Un poema

 

Tahara7

 

Hollines de blanco

flor   oscura   nocturnal   helada

Era la soledad claridad sedienta

abierta como la piel azul de la fuente

esa carne crecida y templada.

Sobre la piedra ebria

la hierba mineral, y

el silbido a orilla.

Amatista herida espesa en el aire.

Lejos la brillantez de la hebra

la noche disuelta  entre nombres mojados.

Días como humo grasiento

elevaron las estrelladas grutas.

El año cayó con sus líneas muertas:

espejo de gavilanes donde atravesar las cruces.

Reclinado como estoy,

bajo las columnas de fuego

sé del vaho en el nido, y de las muertes tempranas.

La playa entre las piedras y la arena movediza

olas que se arriman a la delgadez de las venas;

los peces y sus manos enfundadas con el frío del mar

fértiles como un viento que llueve hijos.

Reclinado como estoy

errante          lóbrego

pasa la ligera sonrisa del padre amado

nubosa la nuca extendida hasta su nombre

denso como un lenguaje olvidado.

Aquellos pálidos cabellos

en el traspiés de la lejanía…

el tiempo más agrio

la vertiente idéntica

donde reconozco mi sombra y su luz.

© 2016 Natalia Lara

(Venezuela)

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Foto: Keiichi Tahara

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