Gracias de nuevo, Letralia.

***

 

Mutilación

“¡Caramba! ¿Aquí no se aplaude?”.
Charles Baudelaire

Como en la estampa de un cuento
umbrío                         agónico
hincado en el llanto que se ve
pero no se escucha
quietamente la sombra y el vacío
triste                  desarmado
inocuo
escarbando sin ojos
las cenizas de costumbre
(tiradas bajo la mesa
con su peso imponderable y sonoro)
Estoy confundido
azaleas silvestres gritan sobre el lodazal;
y en un letargo de soplos
este tentalear repentino
en todas las direcciones de la conciencia
para lidiar con la idea
que plasmo aún oculto
Distinto a la neblina
que aspira la mutilación.

 

***

Rotos

El miedo atravesó el contorno
sin manos he vuelto a rozar la niebla


Era el eco de una flor espesa
derramada en los muros carcomidos.
¿Quién detuvo los tibios pies
s   a   n   g   r   a    n   t    e   s
vencidos en lejanía?
El rebaño medroso
había crecido con avidez
en la inútil grieta.
Juncos móviles,
delgados jardines
de mansedumbre.
La mano ferviente
a   b   a   n   d   o   n   a   d   a
en el misterio
de una hoja en ruinas
donde nadie señala.
Heme aquí sin facultad
sacudida desde las rodillas
con edad para la escucha
sin el don de la palabra
debajo de las bombardas
sudando rotos.

Desamparo

La orfandad
es una criatura encubierta
el cendal del verso su cántico
se mecen cielo e infierno
la canción de cuna es eterna.

***

 

Primero el sol de azufre…

 

Primero el sol de azufre
que rumorea el hastío


Detrás del temporal
pasa silenciado el día
y me declaro insalubre
descolorido                 tosco
aquí donde propago el débil aliento
envuelto en una roja llama
Permanezco socavado
apenas la pequeña bruma
que nace en la ventana
con desvaríos monótonos
Mas, la rotura de la tierra
anunciará los nuevos tallos
en el fondo intransitable
¡raíz y desterrada fuga!

Los hombres duermen apacibles
sombreados de azucenas
—que no regarán jamás—
y sé que me alejo
del quebrantado tumulto
con el aire dentro
flotante                    desollado.

***

Circunspección

atropéllame mudez fiel extravío
elimina apetito de palabras
sumérgeme en tu tela inclinada
sé órgano mortuorio y bocanada

transfiéreme silencios, menoscaba
la palabra volcada a la deriva.

***

 

Lo fatídico

Último hotel, último sueño,
pasajera obstinada de la ausencia.
Julio Cortázar

La alborada foránea
y su mirada pueril
entre la muchedumbre vana
d e s v a r í a.

Balbucea la piel
pupilas aciagas
p o s t e r g a d a s.

Entre mis piernas oxidadas
la palabra es un gusano
irrumpe fémur y rodillas.

Se matricula la muerte,
en el tumulto intacto
r e l i n c h a.

Lestrigones en despliegue
sombras envilecidas
acallando el pensamiento.

Atesoran calizas
de sacrílegas tumbas
anticipando los tiempos.

Prorratean consternaciones
sin sollozos, ni amparo
suben al mástil.

La indómita muerte,
cegada de tumbos
me traga.

Dormito en sus nervaduras.

***

 

La vena

Tú no hablas con Dios
la crucifixión hostiga
cuando la palabra es brote,
nota de pájaro esparcida
en las sauces del árbol más elevado.
Tú no hablas con Dios
y el fuego enciendes por las noches,
en el día los caminos a raudales se desbordan
es tu boca cotidiana el rocío, inicio y fin
de este cielo sin dioses rescatado
en tu vena de poeta.

***

 

Equidistante

“Voces sombrías,
luminosas voces,
y mi voz hecha ovillo
de silencio”.
Luisa del Valle Silva

Una sombra propaga sus tentáculos
adelgaza la envoltura de la noche
me cobija en sus dedos con firmeza
clandestina riega las piedras negras
desmenuza los ardores de las horas
me maquilla sin brazos con carbones
y con tules de aire migratorio
bordea el eco de mi voz muerta:
Oblicua ciega al aedo
Ramifica su boca los perfumes finales.

