La poesía de Salvador Espriu

*

g.sanchez

 

XXXVIII

 

No conviene que digamos el nombre

de quien nos piensa más allá de nuestro miedo.

Si a tientas tropezamos

con este extraño ciego,

y nos sentimos siempre mirados

por el blanco mirar del ciego,

¿en dónde, si no es el vacío

y en la nada, tendremos que basar

nuestra vida? En la arena, intentaremos

levantar el palacio peligroso

de nuestros sueños,

y aprenderemos tal lección humilde

a lo largo del tiempo del cansancio:

sólo así somos libres de luchar

por la última victoria sobre el espanto.

Escucha, Sepharad: no pueden ser los hombres,

si no son libres.

Que sepa Sepharad que nunca podremos ser

si no somos libres.

Y que grite la voz de todo un pueblo: “Amén”.

XXXVIII

No convé que diguem el nom

del qui ens pensa enllà de la nostra por.

Si topem a les palpentes

amb aquest estrany cec

i ens sentim sempre mirats

pel blanc esguard del cec,

on sinó en el buit i en el no-res

fonamentarem la nostra vida?

Provarem d’alçar a la sorra

el palau perillós dels nostres somnis

i aprendrem aquesta lliçó humil

al llarg de tot el temps del cansament,

car sols així som lliures de combatre

per l’última victòria damunt l’esglai.

Escolta, Sepharad: els homes no poden ser

si no són lliures.

Que sàpiga Sepharad que no podrem mai ser

si no som lliures

I cridi la veu de tot el poble: “Amén”.

*

g.s.

XLVI

 

A VECES es forzoso, es necesario

que un hombre muera por un pueblo,

mas nunca todo un pueblo ha de morir

por un solo hombre:

recuerda siempre esto, Sepharad.

Haz que sean seguros los puentes del diálogo

e intenta comprender, intenta amar

las razones, las hablas diversas de tus hijos.

Que la lluvia descienda lentamente

a los sembrados, y que el aire pase

como una mano extendida y muy benigna, suave,

sobre los anchos campos.

Que Sepharad viva eternamente

en la paz, en el orden y el trabajo,

en la difícil y merecida

libertad.

XLVI

DE vegades és necessari i forçós

que un home mori per un poble,

però mai no ha de morir tot un poble

per un home sol:

recorda sempre aixó, Sepharad.

Fes que siguin segurs els ponts del diàleg

i mira de comprendre i estimar

les raons i les parles diverses dels teus fills.

Que la pluja caigui a poc a poc en els sembrats

i l’aire passi com una estesa  mà

suau i molt benigna damunt els amples camps.

Que Sepharad visqui eternament

en l’ordre i en la pau, en el treball,

en la difícil i merescuda

llibertat.

De La piel del toro

De La pell de brau

Salvador-Espriu_Arxiu-Biblioteca-Arenys-de-MarSALVADOR ESPRIU (Santa Coloma de Farnés 1913- Barcelona 1985) Narrador, dramaturgo y poeta español que escribía en lengua catalana. Publicó, entre otros, los poemarios Cementerio de Sinera (1946), Las canciones de Ariadna (1949), Las horas (1952), Mrs. Death (1952), El caminante y el muro (1952), Final del Laberinto (1955), La piel del toro (1960), Libro de Sinera (1963) y Semana Santa (1971).

Los poemas han sido traducidos al castellano por Manuel Sacristán.

Información extraída de la Revista Literaria Babel N°51, Año 2009.

 

 

 

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Foto: Gervasio Sánchez

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