V I D A, de Natalia Lara

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                                            Donde siempre hubo amor                                

                                nunca podía haber odio.                                                

                                              M. Benarroch

°

Doblega el trino las manos

despuntan inflamadas vigilias

Soporté la ventisca oxidada

la embriaguez del guijarro amarillo

el rostro apurado del labriego

que trasmuta rosales y geranios

encanto ancestral del paraíso

Soporté en el estanque a mi solo

afiebrada sombra tras la ninfa

extraviada en ovillos y areniscas

Soporté letal sal diseminada

una noche sin soles diademada

puertos sin barcas ni comarcas

el rictus extraño suspendido

Soporté entre lanzas los espejos

en campanas de humo extravíos

el pez ciego en la garganta

amorfa la hoja ensimismada

ambigua luna enrarecida

Heme aquí:

mi lecho poblado irrepetible

madura el fruto en su vasija

el tiempo me abraza en sus murallas

guiñe su ojo y acaricia

Sobre una cúpula azulada

río                      danzo

canto

¡beben mis manos eterna vida!

Mañana notarás al mar

besando mis pupilas.

© Natalia Lara

(Venezuela)

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Foto: Jenny Woods

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