 

 

 

https://letralia.com/letras/poesialetralia/2019/05/27/poemas-de-natalia-lara-2/

 

 

 

 

R o t o s

 

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El miedo atravesó el contorno

sin manos he vuelto a rozar la niebla

Era el eco de una flor espesa

derramada en los muros carcomidos.

¿Quién detuvo los tibios pies

 s a n g r a n t e s

vencidos en lejanía?

El rebaño medroso

había crecido con avidez

en la inútil grieta.

Juncos móviles,

delgados jardines

de mansedumbre.

La mano ferviente

a b a n d o n a d a

en el misterio

de una hoja en ruinas

donde nadie señala.

Heme aquí sin facultad

sacudida desde las rodillas

con edad para la escucha

sin el don de la palabra

debajo de las bombardas

sudando rotos.

 

 

 

 

©Natalia Lara – Venezuela

 

 

 

___________________________

Arte: Monica Rohan

___________________________

 

 

 

¡Gracias, Nagari!

A media sombra

I

Lejano me sumerjo en el pantano
porque la noche con su barba cubrió la casa
y me pierdo en la húmeda penumbra
próxima a los helechos.

 

II

El comienzo de una imagen palpable
donde rozo las manos y las piernas de los otros
áspero lino el de los calvarios
sin una lámpara que sostenga luz metal.

 

III

Oigo los pasos de piedra
gente deshojada que vació sus cabezas
y sacan los gorgojos ofrendados en el trigo
y persiguen los gusanos en la harina del maíz estancado…
la leche salada y podrida dispersa con su furor de años.

 

IV

Mórbidas veredas de bambúes y silencio
adonde viene una flor espesa
viola tricolor que se perpetúa
sin abrir una sola de sus llamas:
escaso es el oxígeno.

 

V

Se apaga el brillo de los meses
la multitud parte hacia una ventana con frutas
para cubrir de olores el rostro
reservarlos en las callejuelas del estómago
y encender los días sin que avance más el hambre.

 

VI

Yo, que habito una puerta sin hora clara
debajo de la húmeda penumbra
al lado de una casa cubierta de barbas
donde me persiguen con pasos de piedra
entre el amarillo de una espada que cae
retorno alucinado y salvaje
cual viola tricolor: a media sombra.

 

 

Poema XI

Por los arenales de tierra rojiza
lejos de la lumbre del río
el paraje con flores enterradas,
tiros de gracia en lo cóncavo del hombre.

He aquí el carbón que sobrepasa la noche
mendigos desaparecieron lentamente
pasos que engendraron peligrosos yuyos
extrañamente amarrados, uno al otro.

La ruta dentellada y angosta
apagado el pulso frente a una puerta inútil.
¿Qué pasará en las espaldas donde el mar desfallece,
encallada bruma silenciosa?

No hay luz que arrime un racimo de frutas
ni tulipanes que se abran en el cráneo:
en vano arrastrarás la apagada antorcha.

Escúchame.
En las huestes las panteras llevan despojadas sus pesadas manos
apenas un sorbo de dilatada nieve en lo desértico
y comenzará la huida.

Con el negro inenarrable del tiempo fugaz y melancólico
podrás anclarte en la blanda arena rojiza
(no habrá lugar donde el félido pueda esconder su hocico).

Más allá del relámpago y los despojos,
del día donde desahuciado sollozas,
de la espera que lleva a enterrar los ardores de las horas,

respira.

respira

respira.

 

 

Azotas tu garganta…

Azotas tu garganta
para no parir palabra
en el forjado humo…

Mayor te has hecho
bajo el polvo del futuro:
e…s….q…u…e…l…e…t…o………

.s…e…..m…..b…..r….a…..d….o

Atrás
los gases lacrimógenos
las rojas espadas
el tanque y el fuego

Si dormir en el lecho
de un desierto sin nombre
¿qué voz se escucharía?

