Un poema

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Vienes a la hora del horno

cuando se cuecen las grasas

irrefrenables

de la muchedumbre.

 

El clamor impaciente

de un espíritu vago.

 

Acto de revelación:

la irrupción del vértigo

crecido con avidez,

mediana orfandad.

 

Mi padre muere, solo,

ahogado

en un confundido hastío.

Invierno extenuado

de sucias espinas…

 

limpias y apagadas

ahora para siempre.

Entera orfandad,

eterna para mí.

 

 

 

© Natalia Lara

(Venezuela)

 

____________________

Foto: Raimond Depardon

 

 

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