Ida Gramcko: múltiple ramo

Ida Gramcko

(1924 – 1994)
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“Nada de lo bellamente vivido es pasado”

 

         Para dar testimonio de algo que refiere al pensamiento, sin caer en el juego de la estimación, es necesario recorrer con precisión no solo la obra literaria, sino también la experiencia de vida de una mujer con una gran energía creadora, precoz y autodidacta, como lo fue Ida Gramcko.

 

Cuentista, dramaturga, ensayista, poeta y periodista venezolana.

 

Licenciada en Filosofía por la Universidad Central de Venezuela, profesora de Literatura en la misma casa de estudios, y en el Instituto Pedagógico de Caracas; profesora de Filosofía en el Centro de Arte Gráfico. Inició su carrera periodística a la edad de los 19 años —sin ser bachiller— en Diario El Nacional, como reportera en periodismo policial y cronista. Allí hace carrera por 50 años, en la compañía del que sería su esposo, el también periodista José Domínguez Benavides. Colaboró en revistas y periódicos: Diario El Globo, Diario El Universal, Revista Élite. Fue un referente en temas culturales y científicos. Enviada por el presidente Rómulo Gallegos en el año 1948 como encargada de negocios de Venezuela en la Unión Soviética. Obtuvo distinciones importantes en narrativa, teatro y poesía.

 

Entre su obra encontramos: Umbral (1942), Cámara de cristal (1943), Contra el desnudo corazón del cielo (1944), La vara mágica (1948), Poemas (1952), Poesía y teatro (1955), María Lionza (1955), Juan sin miedo (1956), La dama y el oso (1959), Teatro (1961), Poemas de una psicótica (1964), Lo máximo murmura (1965), Sol y soledades (1966), Preciso y continuo (monografía sobre el pintor Mateo Manaure, 1967), Este canto rodado (1967), El jinete de la brisa (1967), Salmos (1968), 0 grados norte franco (1969), Magia y amor del pueblo (1970), Los estetas, los mendigos, los héroes (1970), Sonetos del origen (1972), Quehaceres, conocimientos, compañías (1973), Tonta de capirote (novela autobiográfica, 1972), Mitos simbólicos (1973), Pirulerías (1980), Mito y realidad (1980), Poética (ensayo sobre arte poética, el símbolo y la metáfora, 1983), Salto Ángel (1985), La mujer en la obra de Gallegos (1985), Historia y fabulación en «Mi delirio sobre el Chimborazo» (1987) y Treno (1993).

 

La luminosidad y la sombra —como lo expresa Gabriela Kizer en la biografía de Ida Gramcko publicada por El Nacional dentro de la Biblioteca Biográfica Venezolana— provocaron emociones y construyeron realidades en su poética. La grafía, los rasgos, sus vislumbramientos, la fuerza para plasmar mediante el lenguaje su pensamiento que se trasunta en la libertad. Toda la potestad dentro de una habitación, la savia en papeles contemplada. Sus ojos para recorrer el absoluto, visión humana jamás deslindada de la realidad, su realidad fantasiosa. Inspiración y goce para quien la descubría. Andrés Eloy Blanco le dedicó un poema intitulado Lamento y gozo del destino lírico, sabiéndola niña, capaz de expresar metáforas genuinas.

 

En Poemas de una psicótica dice:

“…pese a estar triste, pese a estar turbada

por el miedo a la duda, y si he sentido

lo total, padeciendo más callada,

si me alcé sobre el grito y su estallido

como entera confianza delicada,

si no he visto y en lo único he creído

y soy la fe más bienaventurada,

¿puedo esperar lo que yo anhelo? Pido

sabiendo que mi voz será escuchada,

como se escucha un manantial sin ruido”…

 

El ejercicio literario de una época que todavía mantenía rima, métrica y estrofas clásicas en las que fluía la autora con el poema. Lúcida en esencia , tempranamente sólida y reflexiva. En Poemas escribió:

“ Nadie escoge su olvido.

¿Para qué si la ausencia

recuerda lo que fue y el raudo nido

prosigue sin cesar en la apetencia?

¡Vuelve!, grita el amor, y lo que ha sido

es en su grito nueva transparencia.

Inmenso ser inmerso en el pedido

devuelta está tu voz, tu confidencia,

tu secreto, tu piel, tu repetido

fiel hontanar que nunca es la carencia

sino el cambio de sitio, el transferido

sitial a otro dulzor, a otra potencia”…

 

Las formas, el noble lenguaje en el substratum de nuevas perspectivas, la limpidez en su poesía femenina y musical.

 

“Cámara

de cristal

mi lágrima.

Y el mar

y alcoba pálida

mi sollozo.

Mundo de celofán”…

 

Dentro de un ambiente que resultó ser un torbellino de misterio, bajo el cuido exclusivo de un padre temeroso y protector, transcurrió su infancia; la poeta junto a su hermana Elsa, lograron tejer una red beata únicamente posible con el don del arte.

 

“…Alegre libertad dice: me llamo…

(aquí su nombre). Fructifica

antagonista plácido y cercano

como una carne mágica y melliza”…

 

Ida Gramcko forma parte importante de aquel grupo de jóvenes que se dedicaron al estudio de la filosofía y de los instrumentos de expresión, cultivando en todo el trayecto de su vida la poesía como experiencia intransferible.

 

“… A veces tengo alas. Los cabellos furtivos

se fugan entre ratos de las furias del viento,

las manos, como arañas, van tejiendo en sus giros

una red infinita de locura y ensueño”…

 La alusión al paisaje, a la naturaleza, íntima, con la infancia marcada, donde entraban todos los silencios, siempre en espera.

“…Eras el jardín, sobre los ramos,

ensueño real que aprisionara un niño

en un cesto de mimbre que su mano

agitaba por sendas y macizos.