Conduces hasta ti
retardando a la niebla
¡cuán larga es la hora del horno!

La retama florece
en un campo baldío…

Seguirás
total ausencia
d…e…v…o…r…a…d…a

Buscas a tu fantasma

…………………….en ti anida.

© All rights reserved Natalia Lara

 

 

Natalia Lara Escritora venezolana (1978). Reside en Puerto Ordaz, Bolívar. Formó parte del grupo literario El Círculo Impreciso (2011). Cursó talleres auspiciados por la Sala de Arte Sidor, a cargo del poeta guayanés Francisco Arévalo. Ha publicado sus escritos en diarios de circulación regional del estado Bolívar y en otros, tales como El Venezolano y El Periodiquito (Maracay, Aragua). Ha participado en diversas lecturas poéticas. Gracias a Néstor Rojas y Francisco Arévalo, al apoyo de Fundaletra y la Sala de Arte Sidor, realizó el Diplomado de Poesía Venezolana Siglo XX (2017). Forma parte de los autores del libro Exilios y otros desarraigos (2018).

 

 

Un poema

 

Indonesia

 

M u t i l a c i ó n

 

 

Como en la estampa de un cuento

umbrío agónico

hincado en el llanto que se ve

pero no se escucha

quietamente la sombra y el vacío

triste                desarmado

inocuo

escarbando sin ojos

las cenizas de costumbre

(tiradas bajo la mesa

con su peso imponderable y sonoro)

Estoy confundido

azaleas silvestres gritan sobre el lodazal;

y en un letargo de soplos

este tentalear repentino

en todas las direcciones de la conciencia

para lidiar con la idea

que plasmo aun oculto

Distinto a la neblina

que aspira la mutilación.

 

 

 

 

 

©Natalia Lara – Venezuela

 

 

_________________________

Foto: James Nachtwey

________________________

Gracias, Revista Letralia Tierra de Letras.

Sólo oírme

A. Pizarnik. In memoriam
Ved, esta claridad secreta
en la que se contempla todo lo que desea.

Jean de Ruysbroeck

Delira la sangre y el aliento de carbón
[enronquecido
gotea la obscurecida luz del día,
su marca púrpura anida en los párpados.

Sofocan los arenales negros
ofrendados por las sombras
de un sol ambiguo
[que hiela mis manos.

Te lo he repetido tantas veces
[Alejandra
quimérico ocultar el miedo en el lenguaje1
cuando las espuelas vociferan

A C E C H A N D O

al muro que me redime.

Óxido rebosante en los costados,
ruedan mis dientes laberínticos
en la grieta prolongada del espejo.

Ansío el jardín blanco,
la noche en llamas puliendo mis sienes,
cerrar la fisura del ojo abierto en mi cabeza,
volver a develarle el rostro
al silencio.


 

Es más grata la sombra y el lucero es más puro.
Una luz imprecisa los espacios colora.
Víctor Hugo

Estoy en mi morada contenida
inhalo la flema ennegrecida arrodillada
una estela serpenteante se corona,
bebo el agua de tu Euphorbia milii.

Y un lago salobre acrecienta mis párpados.
Y un lago salobre se hace fuego inquietante.

Se diluye mi nombre en la savia
[de tu cintura
d e s o l a d a
Hijo del mar y la noche.

Y una espada dulce franquea las palabras.
Y un jadeo silencioso enciende nuestras sombras.

Prosternado ante el grito de mis dedos mudos
los devoras con el rumor de tus labios

como un perro.

Hacedor de mis trozos delirantes.
Hijo del mar y la noche.


 

Conoce a los que en él confían,
y los salva de las aguas embravecidas.
Mas extermina a los que se alzan contra él.

Na

La perplejidad del vértigo,
permanente,
como la geografía ajena
El silencio inclina
los remansos ojos,
negros,
como un alpes muerto
después de la llama
Abstienes el resplandor
de la palabra
su fuerza te perturba
conoces el error.

