Uno de los Salmos de Juan Manuel González

 

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Salmo de la paz herida

Amigos míos, los que están aquí, sobre la yerba del verano,
los que están muertos y ceñidos a la soledad de las piedras,
los que conozco de nombre y viven entre la nieve,
os vengo a decir que la Paz camina profundamente herida
por los campos, las estepas y los islarios del crepúsculo.

Cuando el sol venía rodando por la túnica de los montes,
por la mansedumbre del agua, por el rostros de los pastores,
la Paz se retiraba de los trigales maduros del Oriente
con su traje manchado de pólvora y saliva,
por el invierno disperso en el hombro de los fusiles,
por la voz de prostituta hambrienta de los guerreros,
por el polen de las bombas cultivadas en las nubes.

Os vengo a decir, amigos míos, y de las rubias espigas
que están llorando en las pestañas de cada mujer muerta,
de cada granja sepultada, de cada pescador sin redes,
que hemos dejado crecer demasiado este Lobo de fuego,
de melena encendida y de garras abiertas sobre el hombre
y la alegría de las flores azules de la primavera.
Vengo a reunirlos a todos, sin excepción ninguna,
al poeta de versos secos y a la niña de manos dulces,
al labriego sencillo y a la mariposa artesana,
para detener al Lobo y curar los brazos de la Paz
que están sangrando sobre la piel empolvada de Corea.

Amigos míos, los que llevan siempre una torre de luz,
de amor y de esperanza en la bandera blanca del pañuelo,
decid a los pájaros que vuelen hacia el arco iris,
porque tenemos que salir, con limpios himnos solares,
a conquistar un mundo, apacible, luminoso y bueno,
para los árboles y las bestias que aún no han crecido,
para los niños que juegan en la grama de las plazas,
para los obreros de todas las fábricas del universo,
para los venados que persiguen la aurora entre los montes.

Os vengo a decir, amigos míos, y de las golondrinas
que llevan el rumor del arroyo hacia la soledad del viento,
que tengo ganas de llorar hasta el alba,
cuando pienso que al abrir sus puertas de naranjas el día,
hay comedores y campiñas con frutas carbonizadas,
hay trajes azules que no caminarán más por las calles,
hay senos de madres jóvenes con leche amarga y sola,
hay, amigos míos, toda la inmensa amargura de nuestro tiempo,
en el piano quemado en la penumbra del estío
por manos salidas del morado corazón de las sombras.

Sabed que desde la estación más bella,
suspendida sobre la copa emplumada del campo,
alguien está derramando un mugriento vendaval de pólvora
sobre la luminosa cintura de la yerba,
sobre la carne tranquila y sosegada de los animales,
sobre la pipa de un barquero dormido entre la sal.

Aquí, en mis venas, oigo un lamento de anillo nocturno,
que recuerda la ternura de todas las novias muertas,
y siento el sollozo de los armarios que miran el perfume
escaparse del hondo rincón de los cristales abiertos.

Afuera, lejos de mi sangre, tal vez en la orilla del mar,
yo sé que también hay un niño, un espejo y una cigarra,
que están entregando el dorado surtidor de la vida
a la noche delgada de una ametralladora joven y moderna.
Por esto, amigos míos, sin excepción ninguna,
yo os convoco a derrotar el Lobo de barbas verdes
en cualquier jardín regado por la claridad de la lluvia.

Sabed todos, el campesino, el obrero y el poeta,
en esta hora definitiva de la miel y el arado,
que la Paz es una niña alegremente hermosa,
que necesita ir cantando por las calles y los bosques
nacidos de la grávida madurez de la tierra!

 

 

 

 

 

 

 

 

12509808_10208624688914475_473929066991181761_n   Juan Manuel González. Nació en Caracas, el 28 de mayo de 1924. Poeta, ensayista, articulista y docente. Licenciado en Castellano y Literatura por el Instituto Pedagógico de Caracas y Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela.  Colaboró como articulista en los diarios El Nacional, La Esfera y El Universal; como ensayista en Revista Nacional de Cultura y Cultura Universitaria. Formó parte del grupo literario Contrapunto. Con el poemario “La heredad junto al viento” obtuvo el Premio Bienal de Poesía León de Greiff en 1957 y el Premio Nacional de Literatura en 1958.

 


Juan Manuel González. Las estaciones juntas (1948-1958). BIBLIOTECA POPULAR VENEZOLANA, 80. Ediciones del Ministerio de Educación Dirección de Cultura y Bellas Artes. Caracas.

 

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Foto: Luis Brito

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