Poema XIV

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De usted nace la marca de la náusea

cuando expone el alma insidiosa

de una ciudad a oscuras.

Usted que se sabe semimuerto

solo desde el primero de los títulos

frente al muro inexacto de los mares

sin ninguno de los equivalentes

de Berzelius bajo su sombra.

A usted lo persigue el surco antiguo

custodio del aro distribuido en su cintura

donde habitan los movimientos soterrados

de un tiempo insano

(los que reaviva con el barro volcánico

de la derrota).

Usted es hoy el hueso roído del águila,

astilla en el panal apedreado,

d  e  s  p  e  r  d  i  g  a  d  o

va en la búsqueda del espejo cóncavo

donde develar las ruinas de un siglo atabacado.

Usted, en la ternura ociosa del claustro

se va adormeciendo, y en lo índigo

del amor que escasea

su jerarquía es humo y mansedumbre:

Vive para la sordidez

entre el saldo negativo del deseo.

A usted, pájaro hemorrágico

los años le empujan el plumaje,

raramente se hunde en la alfombra

la redondez de una lágrima.

Sin precisión para dejar su mordedura en el otro

Usted, Poeta, “ese animal triste”.

© 2014 Natalia Lara

Venezuela

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4 pensamientos en “Poema XIV

  1. Marcelo Sosa dice:

    Salado poema, Natalia. Me recordó a Hemingway, a ese barbudo poeta que se escondió hasta más allá de la muerte en las profundidades del novelista. Un abrazo.

  2. Natalia Lara dice:

    Muchas gracias, Ely Mor.

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