José Ramón Medina: abogado, escritor, poeta y político venezolano.

ishiuchi-miyako-1906-38

 

Texto sobre el tiempo

 

Decimos: no hay paz, no hay descanso

para estas pobres manos,

para estos pies con prisa,

para este pecho solo.

Y tú escuchas y callas.

Y tú callas, solemne, en tu grandeza.

 

Decimos: estas horas suenan a tiempo muerto,

las hojas del verano recuerdan la tristeza,

y no hay un césped nuevo

para echarnos a andar sin marchitar la carne,

sin dolernos los años sobre el cuerpo

desde tantas inútiles cadenas que nos cercan.

Y tú escuchas y callas. Y el silencio es tu reino.

 

Decimos: estos hombres son débiles, Señor,

se doblan como el junco, irremediablemente,

nuestras fuerzas decaen frente a muros intactos

y no podemos más sobre la tierra

porque un follaje umbrío nos retiene.

Y tú escuchas y callas. Y la armonía rodea tu hermosura.

 

Oh, Señor, desde tu límpida noche

mira esta noche triste en que invocamos tu nombre,

mira esta pobre carne en que moramos;

no hay sangre donde puedas posar tu pie libremente,

ni prado donde no exista el principio de la marchitez,

ni espejo donde puedas mirarte como en un pozo cristalino.

 

Líbranos, Señor, de esta cárcel tejida con tantas redes,

con tantos huesos inútiles, con tantas sangres ciegas,

porque el leño se quema en medio de la soledad

y sólo cenizas recogemos en la desolación del día.

 

Y tú escuchas y callas. Y el viento solo,

el viento de la tarde, mueve las hojas caídas,

amarillentas, del verano…

 

 

*

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Paisaje

 

De esta humedad crecida, en el fondo,

un ojo rencoroso nos mira turbiamente,

desgarrando los pliegues de la yerba y el agua,

unidas en la muerte de la tarde, en el ronco

espacio ardido de las antiguas cigarras.

 

No atrevo mi historia de varón exacto

entre los graves responsos de esta catedral silenciosa;

bajo los árboles, con su  oculto misterio, con su temblor

de ave oscura, royendo la invisible serenidad,

alguien nos llama con una voz profunda,  irrescatable.

 

(Hemos venido de la ciudad.

Somos cinco hombres. Íbamos

al mar. Nos quedamos en esta playa.

Nuestros corazones

ya habían empezado a morir.

Eran la sombra

de muchas fechas, de muchos

rostros fieles, de alguna

triste circunstancia de amor, acaso

de aquellos viejos ritos olvidados.

Y sin embargo…)

Desconozco esa ebriedad inútil de la arena,

esa seca corteza de la tierra porosa

que agarra nuestras huellas, que las hunde

en memorias de cactus, de roídos espejos

brillando en la profunda ceguedad de una pupila.

El verano, la dura garganta del verano,

sobre el corazón desierto, como la tierra, canta.)

 

Hay una mano inerte al comienzo de la sombra.

Y una boca, tristemente, besa las viejas calaveras grises.

wh_pv_szinetarvasco_obra_pr_151215_28Poeta, jurista, periodista, ensayista, profesor universitario y diplomático venezolano. Absolutamente fiel a la poesía. Perteneció al grupo Contrapunto. Autor de una extensa obra.   (Foto: Vasco Szinetar)


José Ramón Medina, Alquimia de los Espejos, Monte Ávila Editores Latinoamericana. Venezuela, 1997.

.

 

 

 

 

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Foto: Miyako Ishiuchi

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