Tres poemas de Vicente Aleixandre

***

Manuel Libres Librodo Jr.

Las barandas

Homenaje a Julio Herrera y Reissig,
                      poeta «modernista».

UN hombre largo, enlevitado y solo
mira brillar su anillo complicado.
Su mano exangüe pende en las barandas,
manos que amaron vírgenes dormidas.

Miradle, sí. Los lagos brillan yertos.
Pero los astros, sí, ruedan sin música.
Constelaciones en la frente mueren,
mueren mintiendo su palor cansado.
Casi no alumbran unos labios fríos,
labios que amaron cajas musicales.
Pero las lunas, lunas de oro, envían
«supramundanamente» sus encantos
y hay un batir de besos gemebundos
que entre jacintos mueren como pluma.

Un fantasma azulenco no se inclina.
Fósforos lucen. Polvos fatuos, trémulos.
Suena un violín de hueso y una rosa.
Un proyecto de sombra se deshace.

Una garganta silenciosa emite
un clamor de azucenas deshojándose,
y un vals, un giro o vals toma, arrebata
esa ilusión de sábanas vacías.

Lejos un mar encerrado entre dardos
suspira o canta como un pecho oprimido,
y unos labios de seda besan, y alzan
una sonrisa pálida de sangre.

Dulces mujeres como barcas huyen.
Largos adioses suenan como llamas.
Mar encerrado, corazón o urna,
lágrima que no asumen las arenas.

Duramente el hombre vestido mira
por las barandas una lluvia mágica.
Suena una selva, un huracán, un cosmos.
Pálido lleva su mano hasta el pecho.

[1936]

***

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Noche cerrada

AH, triste, ah inmensamente triste
que en la noche oscurísima buscas ojos oscuros,
ve sólo el terciopelo de la sombra
donde resbalan leves las silenciosas aves.
Apenas si una pluma espectral rozará tu frente,
como un presagio del vacío inmediato.

Inmensamente triste tú miras la impenetrable sombra en que respiras.
Álzala con tu pecho penoso; un oleaje
de negror invencible, como columna altísima
gravita en el esclavo corazón oprimido.
Ah, cuán hermosas allá arriba en los cielos
sobre la columnaria noche arden las luces,
los libertados luceros que ligeros circulan,
mientras tú los sostienes con tu pequeño pecho,
donde un árbol de piedra nocturna te somete.

***

manuel

El río

Tú eres, ligero río,
el que miro de lejos, en ese continente que rompió con la tierra.
Desde esta inmensa llanura donde el cielo aboveda
a la frente y cerrado brilla puro, sin amor, yo diviso
aquel cielo ligero, viajador, que bogaba
sobre ti, río tranquilo que arrojabas hermosas
a las nubes en el mar, desde un seno encendido.

Desde esta lisa tierra esteparia veo la curva
de los dulces naranjos. Allí libre la palma,
el albérchigo, allí la vid madura,
allí el limonero que sorbe al sol su jugo agraz en la mañana virgen;
allí el árbol celoso que al humano rehúsa su flor, carne sólo,
magnolio dulce, que te delatas siempre por el sentido que de ti se enajena.

Allí el río corría, no azul, no verde o rosa, no amarillo, río ebrio
río que matinal atravesaste mi ciudad inocente,
cinéndola con una guirnalda temprana, para acabar desciñéndola,
dejándola desnuda y tan confusa al borde de la verde montaña,
donde siempre virginal ahora fulge, inmarchita en el eterno día.

Tú, río hermoso que luego, más liviano que nunca, entre bosques felices
corrías hacia valles no pisados por la planta del hombre.
Río que nunca fuiste suma de tristes lágrimas,
sino acaso rocío milagroso que una mano reúne.
Yo te veo gozoso todavía allá en la tierra que nunca fue del
todo separada de estos límites en que habito.

Mira a los hombres, perseguidos no por tus aves,
no por el cántico de que el humano olvidóse por siempre.
Escuchándoos estoy, pájaros imperiosos,
que exigís al desnudo una planta ligera,
desde vuestras reales ramas estremecidas,
mientras el sol melodioso templa dulce las ondas
como rubias espaldas, de ese río extasiado.

Ligeros árboles, maravillosos céspedes silenciosos,
blandos lechos tremendos en el país sin noche,
desde el poniente envían un adiós sin tristeza.

Oyendo estoy a la espuma como garganta quejarse.
Volved, sonad, guijas que al agua en lira convertís.
Cantad eternamente sin nunca hallar el mar.
Y oigan los hombres con menguada tristeza
el son divino. ¡Oh río que como luz hoy veo,
que como brazo hoy veo de amor que a mí me llama!

.

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Nace en Sevilla el 26 de abril de 1898 y fallece en Madrid el 14 de diciembre de 1984. Considerado uno de los grandes poetas españoles del siglo XX. Perteneció a la Generación del 27 y fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1977.

Los textos extraídos forman parte de la selección realizada por Pere Gimferrer en la Antología total Vicente Aleixandre, Editorial Seix Barral, S.A. España, 1975.

(Foto: Vicente Aleixandre en su casa de la calle Velintonia al recibir la noticia del Premio Nobel el 6 de octubre de 1977. Fuente: ABC)

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Foto: Manuel Libres Librodo Jr.

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