.

°

Puente Angostura sobre el río Orinoco, Ciudad Bolívar

Ven hacia el río cual llamarada
busca mi piel en su cauce la historia
lecho de amantes del amor la Gloria
sostenida tarde inusitada.

Y llega tendida y sosegada
del Orinoco el agua partidaria
entre la piedra grisácea, plegaria
a Dios y la Virgen Inmaculada.

¡Oh Amado Padre mi amor primero!
¡Oh Piadosísima Virgen con tu mirada
purifica almas que tu gracia adentre!

Y cual garzas blancas cruzando estero
techando con palmas el sueño, aguzada
percibo olor a helecho en mi vientre.

*

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*

Textos:

© Natalia Lara

(Venezuela)

*

Fotografías:

© Alfredo Cedeño

Etnia Warao

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Los Días

11182246_364363337087877_3567473212965801694_n

se reconstruyen las voces
en las gargantas ciegas
inútil olvidar la sangre a cántaros
el sol desvanecido
y su mirada glacial
se introduce en las córneas
desgastando los días
lanzados al pozo.

© 2012 Natalia Lara

(Venezuela)


Niños de la guerra
por David Seymour
_______________

Flor Aterrada

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Me hundiré en las negras perlas
antes que broten hormigas
navegantes malheridas
en deshidratado mar
a m e n a z a n t e

Hincaré la yugular
del minotauro que extiende tus párpados
haciendo amarres en los cerrojos;
rasparé ausencias violentas
remontadas en las sienes

Una estridente trompeta
será ejecutada
demoliendo el arenal que pisa tu brillo
fuga en corazón sentenciado a no vestir la paz
desdentado de dolor

Odisea punzante alrededor de la flor
cuando el varón congénito, Prometeo,
se pierde
sin dejar en la nevera una ración de su rastro

mamá.

© Natalia Lara

(Venezuela)

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Foto: Andre De Freitas
_____________________

Poema XIV

Imagen

De usted nace la marca de la náusea

cuando expone el alma insidiosa

de una ciudad a oscuras.

Usted que se sabe semimuerto

solo desde el primero de los títulos

frente al muro inexacto de los mares

sin ninguno de los equivalentes

de Berzelius bajo su sombra.

A usted lo persigue el surco antiguo

custodio del aro distribuido en su cintura

donde habitan los movimientos soterrados

de un tiempo insano

(los que reaviva con el barro volcánico

de la derrota).

Usted es hoy el hueso roído del águila,

astilla en el panal apedreado,

d  e  s  p  e  r  d  i  g  a  d  o

va en la búsqueda del espejo cóncavo

donde develar las ruinas de un siglo atabacado.

Usted, en la ternura ociosa del claustro

se va adormeciendo, y en lo índigo

del amor que escasea

su jerarquía es humo y mansedumbre:

Vive para la sordidez

entre el saldo negativo del deseo.

A usted, pájaro hemorrágico

los años le empujan el plumaje,

raramente se hunde en la alfombra

la redondez de una lágrima.

Sin precisión para dejar su mordedura en el otro

Usted, Poeta, “ese animal triste”.

© 2014 Natalia Lara

Venezuela

Dos Poemas de Armando Rojas Guardia

*

Armando Rojas Guardia. No recuerdo con exactitud cuándo llegué a descubrirlo, pero sí lo que me causó adentrarme a su obra esencialmente poética, de simpleza estilística; los símbolos que me permitieron construir un imaginario, la conmoción al descubrirme en alguno de sus versos, buscando entonces emularlo con algún poema.

Escritor fundamental de la lírica venezolana, nacido en el año 1949, fundador del grupo Tráfico, último grupo literario de la Venezuela del siglo xx.

Los textos a continuación descritos forman parte de su Antología Completa, Ediciones El otro el mismo.

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***

De Poemas de quebrada de la virgen

19
No buscados, hoy amanecen el pan sin el soporte de la mesa, el agua regia sin el vaso, el árbol sin las letras que lo escriben o pronuncian, el pájaro puntual en la ciudad dormida.

La lluvia pisa la grama y resucita vírgenes perfumes. La cal nueva fulge en la pared del campanario donde el domingo me convoca.

Ese trozo de musgo en el asfalto me recuerda que el Mundo, subversivo, derrota a la Historia finalmente. Y con él, vence este día, cabal e impronunciado, rendimiento en su fasto la basura acumulada ayer sobre la acera.

Hay asueto en la entraña del silencio y hasta las motocicletas braman hoy en el vacío festivo, como un circo de animales prehistóricos jugando en la infancia silvestre del oído.