 


 

Antes que la medianoche cayera
habría querido borrarte
corresponder a los pálidos balbuceos
aniquilar el trozo de realidad
mudarla desde adentro.
No se puede esconder el charco
donde mis manos sumisas se quebraron.
Pequeñas y cosidas manos
desfiguradas y huidizas
sin color para palpar la soledad
sin fuerza para encender el farol.
Repetida fuga
entre las cuerdas de un camino denso
con las moradas sombras encorvadas
ausente de regresos borrosamente sonoros…
No se puede esconder el charco
donde mis manos sumisas irrecuperables se hunden

en alta noche sin luz.


 

Tránsitos

Un arremolinar de mariposas amasadas por su aliento
relámpago arrugado en los cristales
espíritu quebrado en el surco cenizo
agolpado en los maizales de fuego.

Siembra de amarguras resbalando las botas
dolor humoso en los ojos de polvo
clandestino avanza la tierra amarillenta,
disuelve la elipsis sus pasos en sitios excluidos.

Él no pregunta adónde lo llevan.
Se derrite el sueño en aguas quemadas
tal vez por vetustas mieles escurridas
—tiempos inmemoriales de luces mansas—

r…e….m….e….m….b….r…..a….n…..z…..a

Inequívoco sol cegando hoy la roca.

El pobre hombre traslación
y el sabor agrio del humus en sus manos
osando revivir el aroma perdido.
En una vía desfallecida la ausencia a cuestas
su nombre dormido en el pico del albatros.
Una espuma de mar agónica devorará su pecho.

Letralia en Telegram

Natalia LaraNatalia Lara. Escritora venezolana (1978). Reside en Puerto Ordaz, Bolívar. Formó parte del grupo literario El Círculo Impreciso (2011). Cursó talleres auspiciados por la Sala de Arte Sidor, a cargo del poeta guayanés Francisco Arévalo. Ha publicado sus escritos en diarios de circulación regional del estado Bolívar y en otros, tales como El Venezolano y El Periodiquito (Maracay, Aragua). Ha participado en diversas lecturas poéticas. Gracias a Néstor Rojas y Francisco Arévalo, al apoyo de Fundaletra y la Sala de Arte Sidor, realizó el Diplomado de Poesía Venezolana Siglo XX (2017).

Sus textos publicados antes de 2015
285 • 290 • 296

¡Gracias, Monolito- México!

 

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A media sombra

I

Lejano me sumerjo en el pantano
porque la noche con su barba cubrió la casa
y me pierdo en la húmeda penumbra
próxima a los helechos.

II

El comienzo de una imagen palpable
donde rozo las manos y las piernas de los otros
áspero lino el de los calvarios
sin una lámpara que sostenga luz metal.

III

Oigo los pasos de piedra
gente deshojada que vació sus cabezas
y sacan los gorgojos ofrendados en el trigo
y persiguen los gusanos en la harina del maíz estancado…
la leche salada y podrida dispersa con su furor de años.

IV

Mórbidas veredas de bambúes y silencio
adonde viene una flor espesa
viola tricolor que se perpetúa
sin abrir una sola de sus llamas:
escaso es el oxígeno.

V

Se apaga el brillo de los meses
la multitud parte hacia una ventana con frutas
para cubrir de olores el rostro
reservarlos en las callejuelas del estómago
y encender los días sin que avance más el hambre.

VI

Yo, que habito una puerta sin hora clara
debajo de la húmeda penumbra
al lado de una casa cubierta de barbas
donde me persiguen con pasos de piedra
entre el amarillo de una espada que cae
retorno alucinado y salvaje
cual viola tricolor: a media sombra.

 

 

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Un afortunado náufrago: Tomás Alfaro Calatrava

 

 

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                                          I

 

La muerte es una sombra que acogota mis párpados

y mueve mis entrañas con sus dedos de frío.

La muerte es una sombra que rasga mis ventanas

y agiganta sus pasos hacia los pasos míos.

