Tres poemas de Martin Bordenave (Argentina)

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«La noche amenaza con fraccionarme…»

La noche amenaza con fraccionarme
y todo lo que logro a estas horas,
es lavarme los dientes
fumar el último
además de calentar la almohada.

Tengo su temblor persiguiéndome
desde la tarde,
ahora se ha hecho un monstruo
creo haberla visto
merodeando en la ventana.

Se calla a estas horas
en su lento intento de poseerme
pero en fin, está esperando,
para asaltarme en el sueño.
Pasa el rato y quizás lo logra.

***

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«Dejarte en la esquina es de cronopios»

Cada una de estas palabras ya fueron escritas, seguramente en este mismo orden, de todas formas, son altas las posibilidades de que hayan sido expresadas con una intensidad y un sentido diferente.

Durante un tiempo
mantuve un puñado de ideas
desplegadas en trozos de papel,
palabras a contramano
totalmente ilegibles.
las letras
que surgieron de mis dedos
que anoté en los papeles
que guardé en mi bolsillo,
eran mi dirección
mi nombre
el título de un libro
el nombre de un disco
los idiomas que hablo
las cosas que no digo.
se ahogan mis pensamientos en agua enjabonada
las burbujas las conservo enterradas
en el jardín trasero de mi casa.
no puedo encontrar
ni un rastro en mi cabeza
de todo lo que ha sido,
tanto me ha dolido
que no queda ni el recuerdo.
recupero solo lo anotado.
son pequeñas pistas que sigo,
para recomponer
las piezas de mi cuerpo,
para no equivocarme,
seguir respirando
saber quién soy
sin tener que pensarlo más de trescientas veces.
desde este momento
percibo un susurro,
dice que estoy loco,
porque como a deshoras
porque rezo al revés
a un dios que ya no existe
y los pies se me llenan de barro
y me salen estigmas en las manos
y se me carea el diente
y me chorrea baba de la boca (¿de dónde proviene?)
y me alegro de no tener un tercer ombligo
y me da por llorar
y me vienen a ver desconocidos,
montan guardia en el patio del frente
y se quedan conmigo por las noches
entre sueños que me perturban.
de a pedazos, el alma de las cosas vuelve a mí,
mi cuerpo sigue transportando tus urgencias,
mientras me reconstruyo y
empiezo a entenderme con los espejos.

***

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«Niña»

Te vi brotar de las columnas y ascender por las lajas de los pasillos de ese hotel, con patio central y laguna inventada. Festejada entre otras cosas por tu claro vestidito y por la sal de tu mechón, por la siesta y por las flores, por la música y por la palabra, por los peces y por los colores.
Así, como en la falta encuentra su centro el deseo.
Así, como de un vientre apareciste.
Así están las columnas y las lajas, los pasillos y el hotel, el vestidito, la sal y tu mechón, la siesta las flores la música la palabra, tu vientre el cielo, los peces los colores, la falta el deseo.
Renacerme y renacerme el cielo, renacerme las alas, renacerme los reflejos.
Vos que tenías en mí, tu más secreto resumen.
Gabriela.
Estás así, Gabriela.
Yo te busqué al mediodía cuando el engaño con pretextos vacuos escondía tu perfume.
Yo te busqué una vida antes.
Yo te busqué en las calles de París con la intención de hacer un cover viviente de algún cuento de un tal Julio.
Yo te encontré por fin, luego de cuatro décadas pares y algunos minutos más, a la sombra de la ilusión, bailando una esperanza, al son de mi destino. En el viento.

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Martin Bordenave. Fotógrafo y poeta. (Buenos Aires, 1971)

Las fotografías y poemas se encuentran bajo Copyright © Martin Bordenave

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