La calle de siempre es otra calle: una estampa escrita por detrás en la caligrafía primera de la luz. No hay mariposas, pero en cambio los ojos de aquel perro, bajo el porche, agradecen, acuosos, el sol tibio.

Me miran ignorando su dulzura en la extática plegaria del instinto.

¿Cómo cristalizó el mito de esta hora en el ateísmo líquido del tiempo? Alguien dibuja el día por nosotros. Alguien me ama hoy, secretamente.

(A Alberto Barrera)

25

Así como a veces desearíamos que Karl Marx y Arthur Rimbaud se hubiesen conocido en una mesa de algún Café de Londres, mientras en el agua sorda del Támesis -ahíta de grumos aceitosos que flotan entre botellas y colillas y ropa gris de gente ahogada- espera el Barco Ebrio, ya sin anclas, a que el fantasma que recorra Europa suba también, para zarpar (Karl, vestido con blue jeans marineros se despide de Engels en el muelle y Tahúr hace lo propio con Verlaine -los sueños insolentes hasta ahora enfundados en la gorra que usó él mismo en la Comuna);

así como, a estas alturas, quisiéramos que Hegel, apeado del estrado de su cátedra, hubiese visitado a Hölderlin un día en su manicomio oculto de la torre para escuchar cómo el demente -sin reconocerlo tal vez en su delirio- le habla de un viejo amigo de Tubinga con quien, en mitad de una fiesta adolescente, bailó una mañana, junto a un árbol por ellos mismos levantado (“Libertad”, lo llamarían) tan fieros y felices como niños orinándose, con el impudor de los puerros, frente al rey (en la siesta monocorde del verano, recordando novias suavísimas de Heidelberg, los dos compañeros se confiesan: la razón deben pedirle a la locura su danza irreductible, la inocencia con que el loco Hiperión, desde su torre, enseña al profesor de la luz blanca, la rosa de los vientos del Espíritu, no termina en el Estado de los Césares, se burla de las Prusias de los Káiseres);

así querría yo hoy que a William Blake lo hubiesen dejado predicar un solo día sobre el púlpito labrado de una iglesia -la catedral de Westminster, por ejemplo- en presencia de arzobispos y presbíteros y de una multitud de feligreses harta, como todas, de sermones. Imagino el viento sagrado resonando, por primera vez, junto a los mármoles, mientras los cuerpos, desnudados por fin como a la hora del agua o del amor, se erizan con el paso del Dios vivo y tiemblan ante el olor de Cristo el Tigre devorando las ingles de las almas, ahora tan intactas, tan ebrias y tan vírgenes como la de aquel niño canoso viendo ángeles a la hora en que arde Venus sobre Lambeth y hasta las prostitutas de Soho profetizan.

ROJAS-GUARDIA

Armando Rojas Guardia.  Nació en Caracas, en 1949. Entre 1967 y 1973 fue marcado por la experiencia religiosa como estudiante jesuita y como miembro de la comunidad de Solentiname (Nicaragua), dirigida por Ernesto Cardenal. Obtuvo el Premio Conac de Poesía, en 1986 y en 1996, y el premio de ensayo de la Bienal “Mariano Picón Salas” 1997. Cursó estudios de filosofía en Caracas, Bogotá y Friburgo (Suiza) y ha ocupado diversas posiciones como editor, investigador y profesor.

**** Foto extraída del sitio http://www.hableconmigo.com/2009/10/20/eva-pulido-marquez-reveron-noble-mas-alla-del-corazon/

«Finalmente el festín»

mujer

*

a Armando Rojas Guardia

He sentido caer los párpados entre los granos de polvo al descubrir una sinfonía a destiempo.

He conversado con la sombra del desamparo – me he posado en sus ruinas.

He mamado el hilo tempestivo de un cello sin cordal triturada su caja hueca en el pandemonio.

He tensado la cuerda que columpió a la muerte con fármacos anticolinérgicos a la hora del postparto.

He saboreado letal sal diseminada junto a las bocas de los míos y aún recorre mi lengua la terneza de los naranjos – su riachuelo florido de un blanco ángel.

He quebrado la paz tenue en el silbido agudo del padre donde reposan mis vértigos.

He truncado la ávida memoria con lo “Áspero” de Arráiz – espeso y rebelde se ha instalado en mis muslos.

Finalmente el festín sobre un lago espectral.

Junto mis manos famélicas y lavo la devastada piel de la calvicie de los días

porque hirsuta y exhausta he sido feliz.

