En “Piedra de habla”, Ana Enriqueta Terán

PIEDRA DE HABLA forma parte de la denominada Colección Clásica de la Biblioteca Ayacucho. Esta antología reúne poemas de gran fuerza y unidad, intensos y verdaderos, pertenecientes a una de las poetas vivas más importante de las letras venezolanas: Ana Enriqueta Terán.

1

Santidad del bermejo

A Luis Daniel Terán

Ni árboles bellos, ni casa ni recuerdos como perrillos del bermejo

ni sonreír despacio después de promesas que no se cumplen. Rabias.

No rabias. Más bien se mira pobreza y castidad del día.

Tres, cuatro palabras acomodadas en lugares de miedo.

Tres, cuatro palabras mientras lo desmesurado y exacto

mancha torso de padre y madre y derechura y santidad del bermejo.

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Invocación a la madre*

Es tanta soledad, soledad tanta
como del ave que acrecienta altura
y traspasa la luz y la quebranta

para invocar respiración futura
y paso a paso sofrenar el grito
hasta hacer de la piedra, su andadura.

Endurecer el aire; lo finito
asirlo con firmeza, de madera
que lo uno ni lo otro formen mito

y sí la madre como voz primera,
audible, pero llena del momento
donde se unen el fuego y la madera.

Donde se unen defensa y pensamiento.
De piedra la andadura y saber fuerte
que, en sus brazos, la piedra fue lamento

y recibe con ámbito de muerte
la que fue niña suya, sin descanso
y sigue siendo suya, de tal suerte

que jamás la dulzura hizo remanso
en trato igual, de dos que fueron una:
ambas de soledad y pliego canso.

Pliego donde dispuso la fortuna
estrellarse, llegar, hacer del grito
nube de tacto o clámide de luna.

Porque ella espera en el secreto rito
del saludo. La madre, su semilla,
su “defender” de cara al infinito.

Entonces, pues, recibirá sencilla
labia, para que el pecho donde crezca
sea como de trio a la rodilla.

Y hará que con la luz desaparezca
todo temor, toda esperanza vana
que un dulce giro de salir, ofrezca.

O se lleve de frente la mañana
con su hervor de reseda, conseguida
a fuerza de ceñir cielo y campana.

(Porque no he de salir, enfebrecida,
a retomar la pálida congoja
de, sin bandera, atravesar la vida).

Mostrar el corazón, hoja por hoja,
para no ser mirado, pues lo nuevo,
ni quién lo escuche, o ruede, o lo recoja.

A tanta soledad pido relevo.
Ser libre al fondo, al lado, en primer plano.
O recostarse donde no me atrevo.

MADRE utiliza símbolos y en vano
quiero desentrañar oscura data
de quien invita y no me da la mano.

A este idioma seguro no lo ata
ninguna indecisión, pues lanza fino
dardo de libertad. Así rescata

parte de sombra y parte de destino.
Es difícil decir algo que oprime
y no salirse un tanto del camino

de ser. El verbo clave no me exime
de estar. Estoy aquí. Punto y extremo
de ave, que me dispara y me redime.

Ave MADRE. Poder. Impulso. Remo
en esta calma, sin rizada altura
y no por no saber, ni porque temo

como algún otro, ciega investidura
llamando desde clámide remota.
Es tu HIJA en su noche “siempre oscura”.

Noche del alma que en silencio acota,
para seguir después en alta frente
ignorando desguazo y ala rota

que anotaré, mañana en nueva fuente.

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  • Ana Enriqueta Terán, Autobiografía en tercetos trabados con apoyos y descansos en don Luis de Góngora, Patricia Guzmán; pról., Caracas, Fundación Editorial El perro y la rana, 2007, 192 p.

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Sacrificio

La caparazón del sacrificio: guisar el ave entre colores

sobre diversas capas de tiempo, nombre y presencia de ríos.

Estar en casa: ropa suelta, calzado puro de los que salen,

lugar para extender lienzos libres, linos, lalailas.

Lugar donde la mujer asoma rostro y pañuelo de otro fuego

a través del santo, sus acomodos, hollines, maneras de cumplir.

Santo de palo desde lo alto del humo, negro él mismo.

Negro, mutilado y presidiendo el parto.

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Aligerarse, mandar

Suaves aromas con apoyos harto felices,

apuntalados por años y gestos a través de aligerarse, mandar;

cubrir gestos con tatuajes de calma,

porque se dice, se nombran plumajes pulidos por la interperie.

Pero están edad y despego. Este sabor de morir a trocitos.

.

ANA TERANNacida el 4 de mayo de 1918 en Valera (Trujillo). Recibió el Premio Nacional de Literatura en el año  1989, distinguida con un doctorado Honoris Causa por la Universidad de Carabobo. En la actualidad es una de las voces literarias venezolanas con mayor reconocimiento en Hispanoamérica. Ha sido traducida al inglés y estudiada en cátedras de literatura de importantes universidades como Princeton y Oxford debido a su exquisito manejo de la métrica, del lenguaje y del idioma. En 2007, el IV Festival Mundial de Poesía se realizó en homenaje a su obra.

 

http://historico.notitarde.com/portadas/ediciones/aniver/aniver2005/internacional3.html

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Ana Enriqueta Terán, Piedra de habla, Fundación Biblioteca Ayacucho. Caracas, Venezuela, 2014

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Foto: Hiroshi Watanabe

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