«Plagiando a Milan», de Martín Bordenave (Argentina)

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Se nos antojó pasar la tarde y la noche y el día, y la tarde y la noche y el día siguiente, y la tarde y la noche y el día siguiente en la cama, intentando detener el tiempo, con el exclusivo fin de no tener miedo.
Sí, la génesis de Fobos está en el devenir.
Una indecible atmósfera de sensualidad nos envolvía, nacida ella en la lentitud de la cadencia de tus caderas, nuestros cuerpos, mecidos por el exacto movimiento acompasado de una musiquita.
Nos rozábamos primero, inocentes, sin propuestas aparentes, luego nos seguíamos rozando con deseo desacelerado y así; tramábamos la historia.
No rendíamos culto al orgasmo, no ejercitábamos ese utilitarismo mediocre sobre nuestra sexualidad. La ociosidad vencía siempre a la eficiencia. Jamás redujimos el coito a un obstáculo que hay que superar lo más rápidamente posible, para alcanzar la explosión como única meta.
Nos gustaban esos silencios interminables, esas pausas prolongadas, sabíamos callar soberanamente, tanto, que incluso dios y Dios, impresionados por nuestra sabia utilización del silencio, esperaban impacientes, y a veces (solo a veces) era tal su impaciencia, que se precipitaban y a las apuradas, torpemente, colindando con el ridículo, copiaban insoportable y levemente algún milagro del ser.

 

 

 

Copyright © Martín Bordenave

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