©All rights reserved. Author Natalia Lara 2014

__________________ Foto: René Groebli __________________

La calle

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LA CALLE intoxicada de malos agüeros

los nuevos déspotas con el corazón mullido

 

 

He contenido la palabra para no fundar arrebatos

he forcejeado también con la noche desahuciada

y su menoscabado colchón de maledicencia roja

mientras mi pelvis claudica sin la erupción de los  aplausos.

 

Sola de mí con la libre jerarquía

de alzar apetitos sobre la arenosa espalda,

deshacer el ruido ahíto de sombreados mártires

con olor a almizcle.

 

Uno las herrumbres respectivas de antiguos insomnios

mi instinto se apega al nombre exacto clavado en la ingle

un labio semiabierto lo columpia hasta el hartazgo para sacudir migajas

y  seccionar la resaca tenebrosa que produce el desfiladero.

 

Sola de mí, pulo los ojos nómadas que cuelgan del acantilado

y  una lengua vidente sabe que me acerco

con este morbo intermitente que asquea     

para calzarme a él sin el aire de la fuga

 

limpiarnos mutuamente los rubores de las frentes

tocar las domesticadas bocas y descubrirnos más.

©Natalia Lara

(Obra perteneciente a la revista ensamblada “La tapa del frasco” a cargo del escritor carabobeño Carlos Yusti, 2014)

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Foto: Eikoh Hosoe

Tránsitos

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La soledad, la lluvia, los caminos…

César Vallejo

 

Un arremolinar de mariposas amasadas por su aliento

relámpago arrugado en los cristales

espíritu quebrado en el surco cenizo

agolpado en los maizales de fuego.

Siembra de amarguras resbalando las botas

dolor humoso en  los ojos de polvo

clandestino avanza la tierra amarillenta,

disuelve la elipsis sus pasos en sitios excluidos.

Él no pregunta adónde lo llevan.

Se derrite el sueño en aguas quemadas

tal vez por vetustas mieles escurridas

–         tiempos inmemoriales de luces mansas-

r   e    m    e    m    b    r     a    n     z     a

Inequívoco sol cegando hoy la roca.

El pobre hombre traslación

y el sabor agrio del humus  en sus manos

osando revivir el aroma perdido.

En una vía desfallecida la ausencia a cuestas

su nombre dormido en el pico del albatros.

Una espuma de mar agónica devorará su pecho.

© Natalia Lara

 

 

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Sergio Larraín Photography

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Poema “Estrechez”

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“La carne contra la carne produce un perfume…”

Anaïs Nin

                                                                                                               

 

¡Oh, rojo cáliz que te incrustas

en la ranura, donde se hundía la noche!

La porosidad de la madrugada perenne

y su grito de paz frágil;

los pigmentos de azur luminoso

alrededor de las venas.

Hay un instante que derrama sus aguas blancas

cubriendo las pisadas ardidas de la tierra.

Las vísceras del recuerdo –más vivo que muerto-

d      e     s      c      i     e     n      d      e

como huracán invisible de la carne.

El pútrido perfume intercepta los repliegues

hinchando interno acueducto

hasta desfallecer en vientre náufrago.

Monstruosamente el hombre que alucina

i     n      c      i      n     e      r      a

la vulva roída y redentora de su madre

baña de vino ceniciento el último coito clandestino

hasta salpicarme.

(Suena un gong y un lirio me atraviesa)*

(*) Sonia Manzano

©  Natalia Lara

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Photo by Burki

Letralia 290 | Letras | Tres poemas | Natalia Lara

La manceba

Pendant que les fonds publics s’écoulent en fêtes de fraternité,
il sonne une cloche de feu rose dans les nuages.

Arthur Rimbaud

La materia del ovillado día traza su dolor de agua
tiende la lluvia sus collares de perlas sulfúricas y nítricas.

Marchito está el recodo de los árboles en flor,
el aire prolonga los polvos y ramajes de orín.

Cae agitada la voz densa de luz sobre las estepas
la doncellez del pájaro delgado se une a los brazos
[del limo triste.

Un hombre de fuego cruza dos estaciones sollozando
después de ofrendar la sangre primitiva de su pueblo,
de exponer la savia abrasada en latitudes lejanas,
de exprimir el fruto turbulento y de desidia.

¡Oh! torrente despeñado en el desmayo de las horas
trueno arrebatado agitando al horrísono nuestras calles
[de antílopes.

Mefisto Rey sobre amarrando las córneas del rebaño
horadando las arterias del suelo atrofiado de silencios que latigan.