 

La muerte es una sombra que rompe sus violines

para poner sus notas en mis manos inciertas,

y apresar mis sentidos, y apretar mi garganta,

y cubrirme de sombras fantasmales, inquietas.

 

La muerte es una pena de alfileres agudos

que traspasa mis huesos y desgarra mis carnes.

La muerte es una torre que olfatea mi destino.

La muerte es una sombra dormida en mis umbrales.

 

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                                    7

 

Tu recuerdo es como una cancioncilla lejana,

como la voz metálica del viejo campanario,

como la voz doliente de los niños sangrantes.

 

Tu recuerdo es un faro de misterios…

 

Tu recuerdo es la tarde modulada de cocuyos transparentes,

de frías voces insomnes, de margaritas pálidas.

 

Tu recuerdo es como una voz de la madrugada

rasgando los cristales de mi sueño.

 

 

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                 VII

 

 

Humo por haberte amado,

hiel por haberte perdido,

ruido de sangre a mi oído

por no saberte perder.

Ay, si mi muerte moliera

estos huesos sulfurados

de calcios apresurados,

como leños para arder.

 

 

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                   XX 

 

Dame tu forma, oh mundo,

de vil sierpe huracanada,

de manzana envenenada,

de lujurioso Caín.

Ay, si mi muerte supiera

desta sangre inmemorial

que puede, de celestial,

transformarse en la más ruin.

 

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              XXXI

 

Somos caídos y sabios

y por sabios más caídos

y por ángeles reñidos

y carceleros de Dios.

Ay, si mi muerte pudiera

en el orbe perseguirme,

o si querer derretirme

en el troquel del adiós.

 

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                    XLIV

 

Enterraré en un mar muerto

estas áncoras saladas,

estas velas desveladas

en la vigilia del mar.

Ay, si mi muerte bajando

mil atlánticos subiendo

y estos mastines lamiendo

mi naufragio en alta mar.

 

 

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***

 

Tomás-Alfaro-CalatravaTomás Alfaro Calatrava. Venezolano (El Chaparro, 1922- Barcelona, 1953). Perteneció a la Generación del 40 y a los llamados “Poetas Universitarios”. Fue coautor, junto a Luis Pastori, de la letra del Himno de la Universidad Central de Venezuela. Obra poética: Afortunado náufrago (1942); Octavillas de la vigilia y la melancolía (1945); Décimas de amor y de muerte (1954); Poemas (1963).

 

 

 

 

_______________________________________________

Fotografía: Hiroshi Sugimoto

Un poema

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“Oh, carruaje misterioso,
conducido por caballos
de fragante sombra.”
Juan M. González

A B D U C T I O N

Había una noche alta
en la que pugnaban párpados
y resollabas averiado
cuando te amurallaban sombras.

El sudor nervioso
a tus ornamentos benévolos
[trepaba
sobre tu Tierra sombría
se sumergían los huesos
[a contraluz.

Y sin darte cuenta
del fuego que cuece
irreversible pulverizaba
tus arabescos delirios.

Tragándose tu pecho
y el universo de tu sexo
cuando la aurora anunciaba
tus trozos húmedos de muerte,

cerrando los maltrechos ojos.

***

©Natalia Lara – Venezuela
http://www.redescritoresespa.com/L/lara.htm

 

 

 

 

 

 

 

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Fotografía: George Georgiou

 

 

 

 

«Esperanza»

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El alma es un embrión
que esquiva los cuchillos
sin temor a la espina
se enreda en montañas
yace íntegra
y riega
la espera incesante
del beso y su desatino.

 

© Natalia Lara – Venezuela

________________________________________________________

Pintura: La obertura de Tannhäuser por el pintor Paul Cézanne

 

 

«Estación desgranada…»

 

 

 

LA EXCLUSA

Estación desgranada
luz en el instante
perfecta esfera
donde mi boca se tumba
y triunfa en la tuya
sonántica homilía
clavada en la ribera
a contratiempo
se rompe el sueño
y se adentra la verdad

 

 

en mis filamentos

a l e t e a s.

 

 

 

 

© Natalia Lara – Venezuela