La narrativa en María Eugenia Catoni

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Ars narrativa

 

 

Cuando me entrego a la ausencia de la nada me siento mejor equipada para actuar a tono con el universo. Desaparezco y surjo con mis relatos. Nace algo lúdico mientras asoman pedidos de mi necesidad interior. Estar vacía, olvidar la mente, olvidar el cuerpo, olvidar por qué lo hago. Queda allí la naturaleza del oficio y la esencia de hacer mi trabajo como arte.
Encontré un formato sin fin, allí puedo expresarme con recursos diferentes a mi soporte usual y utilizo materiales asequibles como una hoja en blanco con su tinta, fluido cautivador. Manan al respiro las ideas y reaparecen frases cargadas de memorias.
Fascinada por la dimensión de la palabra en verso, entré al mundo de la literatura. La poesía me brindó una perfecta transición por su ritmo y capacidad de síntesis. Al principio dudé en mostrar mis poemas y muchos archivados por años evolucionaron a imprevistas narraciones poéticas. Algunas de mis historias entrelazan el mundo de los sueños y la magia; flotan en un clímax de ficción mezclado con la cruda cotidianidad. Personajes no intuyen su existencia y añoran un pasado presente. Otros sucumben en libertad por el encierro de su ánimo espiritual.
Cuando rozo mi otro mundo, sus gritos me despiertan.

 

*

 

 

“Tric”

 

Desgarbado, torpe, lleno de morbosos y rebeldes pensamientos. Inevitables. Opresivos. Contenido en cuatro paredes las intenciones friccionan entre sí. Su imagen se refleja en un gran espejo cuadrado frente a él, y logra examinar con facilidad su rostro ajado, tembloroso, desaliñado y amargo. Escudriña cada movimiento de sus músculos faciales, mira su tez llena de surcos y protuberancias que hablan de una relación viciosa. No puede dejar de palpar en su bolsillo, ni es capaz de alejar ese soniquete maravilloso, producto del contacto de sus yemas con el lado oscuro y áspero de aquellas paredes. Tabiques desgastados de tanto uso, limpios de granos e inservibles, al punto de no producir más sacudidas. Chispazos tiranos, cómplices de su éxtasis. Vuelve a observar esos ojos que le critican de frente, saborea la tufarada piel agria y seca. Corteza que ha perdido la fortuna de lavarse orgias y festines cotidianos. Baja la mirada y sonríe al ver sus viejas botas negras, raídas de tanto zanquear el horizonte, con breñas hinchadas de dolores y aventuras. Bucaneras peregrinas de lo que hace mucho tiene sin saberlo y que, con cada gesto, lo transmite naturalmente. Hurga nuevamente el saquillo con sus dedos nudosos y marchitos. Tósigos, estropeados por el daño alucinífero. Soban continuamente con nerviosa rapidez. Escucha el tañido que paraliza su inteligencia y su cuerpo. Vencido dentro del cerco de colores blancos, negros y rojos. De pronto, en su mente se le revela un pensamiento y toma una decisión: ingrata, casi absurda para él, después de tantos años con su apego. Elimina el reventón habitual y, como una vulgar e inanimada cosa que nunca tuvo vida, ni brotes de descargas multicolores, ¡Lo lanza a la basura! Inmediatamente toma entre sus dedos un objeto cilíndrico, amarillo despojo, transparente, frío y calculador. Y en un “tric” produce un chasquido insolente que le devuelve a su rostro el brillo abrazador de “novia fiel”.

 

 

*

 

 

 

Invernadero de almas

 

Inesperadamente, una sensación de imágenes poderosas estremece el espacio. Un pájaro me mira desde su libertad y ríe. Sabe de mi mundo fantástico. Cueva de seres prehistóricos que hablan. No sufro de topofilia, estoy obligada a esto. Abismo de tiempo, floresta llena de depredadores y tú. Representas esa efímera figura en las sombras, goteando pacientemente miles de años. Conglomerado de huesos esparcidos en tu precioso y frágil lugar. Reinventas aires doblados y, sin embargo, se me perdió tu olor. Sólo quedan emanaciones de leña quemada, y todo perdió significado. Al salir veo huellas y no sé a quién pertenecen. Irracional premonición: saberme observada sin alivios sinuosos ni verdadero bálsamo. La luz nocturna enceguece y, aun así, el espíritu de mi mano sigue estas líneas, evocando invernaderos de almas y apariciones antagónicas. Nada reales.

 

 

 

 

 

 

 

MaEga

 

Nueva_imagenmaega_faunaurredMaría Eugenia Catoni (MaEga) Caicara del Orinoco. Actualmente vive en Puerto Ordaz, estado Bolívar, Venezuela. Desde hace más de 30 años desarrolla el Arte de la pintura, escultura, cerámica y manifestaciones afines. Ha participado en exposiciones nacionales e internacionales. Paralelamente incursiona en la Literatura. Ha realizado: Seminario de literatura latinoamericana: “Intertexto del Mestizaje y la Heroicidad en la literatura latinoamericana” con los escritores Denzil Romero y Carlos Brito (Icrea, Caracas). Talleres de literatura: Imagen y Creación (Alberto Hernández), poesía (Teresa Coraspe), poesía creativa (Juan Calzadilla); recibió talleres de creación poética y narrativa con el escritor y poeta Francisco Arévalo y con María Celina Núñez, Licenciada en Letras. Ha publicado sus poemas en diarios de circulación regional y nacional. Su primera publicación “Primer mordisco” de cuentos breves en forma de plaquette, fue presentada al público en Caracas por la editorial El Pez Soluble, en la Librería Kalathos, y en la ciudad de Puerto Ordaz en la librería Latina de Orinokia Mall.

 

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Las fotografías y  los textos se encuentran bajo Copyright © María Eugenia Catoni – MaEga

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