Mi corazón en desgastado rumor se desgrana

donde la ley es manceba.

Los legisladores necesitan ciertamente una escuela de moral.

Simón Bolívar

Letralia 290 | Letras | Tres poemas | Natalia Lara.

Los desafueros copulan…

«Mas somos lo que hemos hecho.

Sufrimos, los años pasan,

dejamos caer el peso

pero no nuestra necesidad

de cargar con algo». 

Derek Walcott

 

Los desafueros copulan

como machos y hembras

gimiendo sobre el lodazal

en un terreno empinado

que inmola la libertad

y siembra en el precipicio

al pueblo incólume.

Licuaron clemencia

deshilvanaron la paz

anegados de rojo fiereza

decidieron hincar hasta el nombre.

(De cordillera a cordillera

los vivérridos comieron

de nuestra morfología).

Y así trizas

dispensadas

por sus toscos

habitantes.

(Hemos de naufragar

con las limosnas

mientras crujan los faroles

con una gota de lumbre).

 

 

 (Febrero 15 Año 2014)

 

© Natalia Lara

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

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Fotografía 14II2014 Caracas

«Fruit Punch» y otros poemas. Por Fernando González (Uruguay)

«Fruit Punch», de Fernando González (Uruguay) Fruit Punch

no me pregunten de dónde viene este jugo

porque no me lo puedo ni imaginar

sé que no se acaba

que podría ser resumido hasta quién sabe

que esencia de cáscara de eucaliptos en verano

por esta procesión de ampollas abolicionistas

pero ofrezco tres dedos con anillo

para cargar la imposibilidad de sus síntesis

no me pregunten de dónde viene el jugo

está claro que no es una reflexión de sol invertido

en las cañadas de estas pampas ni skyline

de ciudades con sabor de leyenda

sé que no se acaba

que podría ser difamado/negado/adorado/

pero jamás embalsado para generar energía-bestia

ni cicatrizado por un coro de libélulas tan inciertas

ni agitado por un alud de latas de pintura

que a mí me dejaron con este altercado mafioso

en los dientes sé que nada lo perturba y

daría mi colección de contornos bienintencionados

y sería tierra en tu maceta para verlo multiplicarse

para ver por la ventana donde todo se vuelve humo.

***

Bob Willoughby

Ya veré de tus ojos esquilarte…

ya veré de tus ojos esquilarte con sueños azules
y será tras despojos
donde se cocerá a puntadas de días
-que no te pertenecen-
este relato sobre la paranoia y
los huesos en el extranjero, sobre la venida
de monstruos que ni te imaginas
dentro de cajas de federal express.
nieve sobre nieve sucia
palacios de hielo
la princesa por 22 días,
con los dedos de los pies
más hermosos del mundial de dedos de pies femeninos,
a punto de saltar;
averiado se me queda el pensamiento,
lastimado por la grasa amarilla del sol.

***

Monty Clift

Despedida

una luz está donde está
y no se puede tirar para hundirla,
estará en lo alto de la boca,
se alojará en el bajo intestino
desviara la atención
para no herir al bullicio
de esta fascinación increíble
por el aire acondicionado;
esta luz es la energía del monje
en contradicción,
de un tango en erección,
de un brío en segundas nupcias,
es la división que atornilla el total
del ensamble del parque de diversiones
esta luz, es tanta luz, que no da luz
es el émbolo que inflama la paz
de los traidores hasta que vuelvan las nieves
a dibujar nuevos diseños de micro flores
del paraíso
entonces todo se pondrá tan en orden
y la luz se apagará consciente de su
anacronismo
como un anciano abandona la aldea
para ser comido de tigres.

***

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LO-FI

“no tengo que decir
soy el hombre muerto”

Parmenides Rodríguez.

decibel acilindrado por el canal auditivo
yendo y viniendo con constancia
de río
se sigue el gran ruido gris
fabulando
nuevas
enmiendas

destornillando a la plaga
los remolinos gruesos
hunden el triperío del hombre-res.