Hoy eres como rígido del campo,

un paisaje minúsculo en un nicho.

Ataúd de cristal vela tus párpados

-oro y azul- dormidos.

Los lirios están lejos, y los pájaros

mueven el ala pura en el espacio

como en un dedo pálido un anillo. 

Y tú estás sola, inmóvil, en un marco,

como el retrato de un velero antiguo.

Alas de sol. Antenas de amaranto.

Rosa caída en aluvión marchito”…

 

Ida dio lugar a los encuentros, a la amistad, a la diversidad del arte. En una de esas tertulias, ya en el año 1956, Guillermo Sucre conoce a nuestra poeta, y la describe como “una joven floreciente pero no exuberante ni mucho menos dada a los remilgos; más bien pensativa, retraída, un tanto arisca, aunque franca y espontánea al hablar. Sólo que era un ser que irradiaba lo que ahora puedo definir con dos términos que se influyen entre sí: tenía gracia y carácter. La gracia del don creador y el carácter para cumplirlo”.

 

En Contra el desnudo corazón del cielo (1944), constantemente emocional, en contacto consigo misma, padeciendo y sintiendo, expresa:

 

“Ver la verdad intacta,

conjugarla a mi vida como un verbo,

me cuesta el corazón, me cuesta el alma,

me cuesta voz y cuerpo.

Cambio un trozo de luz por una lágrima,

trozo, a su vez, de luz, tibio lucero,

y un nuevo rictus de mi frente pálida

por el profundo pensamiento.

Me va costando todo

llegar al dios eterno.

¡Ah, yo recuerdo mi primer sollozo!

¡Su agua de amor recuerdo!

Desde que supe con divino asombro

que no me era imposible ver el cielo

todo, para ese fin, lo sentí pronto,

todo estuvo dispuesto.

Y el viaje comenzó… De mi retorno

sólo sabrán los frutos y los huesos.

¡Labios, mejillas, ojos,

los ofrendo!

Tomad mi dulce rostro.

Tomad el rostro dulce de mi ensueño.

¿Queréis el tallo de mi torso

elevando la rosa de mi seno?

¡Abridme heridas, pozo

de sangre en el silencio,

para saciar mi sed! ¡Cavad el hoyo

del resplandor, adentro!

¡Oh, lagares de insomnio!

¡Surtidores azules del desvelo!

Sólo te salvas tú, tú que estás solo,

sin mí, desde hace tiempo,

desde que soy la Dolorosa y rondo

en torno al crucifijo de mi encuentro.”

 

Entre los recursos dispuestos por la autora, está la sustitución de la y por la i. En Poemas de una psicótica (1964) el texto poético “El ángel”, correspondiente a la psicosis que padeció, nos lo muestra:

 

“Un Ángel nunca tuvo aureola. Eso es tan irreal como pensar que, cuando se ama, el amor quema sin humedecer. Porque el amor es agua y fuego. Arde la hoguera adentro y de los ojos mana un tibio manantial. Una aureola, además, es mucho más palpable que un redondel de luz. Tanto así que si el Ángel poseyó alguna vez un círculo de oro en torno a su cabeza, se la dio a un niño para que jugara. I ahora el niño lanza ante los hombres un gran aro resplandeciente”…

 

Los estados de pánico, agotamiento, depresión y delirio, llevaron a la escritora a refugiarse en un centro clínico en el año 1959. En Sol y soledades (1966) lo estrepitoso como sentencia:

 

“Y así roídos por la incertidumbre

de toda tez, conscientes del encaje,

vamos, la media sombra, media lumbre,

bebidos por unánime linaje,

pardos por la corteza y por la herrumbre,

verdes por el reptil, por el ramaje,

blancos por pan, quemados por alumbre,

rojos por la cereza y el descuaje,

patéticos de fuerza y mansedumbre

hacia la consistencia del celaje.”

 

Es importante reconocer la extensa obra de una distinguida autora venezolana, su vuelo que conmociona por las circunstancias vividas, el lirismo notorio, dolor revelado, excepcional ser humano que requirió de cuidados y, manos comprensivas. En Quehaceres, conocimientos, compañías (1973), lo que sostiene y emerge:

 

“Un poeta callado es como un bosque que pide luces para su intrincado sendero. Un poeta callado no indica desamor. En donde hay bosque, siempre hay promesa de trino.

Un poeta callado es una sed. No lo lances al agua, en vertiginosa y poco inteligente zambullida. Aproxímale el vaso de agua. Canta cerca de él.

Un poeta callado es como un ave revoloteando en el boscaje.

No lo presiones con el canto. Eso sería enjaularlo. Pero tampoco le ofrezcas muchos árboles, ramas y frutos. Eso sería llevarlo a la deriva. No lo encarceles. Pero no lo vuelvas impreciso. Poda los ramajes. Hazle olvidar los árboles. Señálale, simplemente, el nido. Y el gorjeo vendrá.”

 

Bajo un largo y profundo tratamiento, aún después de retornar al hogar, fueron arraigándose en ella características infantiles. Volvía al salitre, al olor frío del mar, a la psicosis del puerto, las emociones tempranas lejos de aquella colonia alemana arraigada en el suelo de Puerto Cabello; latente en ella la huella rígida familiar, el temor enfundado del que no logró prescindir hasta hacerse flor de luz lanzada al cansancio / a su lívida epopeya una mañana de mayo de 1994.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Abril 25 de 2017

 

 /nl

 

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Kizer Gabriela, “Ida Gramcko”, Biblioteca Biográfica Venezolana. C.A. Editora El Nacional. Caracas, Venezuela (2010)

 

 

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Foto: Archivo familia Aristeguieta Gramcko

 

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