Dos autores de la poesía ecuatoriana: Vanégas Coveña y, Cobo Barona.

Sara Vanégas Coveña

micro-poemas

*

pentti

entre la rosa y el polvo

un parpadeo

y la nostalgia.

(Florencia, 1985)

Pentti Sammallahti 1

cuando los pájaros se fueron

quedaron huecos oscuros

en el viento.

2

no eres sino un astro pero te adoro. adoro tus manantiales y tus sombras. tu obsesión por el mar. y tu terca belleza que enloquece. tus visitas furtivas a mi lecho. cuchillo de luz que me roza los labios. y me ignora.

(Salinas, 1999)

3

desconcertante

y lúcida

la huella de tu andar en mis sandalias.

portugal

yo resbalo en silencio

desde tus ojos

al mar.

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Mario Cobo Barona

sonetos de ultravida

*

4

IV

Los pianos en tus manos repitiéndose

en las trémolas notas de los vientos,

los pianos rumorosos como espejos

represando los sones ya perennes,

repletos de sirenas sorprendentes,

colmados de anteayeres y de tempos

solemnes y huidizos como dédalos

extraídos del mito impenitente.

Las manos en tus pianos sempiternos

estallando en impávidos insomnios,

cubriendo las vigilias de la estrella.

Los teclados, las claves, los requiebros

para orquesta coral y soliloquio

según las partituras de la esfera.

9

V

Sólo te espero a vos para ese viaje

que hoy vuelve a comenzar, enorme, intacto

ambulando en azules, respirando

en algún paraíso reinventable,

flotando entre novísimas cariátides

que sostienen los pesos del espacio,

superando el diluvio de los astros

ebrios de negros hoyos trepidantes

en ayer o después, todo depende

del punto de partida o de llegada,

todo depende de las andaduras

de la mutante sed impenitente

cerca o lejos de otroras ahogadas

en los brazos frutales de la luna.

Birds by Pentti Sammallahti

VI

Se asusta la blancura. Nubes rotas

han salido a volar violando nadas,

locas de plenitud, desesperadas

buscando el alma que partió a deshoras.

El vuelo blanco en nube narradora

prende una historia sobre un cirio de hadas,

hurgando las vocálicas erradas

en la palingenesia de la otrora.

Sólo el vuelo del aire que vertienta

la percusión vibrátil del recuerdo,

se contorsiona en luz transparentada;

sólo en la soledísima belleza

se atisba el indecible derrotero

donde todos erramos las distancias.

7

VII

Faro de estrella devorable, intacta,

sacramentando entradas y salidas

en insondable majestad dormida

entre agujeros negros y fantásticas

espantaciones de trasmundos, nadas:

desde hacenunca allende la utopía,

hacesiempre rondando en la energía

puntualmente eternal, pura y callada.

Andén de estrella nova, yo esperaba,

espero, aspiro su extensión sin límite,

triunfo en la noche de las sombredades.

Triunfo en la paz de aquella vía ancha

que va desoñoleando en los confines

los gritos, los adioses, las edades.

8

VIII

Soledades arqueadas, cuerpos dados,

buceándose, buscándose, esperándose,

comenzando el sin fin: dos soledades

hechas desde el furor cataclismático.

La misma carne en fuego libertario,

asustada, ajustada al mismo cauce,

desbocado en los mismos bustedales

luego del frío sideral, y tanto

irse calando en nada en nada en nada,

luego de regresiones subsumisas

en esos intramundos ilegibles

donde soy el que fui y soy de tu alma

el que seré, burbuja sumergida

en primogenituras indecibles.

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  • Sara Vanégas Coveña, Poesía Junta. Publicaciones CCE Benjamín Carrión, Ecuador, 2007.
  • Mario Cobo Barona, Poesía caminante, Antología poética. Publicaciones CCE Benjamín Carrión, Ecuador, 2007.

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Foto: Pentti Sammallahti

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