***

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Como un extraño felino…

Como un extraño felino
te deslizas suave, aceitado en la noche
hasta trepar tu mirada,
tocando las cuerdas de lingas de acero del puente
un felino no de comic book, no de historia de fantasía heroica
Uno que se sumerge en la pelusa subterránea de la noche
se desvive por acontecer y modificar el destino de la chatarra de memorias
de su expiación del vacío
Seguirás falopeándote para mantener intacto tu albedrío
para endulzar la ansiedad
seguirás inflamándote para inflar un globo donde tomen aire tus pulmones hartados de nicotina
cuando las bacterias se coman la carne de las paredes del ensueño
y ya no queden más holydays para escrutar la paz
y llenarnos la cabeza de tannat o cabernet sauvignon de damajuana
serás el mismo que se cure los cortes con mantecas generadas
en impresoras 3D
a fuerza de no haber hallado mejores vacas.

a-FG-anigstan

***

4

A una mujer joven de vestido azul que camina

con timidez por una vereda de piedra

mientras yo tomo mi desayuno en la cafetería

Brillaba , era una piedra y se sentía
liberando energía de calor
sintió ser el argumento de los cielos en la tierra
una especie única que acomodaba el día,
sintió que sus llagas eran bocas
por donde le estaba entrando y se le devolvía
la justicia, el equilibrio limpio de una mañana
justo antes de quebrarse y dejar caer bolsas
de suero oral sobre las orgullosas memorias de las abuelas,

pero los rayos son unidireccionales
y una criatura intensa romperá más tarde
el tubo que la contiene y el haz de energía
se partirá justo en el eslabón más débil de sus lágrimas
y será una piedra que empieza a pulirse otra vez
en el lustrado pequeño zapato de la azafata

y yo desde el coffeeshop la veo alejarse
como un ave suave justo antes de volar ese vestido azul
a los techos de los rascacielos de más allá,
en vano mis ojos solo cuencas se llenan
de intrusos taxis amarillos y el ridículo mal gusto
de una limousine blanca
perdiendo lo que pudo ser y ya no será de esta moda;
bajo la cabeza y veo mi cara al revés en reflejo
de la curva interior de la cuchara de café
y leo en los posos de la taza encuentros futuros.

***

13

Hacia distrito invernal

Y el frío bostezando abría su cerrojo,

íbamos por la autopista a Jersey.

Nos detuvimos a cargar gas

y compramos café con crema;

un niño miraba desde un Honda

a la mujer fumando afuera

debajo del jarabe caramelo

que se llovía de los postes de luz

y entonces pagamos y volvimos a rodar,

carteles verdes nombraban los pueblos

y se apagaban quedándose atrás

cualquiera podía ser el destino y la psicosis

de la bruma los hacía ser ninguno.

Entonces era que me preguntaba :

Llegarás antes con las medicinas

o será el mismo arrebato de siempre

los postes de luz doblados de la autopista

contra la madera oscura de la frente.

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(1) Google Images

(2-7) Bob Willoughby

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«L’amour»

«L'amour»

hay un flujo que gira como pájaro
sostenido en la célula hace espirales
los movimientos en tiras son leguas de fuego
y alcanzan la sombra del triángulo
el espíritu ríe en los límites
del cincel que frota la pelvis ardida
en el vientre plano gorgotean los polvos
crispan la piel extensa y sus bifurcaciones

el amor es un hilo sordo.

© Natalia Lara
(Venezuela)


Photographer Sanghyeok Bang


Renáceme en la piel de un país nuevo

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«Se abren piernas,

la lengua taladra el palacio de la muerte,

dos se hacen uno».

Bernardo Chandía Fica

 

 

La descomposición de la hora en macilento aliento,

                 la cólera de los otros por traslúcidas miserias,

                      bajo el dogma miasmático un bocado de cicatrices…

Se me ocurre amarte

instaurarme en imantado vientre,

jugar a los dados promisorios,

hacernos el bien

sin el toque de lunáticos caudillos.

Oscilar las manecillas

de esta poligamia mental,

emancipar las quejumbrosas fronteras

y con la fricción vaginal

pavimentar flageladas avenidas.

¡Ah! Disuélvete, amor, perturbado

cuécete en los costados apiñados

que devotos elevarán tu espíritu lascivo.

Disípame la angustiosa mudez que se desgrana,

el séquito lodoso bailoteado de vergüenza

y las manos sangrantes hinchadas, homicidas…

La modorra del rebaño liberal ardido en sordidez

y mi alma irrepetible beberá los resquicios de tu alma

dejándote huérfano de iracundas heridas.

(Saborearé en la cosquilla del pináculo

el néctar de nuestro extravío)

Fecúndame la libertad del relámpago,

y renáceme amor

no me resigno…

 

 

© Natalia Lara

 

(Poema perteneciente a la Revista Ensamblada La Tapa del Frasco, a cargo del escritor carabobeño Carlos Yusti)

 

 

 

 

 

 

 

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Foto: Guan Zeju

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